Artigo Brasil: Grande, más grande (Revista Capital, Chile, 22/8 a 04/9/2008)

O texto abaixo reproduzido encontra-se disponível no seguinte link: http://www.revistacapital.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=2453&Itemid=56

1. Brasil emerge

Ni la crisis mundial ni la escalada inflacionaria han logrado detener el despegue de este país. Los ojos del mundo siguen puestos en su economía y nada logra aplacar sus ansias por el desarrollo. En un recorrido por algunas de sus principales ciudades -Río de Janeiro, Sao Paulo, Brasilia y Salvador de Bahía, Capital captó el sentir de una población de 190 millones de habitantes que está con hambre de crecimiento y con los bolsillos cada vez más llenos.

Yo no quiero quitarle el whisky al que lo toma; quiero darle al que no toma”. Corría el año 2003 y así sintetizaba su objetivo de gobierno el entonces electo mandatario Luiz Inácio Lula da Silva. Tras tres intentos fallidos por llegar a la presidencia, la figura de Lula era recibida con recelo por los mercados financieros, que temían por el futuro de las reformas económicas iniciadas por su antecesor, Fernando Enrique Cardoso.

Cinco años al mando del país más grande de América latina... y el sentimiento de la comunidad internacional ha cambiado drásticamente. Lula –con el respaldo de buena parte del país– se la jugó por las modernizaciones, las cuentas fiscales ordenadas, una inflación controlada y el crecimiento económico. A ello sumó una política de reformas sociales que ha colaborado para que más de 20 millones de brasileros superen la línea de pobreza en la última década y que sobre 10 millones consigan escalar socialmente.

Por cierto que se trata de un esfuerzo en equipo y que aún tiene desafíos importantes por delante, pero a la fecha Lula –en buena medida– personifica esta transformación de Brasil, la misma que –según Goldman Sachs– permitirá a la nación posicionarse en el cuarto lugar del ranking de mayores economías mundiales en 2050 (sólo por debajo de India, Estados Unidos y China) e integrar el upper middle income group, junto a México, Italia, Turquía y la misma China.

La evolución del país se comprueba en las cifras (casi un 5% de crecimiento estimado por el FMI para este año), en las perspectivas de los analistas (que destacan a Brasil como integrante del poderoso BRIC, el conjunto de economías emergentes que podría liderar el crecimiento mundial en el mediano plazo, junto a Rusia, India y China), y –más cercanamente– en las calles de sus principales ciudades y en el sentir de su población. Capital comprobó in situ que todo lo que cuentan de Brasil es apenas una mínima parte de lo que realmente ahí están viviendo. En un intenso recorrido por Sao Paulo, Río de Janeiro, Salvador de Bahía y Brasilia, palpamos un dinamismo inusitado, propio de urbes pujantes, con grúas, construcciones, un renovado parque automotor y auge comercial. Todo, favorecido por ese ánimo que caracteriza al pueblo brasilero.

Tudo é maravilhoso


“Ahora ya no pensamos que el que nace pobre, debe morir pobre”, cuenta José Ribeiro, uno de los tantos taxistas que inundan la cosmopolita ciudad de Sao Paulo. Pero como buen latinoamericano, saben lo suficiente sobre crisis como para mantener cierta cautela.

Muchos coinciden en que para seguir creciendo es fundamental la estabilidad económica, y algunos comienzan a cuestionar la continuidad de los programas sociales que ha impulsado este gobierno, y que en parte han sido responsables de la disminución de la pobreza y del dinamismo del consumo. “Los programas sociales no pueden seguir para siempre, no se puede subsidiar toda la vida a los más desprotegidos; creo que hay que cambiar esa visión, hay que fomentar el empleo”. El diagnóstico no proviene de un economista, sino de Josina Vieira, vendedora de una tienda comercial en el centro de Río de Janeiro.

Y es que los análisis económicos no son ajenos al común de las personas, cada día más preocupadas de si el país será capaz de crecer al 5% o del impacto de las medidas que adopten el Banco Central o Hacienda para frenar la inflación, un factor que vuelve a preocupar y que por años fue el cáncer de la economía brasilera (por ejemplo, entre 1980 y 1987 alcanzó al 166%). La “macro” importa y no sólo por el efecto que pueda tener en el desarrollo económico, sino por el impacto directo en el bolsillo de los millones de inversionistas individuales que se han volcado al mercado bursátil. “A mí me interesa lo que pasa en el país y si el gobierno se preocupa por mantener el crecimiento. De eso también depende que mi dinero en acciones siga creciendo o no”, afirma Marcel de Almeida, un estudiante universitario de 20 años que gestiona sus dineros en bolsa y participa de un club virtual de inversiones.

Pero no todo está solucionado. Los ítems pendientes de este gigante no son pocos, como la corrupción (que ha complicado a cercanos colaboradores de Lula), la pobreza (más de un tercio de su población está en esa condición), la delincuencia y el excesivo centralismo.

El mundo en sus manos

Con un PIB per cápita estimado por el FMI en casi 12.900 dólares al 2013 y una población que superaría los 200 millones de personas, queda claro que los especialistas prevén que Brasil es y será capaz de enfrentar esas deudas. A ojos de los inversionistas internacionales, algo está pasando: los bancos no paran de hablar de su economía, derramando optimismo y entusiasmo en todo el mundo. Goldman Sachs fue de los primeros en apostar por este país hace cuatro años, cuando pronosticó que su economía podría convertirse en una de las líderes mundiales hacia 2050, en conjunto con el resto de las BRIC.

Al primer trimestre de este año, Morgan Stanley lo calificó como el mercado emergente más grande del mundo, superando a Corea, Rusia e India, debido a la constante alza de las acciones brasileñas combinadas con las caídas registrada en los mercados asiáticos.

Analistas señalan que esta calificación, sumada a las ratificaciones de investment grade que ha recibido en los últimos meses, lo posicionarían como un buen ejemplo de la tesis del desacople, esa que explica que la gran demanda de materias primas en el mundo en desarrollo permitirá crecer a los mercados emergentesaunque haya recesión en Estados Unidos; algo así como correr con vuelo propio.

Tal como señala el ministro de Desarrollo y Comercio Exterior de Brasil, Miguel Jorge, Brasil ha sido uno de los más favorecidos del alza del mercado de commodities. Cómo no, si este país es el mayor exportador planetario de carnes, a lo que se suma el anuncio de una producción record este año en el rubro ganadero y en la agricultura de cereales.

La carrera por ser parte de esta bonanza atrae a inversionistas de todo el mundo. Varios de los mayores bancos de inversión empezaron a ofrecer fondos BRIC con gran éxito. Algunos de los más conocidos son los de Franklin Templeton Investements, HSBC Asset Management, Deutsche Asset Management, Schroders Investment Management y el japonés Nikko Asset Management. Todos ellos, alentados por los altísimos rendimientos que estos fondos han tenido (sobre 1.000%). Y en Chile, la última novedad son los fondos mutuos que ofrecen instrumentos focalizados en el mercado brasilero.

La eventual caída de las materias primas tampoco quita el sueño a los brasileños. El embajador en Chile, Mario Vilalba, sostiene que miran al mundo con otros ojos. “Ya no queremos tener más la tradicional relación norte-sur; es decir, yo te mando commodities y tú, productos elaborados. Ahora queremos cambiar esa relación y ya con países de Asia, como China, el intercambio incluye también tecnología, aeronáutica y comercio. Esa es la nueva relación que queremos tener y replicar con otros socios”, cuenta.

Pero no con cualquier socio, ni enfocándose en los más tradicionales, como Estados Unidos o la Comunidad Europea o los gigantes asiáticos. Sin desmerecer la relevancia de aquellos, el gobierno de Lula ha dejado en claro su interés por la región y por desarrollar el comercio entre estas naciones, incluyendo por supuesto a Chile.

