Artigo "La envidia y la esperanza" (jornal Reforma, México, 09/12/09)

Juan E. Pardinas

"A este país sólo le interesa el sexo y el futbol. Así, Brasil jamás podrá salir adelante". Hace 16 años escuché este diagnóstico sobre los felices obstáculos que tenía el gigante sudamericano para llegar a la prosperidad. Era 1993 y a pesar de sus gozosas obsesiones nacionales, Brasil era un país sin esperanza. Ese año la hiperinflación llegó al 2500 por ciento. En los supermercados, los precios se apuntaban con gis en un pizarrón gigante a la salida de las cajas. Una persona tenía el trabajo permanente de actualizar los números del pizarrón a la velocidad de la inflación. Un litro de leche podía subir de precio mientras se hacía la fila para pagar la cuenta del súper. Un año antes, en 1992, la democracia brasileña padeció un estruendoso terremoto constitucional. El playboy-presidente Fernando Collor de Mello tuvo que dejar su cargo en medio de fundadas acusaciones de malversación de fondos públicos. Los escándalos de corrupción política se sucedían sin pausa, ante el asco y el desencanto de los brasileños. En aquellos tiempos, la violencia en Río de Janeiro tenía un giro espeluznante. Los escuadrones de la muerte asesinaban a niños en situación de calle, que vivían de pedir dinero a los turistas.

Mientras Brasil se sumía en una profunda crisis, México se vendía como el mejor mercado emergente del planeta. Carlos Salinas de Gortari, un presidente modernizador, estaba en plena negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Para nosotros el porvenir era una promesa dulce, para ellos una nube negra. Hoy, nuestros respectivos futuros nacionales ya no son lo que eran antes.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir a una reunión en Washington DC, sobre instituciones dedicadas al estudio y promoción de la competitividad. Durante un receso, me acerqué a platicar con un grupo de personas donde estaban mis colegas de Brasil y Estados Unidos. Asistí como testigo a una conversación que fluyó más o menos así: El economista gringo dirigiéndose a su par brasileño: "Nos vamos a ver pronto, para la cumbre de energías renovables donde Lula y Obama firmarán los acuerdos de transferencia de tecnología. En Estados Unidos tenemos mucho que aprender de la eficiencia de Petrobras para producir combustibles con materias primas agrícolas... Me dio mucho gusto saber que Embraer (empresa fabricante de aviones brasileña) le venderá aviones a Jet Blue (línea aérea de bajo costo en Estados Unidos), ya era hora que alguien le hiciera la competencia a Boeing y Airbus... Por favor, cuéntanos la historia de que Brasil le prestó dinero al Fondo Monetario Internacional".

El colega brasileño, tenía una sonrisa de oreja a oreja cuando dio su respuesta: "En junio, Brasil se comprometió a comprar 10 mil millones de dólares del FMI, lo cual lo transforma de deudor en acreedor del Fondo". Hace unos años, cuando era líder de la oposición, Luiz Inácio Lula da Silva le dedicaba discursos furiosos y críticas vehementes al FMI, hoy como presidente de Brasil le presta dinero. Cuando la conversación giró hacia México, las preguntas fueron sobre la epidemia de influenza y la guerra contra el narco.

¿Qué hicieron ellos que no podemos lograr nosotros? Sus políticos tienen una fama de corrupción igual o peor que los nuestros. De acuerdo a mediciones de la OCDE, los niños brasileños tienen un desempeño inferior en pruebas de matemáticas que sus pares mexicanos. Sin embargo, en sólo tres lustros, la democracia brasileña logró poner los cimientos de la transformación económica. Gobernados por el pragmatismo, los brasileños dejaron a un lado ortodoxias de izquierda y derecha. Permitieron el capital privado en la industria petrolera, pero la inversión del gobierno se aprovechó para impulsar varios sectores de la economía. Los prejuicios ideológicos dejaron de ser un obstáculo para el crecimiento. El éxito de Brasil es un motivo de envidia. Sin embargo, sus logros nos dan la esperanza de que la historia no es destino y el futuro no es una repetición mecánica del presente.

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