Crisis nuclear japonesa y un nuevo escenario energético (Página Siete, Bolívia, 28/04/2011)
Nivalde J. de Castro - La dimensión y las consecuencias del accidente en la planta nuclear de Fukushima sobre el medio ambiente, actividades económicas y sociedad japonesa aún no son conocidas. Sin embargo, ya es posible deducir que la crisis nuclear definirá nuevos parámetros en el escenario energético mundial como un todo, en especial para los países más desarrollados y emergentes con mayor desarrollo económico.
Con foco en el sector eléctrico, los impactos sobre la política y la planificación son y serán directos, imponiendo una revisión de las acciones y estrategias, y definiendo nuevos escenarios a mediano y largo plazo.
Japón sufrió una reducción drástica de la producción de energía eléctrica de origen nuclear que deberá acentuarse, lo que creó un vacío en el deck de la oferta de energía . Este quiebre de la oferta aliada a problemas en algunas centrales térmicas o en la logística de combustibles obligó a la adopción de restricciones al consumo de la energía eléctrica que deberán acentuarse y perdurar por un tiempo considerable.
En Europa, Alemania también experimentó problemas, pues el cierre abrupto de siete antiguas centrales nucleares elevó los precios de la electricidad en el mercado spot entre 17 y 25%.
El reequilibrio entre la oferta y la demanda de energía eléctrica en Japón se dará a través de un mayor uso del carbón y del gas natural. Esta alternativa impactará directamente en tarifas más elevadas y provocará más polución. En realidad, estas dos resultantes son las únicas certidumbres derivadas, a corto y mediano plazo, de la crisis nuclear para el sector eléctrico japonés, que deben también ocurrir en otros países.
En lo que se refiere a la planificación a largo plazo, habrá necesariamente que hacer una revisión de las metas relativas a la expansión y composición de la matriz eléctrica en los países donde la energía nuclear es fuente importante o donde había planes de expansión.
El desafío central y estratégico es determinar cuáles fuentes de energía deberán y podrán ser priorizadas como sustitutas de la energía nuclear. En el caso de Japón y de Chile -país sujeto a movimientos sísmicos, que no dispone de generación nuclear, pero que trabajaba con esa posibilidad para 2020- los planes de construcción de nuevas centrales nucleares dejaron el escenario energético. Para otros países desarrollados y emergentes, en mayor y menor grado, las inversiones en centrales nucleares deben ser reevaluadas y, como mínimo, postergadas. De cualquier forma, la postergación de decisiones de inversión será seguramente acompañada de la imposición de nuevas y más rígidas normas de seguridad que resultarán en costos más elevados para el MW/h nuclear.
El desafío de expandir la oferta de energía eléctrica para atender el incremento de la demanda, mitigando al mismo tiempo los impactos climáticos, se tornará cada vez más difícil.
Merece ser señalado el hecho de que la energía nuclear viene siendo apuntada, desde 2003, como una alternativa energética relevante para los países desarrollados, pues contribuye al combate del calentamiento global en la medida en que no emite gases de efecto invernadero.
Súmase a este complejo conjunto de problemas el hecho de que la generación nuclear era una de las apuestas a garantizar mayor seguridad (nacional) de suministro y disminución de la exposición en relación a la volatilidad del precio del petróleo y a la importación de combustible s fósiles.
De esta forma, puede preverse que la compatibilización entre la seguridad del suministro y la sostenibilidad ambiental en el sector eléctrico quedó comprometida con la crisis nuclear del Japón. La búsqueda de soluciones para esta nueva ecuación energética exigirá inversiones expresivas en fuentes no renovables y renovables de generación de electricidad.
En el caso de las fuentes renovables, además de presentar mayores costos de inversión por MW, son fuentes, como es el caso típico de la energía eólica, que se caracterizan por ser intermitentes, exigiendo sistemas de respaldo, que cargan aún más, aunque de forma indirecta, el costo final de la energía.
Debe señalarse, sobre todo, que no parece consistente la hipótesis de que las fuentes renovables de energía , por si sólo, serán capaces de atender la creciente demanda mundial de energía eléctrica.
Una suposición más sólida es que aún en un escenario de inversiones crecientes en energía s renovables serán también canalizadas inversiones para plantas de generación a base de gas natural y carbón.
En el caso del carbón, debe ser incentivada la adopción de sistemas locales más eficientes en el control de elementos que contribuyan a la polución, así como mecanismos de captura y secuestro de carbono.
La generación a partir del carbón y del gas natural presenta una característica técnica importante: el hecho de ser fuentes controlables. La desventaja, específicamente en el caso del gas natural indexado a los precios internacionales, es que mantiene dependencia energética y la exposición a la volatilidad del precio del petróleo. De cualquier forma, innovaciones tecnológicas que permitan aminorar las emisiones de la generación a partir del carbón deben representar aumento en el costo de la energía eléctrica hasta que las economías de escala consigan reducir los costes.
En esos términos, se puede concluir que el accidente en la planta nuclear de Fukushima determinó un cambio importante en el escenario energético global, en especial para los países desarrollados y emergentes económicamente más significativos y que tienen o planean desarrollar/expandir la industria nuclear. Un proceso de aumento de los costos finales de la energía eléctrica iniciado súbitamente, con tendencia a un comportamiento ascendente, nítidamente superior a lo que se estimaba antes del terremoto y del tsunami en el Japón.
Otra resultante es que con la reducción y postergación de las inversiones en energía nuclear se hará más difícil garantizar la seguridad energética y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del sector eléctrico.
Con esto, políticas más agresivas de fomento a la innovación tecnológica serán adoptadas, representando costos más altos a corto y mediano plazo. Finalmente se destaca que en el frente de las negociaciones ambientales, avances y victorias en los acuerdos internacionales, como, por ejemplo, el Protocolo de Kioto, serán más lentos, duros y difíciles de concretar.
Nivalde J. de Castro es coordinador del Grupo de estudios del sector eléctrico (GESEL) de la Universidad Federal de Río de Janeiro; Guilherme Dantas y Roberto Brandão son investigadores del GESEL-UFRJ.