Precursores del cambio

¿Cuándo y cómo parte el cambio? Para explicar esta pregunta hay que revisar lo sucedido durante la era Cardoso y no precisamente cuando fue presidente, sino cuando asumió como ministro de Hacienda a comienzos de los 90, en el gobierno de Itamar Franco. Fue por entonces cuando se le encargó la misión de poner en marcha un plan de estabilización económica. Cosa nada fácil en esos momentos, cuando los precios de los productos crecían a un ritmo de 50% mensual.

En este escenario se puso en marcha el Plan Real, que contemplaba la creación de un fondo social de urgencia para atender a las necesidades de los más pobres frente a la crisis; luego, la introducción del real como moneda única y paritaria con el dólar y, finalmente, el bloqueo de los salarios, mezcla que a juicio de entendidos de inmediato hizo sentir sus efectos sobre la escalada de precios.

En un año logró lo que parecía imposible: la inflación cayó de 50% a 1,5% mensual, indicador suficiente para garantizar el éxito en la elección presidencial de 1994, cuando disputó el sillón de Planalto precisamente con Luiz Inácio Lula da Silva.

Los avances en materia económica gatillaron su reelección como presidente en 1998, nuevamente desplazando a Lula al segundo lugar. Pero si dicen que las segundas partes no son buenas, ésta definitivamente lo confirmó. Las turbulencias financieras de la época, originadas por la crisis asiática, terminaron con la era de estabilidad que habían logrado los brasileros. La deuda externa se volvió impagable. Ascendía a 240 mil millones de dólares, y la moneda comenzó a debilitarse frente a la divisa estadounidense, mientras la fuga de capitales era cada vez mayor. Hasta la inflación volvió a despertar, terminando 2002 con un índice de 12,5%. El sueño se desvanecía.

En medio de esa tormenta asumió Lula la presidencia de la República. Antonio Palocci, ministro de Hacienda de la época, cuenta a Capital que lo primero que hizo junto al mandatario fue establecer medidas que permitieran reestablecer la confianza en la política económica del país. “Elevamos nuestras metas fiscales y monetarias y las cumplimos periódicamente. Aumentamos la tasa de interés para frenar la inflación y encaminamos al Congreso la reforma tributaria y otras reformas macroeconómicas para atacar las falencias del sistema de crédito”, cuenta.

Los resultados no se dejaron esperar: la inflación nuevamente volvió a niveles de un dígito, cayó la deuda pública, disminuyó el desempleo, se valorizó la moneda, volvieron los capitales extranjeros y, junto con ellos, el crecimiento. De paso, quedaron en el olvido los temores que provocó el ascenso al poder de un ex sindicalista como Lula.

¿Tudo bem?

Las pruebas de la fidelidad de Lula a las políticas económicas más ortodoxas volvería de la mano de la crisis subprime,el alza de las materias primas y el actual proceso de desaceleración económica global. Pero a diferencia de otras ocasiones, esta vez Brasil parece no tambalear.

Según un estudio de la fundación empresarial Dom Cabral, todo sugiere que el país entró en un “ciclo virtuoso” de crecimiento, diferente a los booms pasados. “En este nuevo entorno económico, es posible que suframos caídas producto del enfriamiento de la economía mundial. Sin embargo, en lugar de que se produzcan procesos recesivos o un crecimiento muy débil, el resultado de esa reducción, en el peor de los casos será de un crecimiento de por lo menos un 3% del PIB”.

Al parecer, la economía brasileña está mejor parada, o al menos cuenta con más espaldas, para enfrentar los vaivenes internacionales. La deuda pública cayó en forma importante en los últimos cuatro años (alrededor de un 10%), mientras las reservas internacionales se incrementan día a día, alcanzando una suma cercana a los 200 mil millones de dólares.

Frente a este escenario, el empresariado brasilero prefiere tomar distancia. El presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), Armando Monteiro, señala que más que certezas sobre la continuidad del ciclo expansivo, está expectante por los desafíos que se plantean para la autoridad. “Mantener el ritmo de crecimiento del país y que éste sea compatible con el de las economías emergentes, depende –entre otros factores– de la profundización del ajuste fiscal. Sin embargo, la primera medida del gobierno para contener la inflación fue elevar los intereses, transfiriendo al sector productivo toda la carga del control de la inflación”, alerta Monteiro.

De similar opinión es Paulo Francini, director de la FIESP, la mayor organización industrial de Sao Paulo. “Yo aquí no veo una acción conjunta del Banco Central, Hacienda y Planeamiento; cada uno toma medidas por su lado y muchas veces se contraponen. Si el Banco Central sube la tasa de interés por un lado y el gobierno decide por otra aumentar su nivel de gastos y no hablan entre ellos, entonces las medidas quedan un poco perdidas”, advierte.

Más allá del gallito entre la autoridad y los empresarios, analistas señalan que para entender lo que cambió en la economía brasilera hay que verificar la evolución de la deuda pública versus el riesgo país, relación que bajó considerablemente desde 2003 a la fecha. Una situación que –a su juicio– no tiene otra consecuencia que estimular las inversiones productivas y el crecimiento.

La gran mochila de Lula

En Brasil no todo es carnaval, los temas pendientes no son pocos y aunque la autoridad trate desde todos los frentes de atacarlos, éstos siguen latentes. Las favelas siguen formando parte del escenario de las grandes urbes y la miseria es pan de cada día; sobre todo en las regiones del norte brasilero, que siguen siendo el pariente pobre de una economía que concentra más del 60% de su riqueza en las regiones del centro del país.

Nada es suficiente cuando se trata de un lugar que aparece como uno de los países con mayor desigualdad social en el mundo; pero donde también hay que reconocer que en los últimos años han existido grandes avances, como los más de 20 millones de personas que salieron de la condición de pobreza, favorecidas en gran medida por el emblemático programa Bolsa Familia, que ha beneficiado a más de 11 millones de hogares en esa condición (45 millones de personas).

Cuesta asumir que con sólo 80 reales mensuales en promedio (unos 49,7 dólares), esta cantidad de personas pueda solventar gran parte de sus carencias básicas, como son los alimentos. En cualquier caso, explican que no se trata de dar al que pida. Bien lo sabe Edineia da Silva, quien se beneficia del programa desde hace tres años. “Ellos me dan el dinero a cambio de que mis hijos vayan al colegio o tengan las vacunas al día”, reconoce.

Junto a la pobreza, otros problemas que está a vista y paciencia de todos son la inseguridad y la corrupción. Diariamente, periódicos y cadenas de televisión dejan en evidencia la alta tasa de homicidios que existe en el país (29 por cada 100.000 habitantes). Precisamente en uno de esos reportes, apareció en las últimas semanas el presidente Lula señalando que la mayoría de estos problemas se solucionarán entregando a los jóvenes más oportunidades.

Para ello lanzó un nuevo plan social denominado Programa Nacional de Seguridad Pública, al cual asignó el año pasado nada menos que 3 mil millones de dólares y con el que pretende reducir en 60% la tasa de homicidios en cinco años, impulsando programas de entrenamiento laboral y ayuda financiera para jóvenes de barrios marginales.

La corrupción, en cambio, es algo más difícil de eliminar; sobre todo, cuando diariamente las acusaciones van y vienen y a todo nivel, en el Parlamento, en la Presidencia, en las empresas públicas y en las privadas. Sin embargo, a juicio del ejecutivo chileno radicado en Brasil Máximo Pacheco, a diferencia de otros años, “ahora vemos a gente que recibe condena o sanciones frente a la corrupción, no como antes cuando todo terminaba en pizza. Es decir, en nada”.

