El diplomático brasileño Celso Amorim se convirtió en un canciller de influencia planetaria con el respaldo del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, y en ocho años al frente de la diplomacia de Brasil posicionó al país como protagonista de los principales foros mundiales.

 

Lula suele referirse a Amorim como "el mejor canciller del mundo", una calificación que le acordó la prestigiosa revista Foreign Policy a fines de 2009, la misma publicación que este año lo nombró uno de los 100 "pensadores globales" por transformar a Brasil en un "protagonista global".

 

Desde su ministerio, donde atesora en su despacho un viejo mapamundi invertido en el que el hemisferio sur está arriba y el norte está abajo, impulsó el sueño brasileño de obtener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU junto a Estados Unidos, Francia, China, Rusia y Gran Bretaña.

 

Promovió la Ronda de Doha de liberalización comercial, una de sus grandes frustraciones -según confiesa-, por el estancamiento en el que se sumió el proceso.

 

También ayudó a consolidar el grupo BRIC junto a Rusia, India y China.

 

Pero su mayor éxito fue la institucionalización del G20 de naciones desarrolladas y emergentes, que estratégicamente impulsó como forma de consolidar una gobernanza global que reflejara de forma más adecuada el actual equilibrio de poderes.

 

En noviembre de 2008 y en pleno apogeo de la crisis financiera, por primera vez los líderes del G8 de potencias industrializadas se reunían, en la capital estadounidense, con sus pares de naciones emergentes para intentar detener la debacle.

 

En un hotel de Washington, dos cancilleres negociaban la declaración final de la cumbre del ahora conocido como G20: uno era el británico David Milliband y el otro, liderando a los países emergentes, Amorim.

 

La reunión, que el brasileño impulsó con fervor, estableció el G20 como un foro permanente de diálogo con las naciones más poderosas del planeta.

 

Diplomático de carrera, Amorim representó a Brasil ante varias instancias internacionales a las que luego dedicó especial atención al frente de la diplomacia brasileña.

 

Fue representante permanente ante la ONU y la Organización Mundial de Comercio en Ginebra (1999-2001); representante permanente ante la ONU en Nueva York (1995-1999); y ante la OEA en Washington (1973-1974), entre otros.

 

En 2003 volvió al ministerio que había ocupado brevemente a mediados de los 90 y se sumó al gabinete de Lula como canciller. Será el único de sus ministros que lo habrá acompañado hasta el final de su mandato el primero de enero.

 

"Amorim fue muy bueno, muy superior que en otras áreas, cuando se trató de foros internacionales como la OMC, la ONU o el G20", analizó en entrevista con la AFP el profesor en Relaciones Internacionales Ricardo Texeira, de la Escuela de Guerra Naval, en Rio de Janeiro.

 

Su mejor plano de actuación fue en "cuestiones colectivas"; en cambio "en la conducción de las relaciones bilaterales no fue tan bueno", dijo, recordando un acuerdo nuclear negociado con Irán y Turquía que fue recibido fríamente por las grandes potencias, o la protección que la embajada brasileña dio al depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya, muy criticada en el Congreso brasileño.

 

Para Michael Shifter, presidente del centro de análisis Diálogo Interamericano de Washington, "Amorim se ha enfocado más en mejorar el papel y la influencia de Brasil internacionalmente, mientras dedicó menos energía a los temas latinoamericanos".

 

Independientemente de los resultados de algunas propuestas brasileñas -como una oferta de mediación rechazada por palestinos e israelíes- "Amorim también tuvo éxito en involucrar a Brasil en Medio Oriente y expandir su presencia en África".

 

En el debe de este diplomático de 68 años, nacido en Sao Paulo en 1942: las relaciones con Estados Unidos, destaca Shifter.

 

"Fue menos exitoso en profundizar las relaciones con Estados Unidos, particularmente en los primeros dos años de la administración (de Barack) Obama", sobre todo, según este experto, por "diferencias sobre el programa nuclear iraní".

 

Amorim es casado y padre de cuatro hijos.

 

Su sucesor será el actual vicecanciller y ex embajador en Washington, Antonio Patriota.

 

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