Cuellos de botella

Aunque los problemas sociales son el mayor flagelo de la sociedad brasilera, en el ámbito empresarial las preocupaciones son varias. Todos coinciden en los cuellos de botella que se originan por la excesiva carga tributaria que hoy soporta la industria y que representa el 35% del PIB. “Acá en Brasil se tributan las importaciones y exportaciones, lo que reduce la competitividad de nuestros productos en el mercado internacional. Lo que queremos es un sistema tributario que haga armonía con el resto del mundo, esto es clave para la expansión de la industria brasilera”, enfatiza el presidente de la CNI, Armando Monteiro.

Agrega que otra prioridad del sector es superar los obstáculos en materia de infraestructura, los que en el corto plazo se ven como la piedra de tope para mejorar la competitividad de la economía del país, pero que a la vez se observan como un interesante nicho para la llegada de nuevos inversionistas.

Joao Claudio Robusti, presidente de Sinduscom, que agrupa a las mayores constructoras de Sao Paulo, comparte esa posición. Cree que “es en materia de infraestructura donde están las mayores oportunidades para atraer inversión extranjera. Ahí hay un gran desafío y también una oportunidad que también debiera llamar la atención de los chilenos”, agrega.

El gobierno de Lula también está haciendo lo suyo a través del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), al cual ha destinado más de 500 millones de reales para la construcción de carreteras, puertos, hidroeléctricas y la exploración de petróleo y gas natural.

Con todo, Brasil despega y parece que esta vez el vuelo no va a ser de corto alcance. La economía continúa con una positiva proyección de crecimiento, en promedio 4,2% entre 2009 y 2015, y la demanda interna sigue en alza, con un mercado potencial de 190 millones de habitantes que se han transformado en el principal atractivo de esta pujante economía.

La gran pregunta de los brasileros es quién dará continuidad a este crecimiento. Y aun cuando falta al menos un par de años para la próxima elección presidencial, el Partido de los Trabajadores, al que pertenece Lula, ya tiene varios nombres en carpeta. “Quien más suena es Dilma Rousseff, la actual ministra coordinadora de gobierno”, dice Palocci. Y agrega que, para ganar, hay que mantener el vuelo.


2. Henrique de Campos Meirelles: el guardián monetario de Brasil

Es uno de los hombres más influyentes de la economía brasileña. No hay nadie que no reconozca méritos en este ex banquero que forma parte del gobierno de Lula desde el año 2003, cuando asumió como presidente del Banco Central. Desde ese momento, ha sido inamovible de su cargo. Su misión: terminar con el fantasma inflacionario.

En la escala de autoridades en Brasil, Henrique de Campos Meirelles debe ser, después del presidente de la República, uno de los hombres más relevantes de la vida pública y también uno de los más respetados por la comunidad empresarial. Según sus cercanos, credenciales y méritos tiene de sobra para estar a la cabeza del Banco Central en Brasil. Y no se equivocan.

Es que la carrera empresarial de este ex ejecutivo del BankBoston ha estado plagada de éxitos, llegando a ser incluso el presidente mundial de esa entidad, entre 1996 y 1999. Capital lo persiguió por aire, mar y tierra, y tras semanas de intensas gestiones, finalmente nos pudimos comunicar con él.

A cinco años de haber asumido la cartera, Meirelles –uno de los pocos personeros que se ha mantenido durante los dos períodos de Lula– cuenta que su principal preocupación sigue siendo el control inflacionario. Ese que dio tantos dolores de cabeza a la economía brasileña en otros tiempos y que hoy se asoma, provocando la inquietud de toda la comunidad.

Pero Meirelles en esta batalla parece estar blindado: dice que no pretende repetir la experiencia de la hiperinflación y que en este caso la clave, a su juicio, ha sido “mantener una política monetaria muy comprometida con su control”.

La autoridad asegura ser nada complaciente frente a este tema. De hecho, hace unas semanas salió públicamente a decir que una inflación alta sería “nefasta y maléfica” para el país y que de todas maneras el Banco Central en 2009 resguardará la meta, un anuncio que fue interpretado por el mercado como una advertencia de que seguirán aumentando gradualmente los intereses, los que recientemente sufrieron un ajuste y se elevaron desde 12,25% a 13%.

La cifra actual supera en casi dos puntos porcentuales el mínimo (11,25%) alcanzado en abril. Y aunque el remedio ha surtido efecto, todo indica que se requerirá de dosis adicionales. Recientemente, Morgan Stanley publicó un informe en el que prevé que la tasa referencial de Brasil podría llegar a 14,25% hacia fin de año.

P: ¿Cuál es su mayor preocupación en materia económica en este momento, y de qué manera el Banco Central la está enfrentando?

R: Nuestra mayor preocupación es la inflación y la estamos enfrentando con el ajuste de la tasa básica de intereses.

P: Usted lleva mucho terreno ganado en este campo. ¿Cuáles han sido las claves para hacer retroceder la inflación desde los dos dígitos a 4%, en cinco años?

R: El Banco Central de Brasil aplicó un programa de reducción de la inflación que buscaba lograr su convergencia hacia las metas en un plazo relativamente corto. Eso fue hecho a través de una política monetaria rigurosa, anclada en decisiones fiscales que garantizaron el continuo retroceso de la relación deuda pública total sobre el Producto. En ese periodo, también realizamos un proceso de acumulación de reservas que sacó partido de un escenario internacional benigno y de la capacidad de exportación de la economía brasileña. Por lo tanto, el régimen de metas, el cambio flotante y el equilibrio fiscal en conjunto fueron las medidas que aseguraron la convergencia de la inflación hacia las metas.

P: Sin embargo, a pesar de esa conquista, hoy el fantasma de la inflación vuelve a estar presente. ¿De qué manera está actuando el Banco Central en conjunto con los otros organismos de gobierno para evitar las secuelas de este flagelo?

R: El gobierno brasileño viene adoptando medidas para asegurar el equilibrio de demanda y oferta en Brasil, a través de una política monetaria y de un ajuste monetario adecuado. Además, anunció un aumento del superávit primario de cerca de 0,5% del Producto Interno Bruto, mientras nosotros (Banco Central) recientemente anunciamos nuestro compromiso y objetivo de mantener la inflación en el centro de la meta en 2009.

P: ¿Cuáles son las metas de inflación de Brasil para 2008 y para 2009?

R: La meta de inflación para Brasil en 2008 y 2009 es un 4,5%. Ello, aunque la previsión de mercado para 2008 es cercana a un 6,5% y para 2009 al 5%. Pero nuestro compromiso es mantenerla en torno al 4,5%.

P: ¿Hasta qué punto el Banco Central puede intervenir para frenar la inf ación si el gasto fiscal continúa creciendo?

R: Lo importante es que el superávit primario está siendo mantenido y el gobierno aumentó esa meta para este año, mientras la relación deuda pública líquida total sobre el Producto continúa cayendo. En esos términos, el Banco Central ha tomado todas las precauciones para traer la inflación de vuelta a la trayectoria de las metas.

P: A su juicio, ¿esta crisis inflaccionaría procede esencialmente del exterior o se debe también a presiones internas?

R: Hay una mezcla. Tenemos una economía sobrecalentada; una demanda doméstica creciendo a tasas superiores a la producción, con un diferencial que está siendo cubierto por el aumento de las importaciones y un elevado nivel de capacidad instalada que está siendo utilizado. Pero, en medio de ese proceso y con el excepcional aumento en las inversiones, tenemos también un incremento en los costos derivado básicamente del aumento de los commodities y un aumento de presiones salariales, producto del mayor costo del ítem alimenticio. Dentro de ese cuadro es que hemos adoptado las medidas mencionadas.

P: Una preocupación del empresariado local es la pérdida de competitividad de la industria exportadora, sobre todo por el bajo tipo de cambio que existe en el país ¿El Banco Central pretenden intervenir para frenar esta situación?

R: Nosotros aplicamos el régimen de metas de inflación que presupone la libre fluctuación del cambio. Creemos que un Banco Central que tiene un instrumento de política monetaria no puede tener dos objetivos, no tiene condiciones de tener un objetivo de cambio y un objetivo de meta de inflación. El régimen de metas de inflación ha asegurado el aumento de las inversiones. Por otro lado, las empresas están sacando partido de una moneda más valorada para adquirir equipamientos, tecnología, know how, aumentando con eso la competitividad de la industria brasileña y enfrentando con éxito la apreciación de la tasa cambiaria.

P: Sin embargo, se acusa al Banco Central de haber aplicado medidas como la acumulación de reservas, lo que de alguna manera influyó en el tipo de cambio.

R: El Banco Central, en este caso, está siendo criticado por algo que nunca planeó hacer. En enero de 2004 anunciamos una política de acumulación de reservas, buscando aumentar la resistencia del país a las crisis sin intentar –en ningún momento– influenciar la tendencia de la tasa de cambio.

Crecimiento

Junto con comentar la política monetaria, Meirelles también aprovechó de hablar del buen momento por el que atraviesa el país, lo que le permite enfrentar sin temor las turbulencias financieras internacionales del último tiempo. “Los indicadores de la economía brasileña muestran que está enfrentando con éxito los vaivenes de la economía mundial”, dice con seguridad.

Sobre la evolución de los mercados, particularmente del Bovespa, Meirelles es optimista. Asegura que la economía está sólida, al igual que el nivel de rentabilidad de las empresas, lo que “va influenciar en el desempeño de las acciones… Sin embargo, evidentemente no le puedo decir más, pues no hago previsiones en este tema”, concluye. Y es que Meirelles difícilmente se aparta de los que hoy es su meta central: bajar
la inflación.

Menos inflación, más riqueza

A juicio del presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, haber bajado la inflación desde niveles de dos dígitos a un 4% en cinco años explica en gran medida el mayor dinamismo que vive el país. Cuenta que el control de la inflación fue fundamental para aumentar el poder de compra de las capas sociales más bajas y que, además, este nuevo escenario de estabilidad acrecentó las proyecciones económicas del país, lo que a su turno atrajo nuevas inversiones.

“Esto implicó que los empresarios se sintieran cómodos para contratar más trabajadores. Por lo tanto, Brasil, que había tenido un decrecimiento de empleos formales en la segunda mitad de los 90, pasó a crear a partir de la adopción del sistema de metas de inflación: 600 mil nuevos empleos formales entre el año 2000 y el 2003”, detalla. Y añade que esa cifra se empinaría a más de 1,5 millones al cierre de 2007 y a 1,9 millones de empleos formales en los últimos doce meses.

“Este es un dato absolutamente fundamental para la mejor distribución de la renta. El desempleo cayó al menor nivel de la serie histórica registrada y, al mismo tiempo, el aumento de la recaudación permitió que el gobierno del presidente Lula hiciera un programa de distribución de renta y un programa social para aquellos que aún están fuera del mercado de trabajo formal”, concluye.


3. Relación Chile y Brasil: ni tan cerca ni tan lejos

En los últimos cinco años, el intercambio entre Chile y Brasil ha crecido exponencialmente y las instancias de participación conjunta en foros multilaterales han aumentado significativamente. En los sectores políticos se señala que este es el mejor momento de la relación bilateral. Sin embargo, en la propia cancillería reconocen que no se ha hecho lo suficiente por afianzar los lazos.

Por Lorena Rubio.

Cuando se les pregunta a los funcionarios de cancillería cuál es el estado de las relaciones político económicas entre Chile y Brasil se produce un breve y elocuente silencio, que luego da paso a la enumeración de una serie de iniciativas que avalarían que sí hay políticas conjuntas con el gigante sudamericano.

Si bien la lista es más larga que la de principios de los 90 y el intercambio comercial ha crecido fuerte en los últimos cinco años, para algunos la relación política entre ambos países no tiene una estructura clara y se basa más bien en “sintonías y afinidades”. Al menos, así lo cree el miembro de la comisión de Relaciones exteriores de la Cámara de Diputados, Marcelo Díaz, quien trabajó en la cancillería en el gobierno de Lagos.

Hoy, Brasil es el principal socio comercial chileno en América del Sur; el cuarto en el mundo, en términos del origen de nuestras importaciones, y el segundo destino de las inversiones chilenas con más de 7.000 millones de dólares. Sólo en el primer semestre de este año el intercambio comercial con ese país alcanzó los 4.418 millones de dólares, un 20% más que en el mismo lapso de 2007.

Las cifras suenan a maravilla. Sin embargo, no se aprecia el nivel de “gestos”, visitas y acuerdos como los que Chile mantiene con Argentina, Estados Unidos y Bolivia. Sin embargo, en lo que todos coinciden es en que hay una serie de conversaciones e intercambios entre Chile y Brasil que no trascienden y que “sólo son conocidos por las elites bien informadas”, explica un funcionario de La Moneda cercano a Bachelet.

Entre este tipo de contactos se menciona la postura de Chile y Brasil respecto a Bolivia y Venezuela; sobre todo, con esta última respecto del cual hay consenso en que se debe morigerar la influencia de Chávez en el continente.

Alta sintonía

Para quienes han seguido las relaciones chileno-brasileñas, lo de las sintonías ha sido claro en dos administraciones y marcan, de paso, los principales hitos en los últimos diez años de vinculación: la era de Ricardo Lagos y la de la actual mandataria.

El repaso cronológico que hacen los expertos consigna varias etapas. Primero, distinguen una fase de relaciones fluidas entre el presidente Lagos y su par brasileño Fernando Henrique Cardoso –quien terminó su período cuando se cumplían los dos primeros años de Lagos–, algo que se atribuye en parte a la amistad que los une desde la juventud. Luego y con la llegada del actual huésped del palacio Planalto –sede de gobierno brasileña– Luiz Inácio Lula Da Silva, electo a fines de 2002, la relación se volvió algo más “cíclica”. En primer lugar porque, como amigo de Cardoso, Lagos despertó resquemores en el ex líder sindical, a lo que se sumarían luego la firma de un TLC con Estados Unidos (Brasil siempre ha privilegiado la interacción regional) y la tibia respuesta de Chile en 2004 a la candidatura de Brasil al Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero también han sido relevantes en estos años los puntos de coincidencia: la postura conjunta frente a la invasión norteamericana a Irak; la decisión de enviar tropas a Haití y la invitación de Lula al ex mandatario para unirse al grupo de Lucha Contra el Hambre, que se formuló sorpresivamente en Suiza, durante una gira el ex presidente chileno y que tuvo alta cobertura mediática.

En el caso de los nexos Lula-Bachelet no hay una sola voz, aunque en La Moneda y RR.EE. coinciden en que la relación es más que óptima. Un estrecho colaborador de la gobernante destaca que ella y Lula conversan “como mínimo” dos veces al mes sobre distintos temas y, básicamente, sobre lo que ocurre en la región. Asimismo, ambos monitorean permanentemente lo que ocurre en Bolivia. Además se destaca que la presidenta ha dicho claramente que Brasil “es un socio estratégico” y ha mostrado su empeño –no siempre con éxito– de impulsar una agenda regionalista, liderada por Lula. “Ellos no tiene necesidad de competir por el liderazgo en el Cono Sur y ambos comparten el porvenir de las minorías de sus países”, afirma el mismo colaborador.

Además, hoy la relación con uno de los asesores más cercano en política exterior del jefe de Estado brasileño, Marco Aurelio García, pasa directamente por La Moneda y no sólo por el Partido Socialista, como ocurría en la época de Lagos, aseguran en palacio.

El ex canciller Ignacio Walker (2004- marzo de 2006) es categórico al señalar que Chile “debe tener y ha tenido una relación privilegiada con Brasil”. Destaca que su primera visita como ministro de RR.EE. fue a Brasil y que mantuvo un permanente contacto con su par Celso Amorin en materias comerciales, con un planteamiento conjunto en la materia.

Walker reconoce que esta política de acuerdos se ha hecho sin estridencias. “Ha sido sobria y racional, en la que la retórica cede ante los hechos”, precisa.

Niega tajantemente que Chile “se haya demorado” en entregar su apoyo a Brasil para integrar el Consejo de Seguridad de la ONU. Yo fui protagonista de ese episodio y puedo decir que el gobierno tomó muy poco tiempo en hacerlo”, sostiene.

Las relaciones Chile-Brasil durante el período de Lagos estuvieron marcadas por su amistad personal con Cardoso. A Bachelet, en cambio, la une con Lula el proceder de grupos que históricamente han sido secundarios en el poder.

Sin plan

Pero más allá de las distintas posturas sobre hechos que ya son historia, la pregunta es: ¿basta con una buena “sintonía” y un importante flujo comercial para forjar acuerdo duraderos y de gran impacto?

La respuesta a todas luces es no, pero claro que tener redes comerciales ayuda a lograrlo.

Para tener una idea, en 2004 el comercio bilateral era de 1.853 millones de dólares, el que se elevó sobre 7.000 millones al cierre de 2007. Y aunque gran parte del aumento en el intercambio se explica por el alto precio del cobre –que representa más del 60% de los envíos–, igualmente el número de productos ha crecido en 15% entre 2004 y 2008.

¿En qué están hoy las relaciones? El director general de Planificación de la cancillería, Gonzalo Arenas, asegura que éstas son excelentes, lo que se traduce “en una relación comercial y política y en una mirada común hacia el mundo”.

Lo mismo afirma el director de Asuntos Económicos Bilaterales de la Direcon, Andrés Rebolledo, para quien la actual administración ha logrado un nivel de conexión especialmente fluido con su par brasileño. Muestra de esto son, por ejemplo, la fuerza que han puesto Chile y Brasil para impulsar la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que de aquí a unos diez años debería reemplazar a la Comunidad Andina de Naciones (CAM) y lo más relevante, al Mercosur. Rebolledo también destaca el nuevo impulso que está teniendo el corredor bioceánico para el traslado de mercancías desde Brasil, pasando por Bolivia y saliendo por los puertos chilenos. “Hoy contamos con la postura positiva de La Paz en la materia, lo que es sumamente relevante”.

Los críticos de la política de Chile respecto a Brasil piensan exactamente lo contrario. Un empresario PPD asegura sin ambages que “a Chile no le importa Brasil” y que la mejor muestra de ello es que cuando cambia el gobierno y comienza la designación de embajadores, “los partidos políticos se pelean Washington, París, España, incluso Perú, pero a nadie le resulta demasiado atractivo ir a Brasil”.

No tan fulminante, pero igual de ácido es el diputado Marcelo Díaz, para quien la cancillería simplemente no tiene un diseño para relacionarse con sus pares latinoamericanos, lo que incluye a Brasil. La esencia de su objeción a la política exterior es que carece de estrategia respecto a América latina y, como no existe ese diseño, “no se ha encontrado una definición clara de cuál es el sentido de la vinculación con Brasil”. A juicio del parlamentario, el foco de este vínculo debiera ser una relación que vaya más allá de lo comercial y que incluya la participación conjunta de ambos países en foros multilaterales y en materias de política internacional.


4. Explosión global

Es una decisión de Estado que las empresas brasileñas salgan al mundo. Hasta han creado una línea de créditos blandos para solventar la expansión internacional de sus industrias. Aunque algunos empresarios observan con preocupación la disminución en la competitividad, la visión global ya forma parte de su ADN.

Queremos posicionar a nuestras empresas entre los cinco players mundiales en cada actividad. Tal como hoy lo somos en la minería, siderurgia, aeronáutica y los biocombustibles”. Así de directo y categórico se muestra el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, Miguel Jorge, en conversación con Capital.

Un desafío que llama la atención cuando proviene de una autoridad estatal y no de un representantes del mundo privado. Pero no hay que perderse: esto de internacionalizar las compañías en el último tiempo se ha convertido en un asunto de Estado en Brasil. Es más, parte de los 7.800 millones de dólares “extra” de reservas en el exterior que esperan sumar este año, tiene como objetivo financiar las inversiones y adquisiciones de empresas fuera del país.

Incluso existen líneas de créditos blandos en el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para apoyar específicamente a todas las firmas nacionales que quieran salir al exterior, tanto a las que quieran exportar como las que opten por comprar compañías competidoras en la región. “Esto es una novedad para el país. A diferencia de otros intentos de internacionalizar la industria local, acá vamos a las acciones”, agrega Miguel Jorge al frente de su escritorio en Brasilia.

Esta línea de crédito no sólo está disponible para las pequeñas empresas. De hecho, uno de los grandes conglomerados que han echado mano a este beneficio (obteniendo un crédito por más de 1.000 millones de dólares) es nada menos que la firma constructora e industrial Camargo Correa, la misma que adquirió la cementera argentina Loma Negra. Otro caso es el de Friobi, el mayor grupo brasileño de carnes –que abastece el 50% de estos productos en el mundo– y que consiguió un crédito por 80 millones de dólares para adquirir Swift, la principal exportadora de carnes, también en Argentina.

Estos ejemplos, sumados a la expansión de firmas como la estatal Petrobras, Vale (ex Vale do Rio Doce), Embraer o Gerdau, confirman –a juicio del ministro– que el proceso de internacionalización de las firmas locales no se ve tan complicado.

Mercado interno, ¿fortaleza o debilidad?

Por cierto que dar el salto no es tarea simple. Al menos esa es la visión del embajador en Chile Mario Vilalba, quien estima que será un proceso complejo, puesto que Brasil no tiene tradición de invertir afuera. “Nuestras empresas nunca se han visto en la necesidad, porque tienen un tremendo mercado interno, lo que ha generado una pereza muy grande para salir al exterior”, dice.

Esa situación que se ve especialmente acentuada por estos días. Durante el recorrido de Capital por Sao Paulo, vistamos el imponente edificio de la FIESP, la mayor organización de industriales del Estado. Su director económico, Paulo Francini, fue enfático en advertir que a diferencia de otros períodos, cuando el crecimiento de la industria estaba concentrado en la actividad exportadora, actualmente está apoyada en la demanda doméstica, impulsada por las variables por todos conocidas, como el aumento sostenido del empleo, la expansión de la renta y el crecimiento de los créditos.

Así, mientras las exportaciones siguen creciendo a un buen tranco, cerca de 12% al mes, el salto que han dado las importaciones ha sido mucho mayor, cuadruplicando la cifra anterior. Ello ha desatado la preocupación de los industriales por la pérdida de competitividad que podría estar sufriendo el sector fabril; especialmente, la de alto valor agregado, debido al bajo tipo de cambio.

Esta inquietud ya se ha manifestado en el índice de confianza empresarial elaborado por la CNI, el que cayó de 62% a 58% el último mes. No obstante, los indicadores duros y que tienen relación con la facturación, horas trabajadas, empleo y producción industrial, continúan creciendo a tasas de 3,8%, 1,5%, 0,5% y 6,2%, respectivamente. Eso sin contar con que casi el 60% de las empresas brasileñas há anunciado programas de expansión:  todos, relacionados com la ampliación de su capacidad.

Peso real

Algunos creen que la preocupación se origina en las señales de la autoridad.  “Hoy estamos muy presionados por las medidas de gobierno; la moneda se há valorizado casi el doble que en otros países frente al dólar, lo que nos ha hecho perder nuestro poder exportador.  Por otro lado, están las altas tasas de interés (12,25%), lo que torna más difícil nuestra situación, pues nos transfiere toda la carga de inflación a los industriales”, advierte Francini.

En todo caso, con ese tema sobre la mesa, la internacionalización no es algo que quite a todos el sueño.  De hecho, los máximos representanets industriales del país señalam que por ahora ese tema depende mucho más de cada empresa, especialmente de las corporaciones que han tomado una posición relevante a nivel local, que de políticas públicas que lo incentiven.

Advierten que mucho más urgente es avanzar en el fortalecimiento de las medidas para estimular la produción y competitividad de la indústria local, para luego pensar en que sus empresas se instalen en el extranjero.  El presidente de la Confedereación Nacional de la Industria (CNI), Armando Monteiro, explica que no todo depende del gobierno y de las reformas estructurales pendientes, particularmente la tributaria – que actualmente se tramita en el Congreso -: “a los industriales también nos corresponde la adecuación de las emrpesas a los modelos mundiales de calidad y las inversiones en productividad e inovación requeridas para una mayor integración de Brasil con el mercado global”, explica.

En esto último radicará la clave para ser una empresa internacional.  Así piensa uno de los CEO más repetados de Brasil, el gerente general de Votorantin Industrial, Raúl Calfat.  “Para ser global, no sólo se debe tener una posicióm relevante en el mercado doméstico, se necesita mucho más como, por ejemplo, mejoras en las prácticas de gestión, gobierno corporativo e métricas equivalentes a las mejores empresas del mundo”.

Pero la decisión de expandirse también tiene que ver con temas más estratégicos, como la búsqueda de nuevos lugares y activos que les permitan resguardarse frente a las regiones más volátiles o que atraviesan por ciclos negativos. Además, de la búsqueda de operaciones que complementen sus actividades y generen economías de escala.

En alerta: “hoy estamos presionados por las medidas de gobierno, la moneda se ha valorizado...
lo que nos ha hecho perder nuestro poder exportador”, dicen los empresarios.

¿Y la inversión extranjera?

Que Volkswagen anuncie una inversión de 10 mil millones de dólares para aumentar su producción a más de un millón de vehículos anuales, de aquí a 2010 –superando la fabricación de su casa matriz–, no es casualidad. Es que la inversión extranjera en Brasil, que asciende a 35 mil millones de dólares anuales –cifra record en 2007-, también se ha contagiado por la fiebre del consumo que vive el mercado interno y por la avidez que existe en el mundo por los commodities y los recursos energéticos.

A juicio del representante de la FIESP, Paulo Francini, dentro de un mundo “conturbado” por la crisis alimentaria y energética, claramente ven en este país un gran potencial y para esas actividades (agricultura y energía), particularmente. “En ese sentido, no hay quien se nos compare en términos de productividad… Pero hay que tener cuidado, porque estas actividades basadas en una riqueza natural no tienen nada de valor agregado y no necesariamente van a mantener la actividad industrial del país, la que tanto nos costó crear”, previene.

Arauco, CMPC y Masisa tienen experiencia de sobra en este tema. Por algo se han instalado en Brasil no sólo con oficinas comerciales, sino plantando bosques, los que por las condiciones climáticas tardan sólo 6 años en crecer, mientras que en Chile pueden demorar el triple.

Pero no sólo las grandes forestales mundiales tienen un pie en Brasil. También han hecho lo suyo las mayores firmas automotrices y de tecnología. Estas últimas, impulsadas básicamente por las oportunidades de la gran demanda interna, la experiencia que han alcanzado en la especialización del recurso humano, el marketing, las comunicaciones y su expansión financiera.

Al menos son estas las razones que destacó recientemente el presidente de Google para Asia Pacífico y América Latina, Sukhinder Hohagen, al anunciar el traslado de sus oficinas regionales a Sao Paulo, las que hasta hace unos días se concentraban en California. “En muchos aspectos, la decisión de descentralizar a Google y transferir más autoridad a nuestras oficinas regionales refleja los logros de América latina y la madurez de su gerencia”, explicó el ejecutivo.

Pero el boom de las inversiones extranjeras no precisamente se espera de la mano del sector tecnológico. Ahora la mirada de las multinacionales está en la producción de etanol en base a la caña de azúcar; por lejos, la fórmula más económica y eficiente de producir dicho combustible en el mundo.

Actualmente existen 336 plantas en Brasil, pero podrían llegar a superar las 400 fábricas al 2013, debido al interés que ha despertado en los inversionistas de todo el mundo. Incluso el Banco Interamericano de Desarrollo estudia proyectos por 2.000 millones de dólares en el corto plazo. Pero la inversión estimada por la Unión de Agroindustria de Caña (Unica) para los próximos cinco años es superior a los 14.500 millones de dólares, de los cuales un 10% vendría de inversionistas extranjeros.

Otro sector que debiera mover más capitales externos es la infraestructura, donde hoy Brasil está enfrascado en un gran cuello de botella. En ese sentido, el ministro Miguel Jorge anima a los inversionistas extranjeros a probar suerte en las licitaciones y concesiones de puertos, aeropuertos y obras civiles, en que actualmente
Brasil tiene su mayor déficit.

Las claves: inversión + innovación

Si se trata de ser global, otro factor a considerar es la innovación. Bien lo sabe Luiz Carlos Aguiar, el vicepresidente de la mayor empresa aeronáutica de Brasil y tercera del mundo: Embraer. Su experiencia en esta materia es por lejos la mayor, al punto que e enorgullece de ser la primera empresa aeronáutica en construir, certificar y producir un avión que vuela con alcohol. Si eso no es innovación, ¡qué otra cosa puede ser! “Es precisamente este tema nuestra gran fortaleza”, señala.

Y es esta ventaja la que ha llevado al gobierno a enfocar sus esfuerzos en un Plan de Innovación –porque así como en Chile se crean comisiones, en Brasil la fórmula preferida es lanzar planes-, que entre otros aspectos contempla una alta inversión en los próximos tres años para financiar proyectos que involucran el desarrollo de nuevas aplicaciones y tecnologías.

Otro de los objetivos, según el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior es impulsar la investigación y desarrollo en el sector privado y pasar de 11,9 billones de reales a 18,2 billones de reales en 2010, lo que representaría apenas un 0,65% del PIB, tres veces menos de lo que invierten los países desarrollados en I+D y otras economías emergentes como China.

Ejemplos globales

Son empresas que tienen historia, un lugar dentro de la industria local y que han adquirido tamaño y caja suficientes para vitrinear, salir de compras e instalarse en la escena mundial. Cruzaron las fronteras de un país tan grande como Brasil, para convertirse en firmas globales, esas que en Chile apenas se conocen y que muchos aspiran a ser algún día. En su paso por Brasil, Capital conversó con algunos de sus representantes y conoció de primera fuente por qué escalaron tan alto.


Votorantim: a plena capacidad

Este gigante brasileño vinculado a la familia de Moraes es uno de los casos más recientes de internacionalización. Partieron hace solo siete años en estas lides y ya son considerados una empresa global. Sus credenciales lo avalan: actualmente Votorantim opera directamente en 13 países (Canadá, Estados Unidos, Colombia, Perú, Bolivia, Chile Bélgica, Inglaterra, Alemania, Suiza; China, Singapur y Australia), y en casi todos posee el control total de las compañías, posición que le ha valido la calificación de investment grade por parte de las tres agencias más importantes de rating.

Según el CEO de la división industrial de la compañía, Raúl Calfat, la decisión estratégica de expandirse la tomaron toda vez que alcanzaron posiciones relevantes en el mercado doméstico en las diferentes áreas en que operan: cementos, metalurgia, celulosa y bancos, donde difícilmente había más espacio para continuar su expansión. Es así como partieron adquiriendo activos cementeros en Norteamérica y desde ese momento no pararon. Incluso, el año pasado se instalaron en Chile, a través de la compra de un porcentaje de Cementos Bio Bio, del que ya forman parte del grupo controlador.

A siete años de esa decisión, cerca del 40% de los ingresos del área industrial de Votorantim proviene de exportaciones o son generados en el exterior, realizando envíos a más de 200 países, y alcanzando una facturación anual superior a los 2.000 millones de dólares; dos veces la industria del vino en Chile.


Embraer: el despegue de la innovación

Este es uno de los varios casos de privatización en Brasil que alcanzaron una escala global, al punto de posicionarse hoy como el tercer fabricante de aviones comerciales del mundo, después de Airbus y Boeing. Sólo para dimensionar su tamaño, al primer semestre de este año poseía órdenes de compra por más de 20.700 millones de dólares. ¿Qué tal?

Su historia global parte en la era estatal, a mediados de los 80, cuando comenzó a fabricar aviones civiles –antes sólo fabricaba naves militares– para toda la región, pero el sueño duró apenas una década y en 1994, tras una profunda crisis, la firma fue privatizada.

Con el cambio de mando, también cambiaron la cultura empresarial y, por supuesto, las prioridades. Tal como cuenta el actual vicepresidente ejecutivo de la firma, Luiz Carlos Aguiar, desde su oficina en Río de Janeiro, a partir de ese momento la compañía tomó la firme determinación que su expansión internacional estaría determinada por la generación de productos de alta tecnología.

Es que en la firma estaba el convencimiento de que sin innovación difícilmente podrían entrar a competir en las grandes ligas con gigantes como Boeing o Airbus. Esto los ha llevado a invertir entre un 7% y un 8% en investigación y desarrollo. Es decir, unos 220 millones de dólares anuales.

Un monto que definitivamente les ubica entre las firmas más vanguardistas de la industria aérea mundial. Ejemplo de ello es la construcción del primer avión que vuela con alcohol. Se trata del Ipanema, un monoplaza utilizado básicamente para las labores del agro. Ahora su desafío, según Aguiar, junto con la innovación es continuar la búsqueda de nuevos mercados para sus principales productos comerciales (los jets de hasta 120 plazas) y de gobierno y defensa (Super Tucano y la línea ISR). Actualmente, sus pedidos provienen de India, China, Estados Unidos, Austria, Finlandia, Polonia, Francia, México, Egipto y Arabia Saudita.


Vale y Petrobras: las más grandes

Son las más emblemáticas de las firmas brasileñas. Reconocidas mundialmente, ocupan lugares de honor en cuanto ranking empresarial exista. Sus planes de inversión contemplan una avalancha de ceros, o sea, se trata de cifras billonarias y en dólares.

A diferencia de los casos anteriores, cuando basaban su expansión por las limitantes del mercado interno o en la generación de innovación, en esta ocasión la clave está en lo que extraen: los –para ellos– “benditos” commodities.

En el caso de Vale, su historia global se inicia durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, cuando decide en 1997 privatizar el control de la compañía (enajenando el 51% de la propiedad). Con una valorización que partió en 8 mil millones de dólares (actualmente supera los 160 mil millones), un cambio en el management y visión de la empresa, partió su expansión con la firme decisión de acrecentar su participación en el mercado de hierro, niquel, carbón y cobre.

Bajo la administración de Roger Agnelli –su presidente actual– fue aumentando su capacidad productiva en forma exponencial y adquiriendo activos de la talla de la canadiense Inco, por la cual desembolsó cerca de 20 mil millones de dólares, cifra que equivale a una tercera parte de lo que actualmente contempla su plan de inversiones para los próximos cinco años. Hoy Vale es la primera empresa minera de hierro del mundo, con ingresos brutos que alcanzaron el record de 33.100 millones de dólares.

Petrobras tiene una historia más antigua. Su internacionalización partió en la década del 60, cuando el petróleo subió a niveles críticos para la época. Como no tenía opción de extraer en el país, se dedicó a adquirir reservas en algunos países del Medio Oriente.

Pero no sería hasta la década pasada cuando la estatal brasileña se vería obligada a diversificar sus negocios. Junto con optar por la diversificación de la matriz energética, invirtiendo en reservas de gas natural en Bolivia, profundizó su expansión regional en el negocio de la distribución.

Su adquisición más reciente fue, precisamente, la compra de los activos de distribución de Esso en Chile, como parte de un ambicioso plan de expansión que asciende nada menos que a la cifra de 112 mil millones de dólares para el próximo quinquenio.

Europa y Estados Unidos, hasta que incorporamos a Libra de Navegación y llegamos al Mediterráneo y al Golfo de México”, recuerda Enrique Arteaga, gerente general de Libra.

La decisión de ampliar sus operaciones desde el Puerto de Santos fue natural. “A esas alturas nadie dudaba de la potencialidad de este mercado; estamos hablando de que ya se perfilaba como la mayor economía de América latina y, más que eso, hoy es una de las más grandes del mundo. Entonces, no había duda de que había que estar aquí”, asegura Arteaga.

Actualmente, CSAV está en pleno proceso de integración con Libra y desarrollo de sus actividades. Sus planes: continuar creciendo en este mercado, abriendo nuevas rutas.

Chilenos con visión

Brasil también está en la mira de inversionistas chilenos. Pero sólo una docena de empresas locales se han instalado en ese mercado. Las más conocidas son las firmas forestales, pero también participan Embotelladora Andina, Madeco, Sociedad Punta de Lobos, B. Bosch, SONDA, la Sudamericana de Vapores y, recientemente, Cencosud. Algunas de ellas han conseguido posiciones de avanzada, pero también está la experiencia de quienes sucumbieron en el intento, como Farmacias Ahumada. Brasil también está en la mira de inversionistas chilenos. Pero sólo una docena de empresas locales se han instalado en ese mercado. Las más conocidas son las firmas forestales, pero también participan Embotelladora Andina, Madeco, Sociedad Punta de Lobos, B. Bosch, SONDA, la Sudamericana de Vapores y, recientemente, Cencosud. Algunas de ellas han conseguido posiciones de avanzada, pero también está la experiencia de quienes sucumbieron en el intento, como Farmacias Ahumada.


CSAV: al abordaje

La Compañía Sudamericana de Vapores (CSAV) es una de las firmas chilenas que han logrado una posición de liderazgo en el mercado brasileño. Sobre todo tras adquirir en 1999 el control de la Compañía Libra de Navegación, con la cual hoy ostenta el tercer lugar del mercado en la industria de transporte marítimo de carga.

Pero la historia de CSAV en ese país se remonta al año 86, cuando partieron con el servicio de carga Chile-Brasil. La gran expansión de las operaciones de la empresa parte en 1992, cuando empieza a ofrecer servicios regulares a todos los mercados mundiales: primero a Asia, luego a Europa y Estados Unidos, hasta que incorporamos a Libra de Navegación y llegamos al Mediterráneo y al Golfo de México”, recuerda Enrique Arteaga, gerente general de Libra.

La decisión de ampliar sus operaciones desde el Puerto de Santos fue natural. “A esas alturas nadie dudaba de la potencialidad de este mercado; estamos hablando de que ya se perfilaba como la mayor economía de América latina y, más que eso, hoy es una de las más grandes del mundo. Entonces, no había duda de que había que estar aquí”, asegura Arteaga.

Actualmente, CSAV está en pleno proceso de integración con Libra y desarrollo de sus actividades. Sus planes: continuar creciendo en este mercado, abriendo nuevas rutas.


Cencosud: justo a tiempo

Horst Paulmann no pudo llegar en mejor momento a Brasil: precisamente, en plena fiebre del consumo. Según el gerente general de Cencosud, Laurence Golborne, la decisión fue más que acertada: “el balance es muy positivo y creemos que tenemos grandes oportunidades para crecer en este mercado”.

Capital conoció la operación de GBarbosa en el nordeste brasileño y confirmó en terreno el buen momento por el que atraviesa el sector. A cualquier hora del día y en cualquier parte del país, supermercados y centros comerciales evidencian gran movimiento... y no se trata de un fenómeno exclusivo de los grandes centros industriales.

El gerente general de GBarbosa, Gerard Scheij, aporta en ese sentido: “el nordeste de Brasil está viviendo casi una revolución en términos de consumo, con un fuerte aumento en la renta y estabilidad en el empleo”, destaca.

Scheij cree que las oportunidades de crecimiento para este sector son mayores. Actualmente en el negocio existe una alta fragmentación; de hecho, las cinco mayores empresas del país representan sólo el 36,5% del mercado, situación que hace cada vez más atractivo para inversionistas chilenos y extranjeros operar en el país, advierte.


SONDA: Llegaron para quedarse

Llegaron en 2002 a un mercado avanzado en materia tecnológica... y no arrugaron. La operación se veía más que interesante, no sólo por su gran potencial en número de clientes sino por el nivel de inversión en tecnologías de información (TI). “Acá se invierte más de 10 veces lo que se invierte en Chile. Mientras en Chile hoy día se gastan cerca de 2.000 millones de dólares en TI, en Brasil esa cifra supera los 20 mil millones al año”, estima Rodrigo Peña, investor relation de SONDA.

Con todo, la operación brasileña de SONDA, que partió con la implementación de soluciones para fondos de pensiones y el sistema de semaforización de la ciudad de Sao Paulo, ha continuado creciendo a paso firme.

Si bien, advierte, no son los mayores operadores, no se han quedado con los brazos cruzados. Ejemplo de ello fue la adquisición de la brasileña Prowork el año pasado, por 118 millones de dólares, la que se enmarca dentro del plan de la tecnológica para el período 2007-2009.


5. La democratización del Bovespa

En un golazo se ha transformado el fenómeno bursátil en Brasil. No sólo por sus rentabilidades o records en los volúmenes transados –a estas alturas ya es la tercera mayor bolsa del mundo, después de Nueva York y Shanghai–, sino que también por su propagación a la clase media, la que cada día se integra más a los clubes de inversión, participando de esta nueva bonanza.

Muchos dicen que se han comprado casas, que han viajado o que han adquirido su primer auto, invirtiendo en la Bolsa de Sao Paulo. Más allá de las oscilaciones propias de los mercados de renta variable, en distintos momentos del tiempo quienes han entrado a este mercado han podido capturar para sí retornos de dos y hasta tres dígitos, lo que ha dado forma a un círculo virtuoso que atrae a más inversionistas.

Hoy, el perfil del nuevo inversionista es diverso: hay desde agricultores hasta guías de turismo, estudiantes y vendedores, lo que da cuenta del exitoso proyecto de democratización que puso en marcha en 2002 el Bovespa (Bovespa va a vocé) y que no pretende más que aumentar la base de inversionistas, incluyendo a la clase media. Capital entrevistó a varios de ellos y no le fue difícil ubicarlos, porque están en todas partes, en las calles, aeropuerto y playas. Cómo no, si a la fecha hay casi 500 mil brasileños comunes y corrientes que son dueños de acciones.

“Yo hace cinco años que tengo papeles de Vale y Petrobrás”, cuenta Joao Amorim, unos de los cientos de guías turísticos de la colorida ciudad de Salvador de Bahía. Partió con unos pocos ahorros –ya ni se acuerda cuántos–, que le permitieron adherir a un club de pequeños inversionistas que mes a mes cancelaban una cuota de 85 reales. Cuenta que de a poco fue invirtiendo más, un acierto que en los dos últimos años le ha permitido disfrutar de la rentabilidad de sus fondos (que en algún momento superó el 1.000%). “Esto me ha permitido hacer un par de viajes a Europa y comprarme un auto nuevo”, cuenta.

Podría ser un caso aislado, pero no es así. Amorim cuenta que su hermana, que es profesora, también apostó a la bolsa a través de otro club, “y con los dividendos que obtuvo, por primera vez pudo viajar fuera del país”.

Este fenómeno ha elevado el nivel de información que manejan los ciudadanos. Amorim nos habló con sorprendente solvencia de la economía y política. Y se mostró algo perturbado porque este año el país no va a crecer el 5%, como esperaba. “Una lástima, porque eso igual nos afecta”, dice.

Y es que como él, miles son las personas que día a día ingresan a los sitios web de sus corredoras para realizar transacciones. Hace rato que la “rueda” dejó de bailar al ritmo de los gritos y los teléfonos. Muy por el contrario, al recorrer su sala de operaciones, sólo oímos el eco de la conversación que sosteníamos con la gerente del Programa de Popularización del Bovespa, Patricia Quadros.

La ejecutiva nos explicó que desde la década pasada todas las operaciones son absolutamente automatizadas a través de un sistema de negociación electrónica, que fue clave para ampliar el volumen potencial de información. Más interesante aún es el sistema que permite que el inversionista, por medio del sitio web de su corredora, transmita su orden de compra o de venta directamente al sistema de negociación del Bovespa.

Este sistema, denominado Home Broker, registró en mayo pasado niveles récord en todas sus categorías: monto negociado (22.900 millones de dólares), monto promedio diario (1.000 millones de dólares) y total de negocios realizados (2.000 millones de dólares), entre otros... Claro que uno de los negocios favoritos de los inversionistas es el After Market, un sistema exclusivo del Bovespa que permite hacer remates electrónicos nocturnos.

Sin saberlo, en el Bovespa se prepararon para el boom que desde 2003 invadió de optimismo el número 275 de la Rua XV de Novembro –donde está la sede de la bolsa–. Precisamente desde ese año este mercado ha crecido en forma sostenida, siendo el único con rentabilidad positiva entre de las 10 mayores bolsas del mundo.

Este año alcanzó su máximo histórico con 73.516 puntos. Euforia desatada luego de que ese mes alcanzara por segunda vez consecutiva el ansiado “grado de inversión”, primero otorgado por Standard & Poor’s y luego, por Fitch. Ambos anuncios no sólo vinieron a reafirmar su condición de nueva potencia económica, sino que abrieron la puerta a la llegada de nuevos capitales al país, ya que muchos inversionistas institucionales internacionales sólo pueden inyectar recursos en países con ese grado.

La más grande

Hoy, Bovespa Holding es la tercera bolsa más valiosa del mundo, moviendo activos diarios por más de 4.000 millones de dólares, y la primera de la región, acaparando el 75% del mercado accionario de América latina, seguida por las bolsas de México y Santiago. Dicha posición se vio consolidada luego de la fusión entre la Bolsa de Valores de Sao Paulo y la Bolsa de Mercados & Futuros, que se aprobó en mayo pasado.

El objetivo de la alianza fue justamente alcanzar un tamaño importante para atraer inversionistas globales y poder realizar aperturas y transacciones de calibre mayor. Tan claro lo tienen, que de hecho el presidente de la Bolsa brasileña, Gilberto Mifano, ha señalado en más de una oportunidad que esa era la única forma de impedir que las grandes empresas locales y multinacionales migraran a Nueva York para hacer sus aperturas.

Y lo lograron. Ejemplo de ello fue el IPO realizado en junio pasado por la petrolera local OGX, que recaudó la histórica cifra de 4.100 millones de dólares en su primer día de cotización, constituyéndose en la mayor apertura bursátil de ese país y de la región.

Con todo, este no ha sido un buen año en materia de aperturas. De hecho, de las 35 anunciadas sólo se han efectuado cuatro, debido a la mayor cautela por parte de los inversionistas internacionales.

Corredores y analistas brasileños aseguran que el número de ofertas públicas iniciales generadas el año pasado, cuando llegaron a 64, difícilmente se repetirá. “Fue un momento excepcional y, en las actuales condiciones de volatilidad, dudo que vuelva a ocurrir”, reafirma Luiz Osorio Leao, de Bradesco Asset Management.

Popularización

Pero el trabajo de las autoridades del Bovespa no sólo apunta a generar las condiciones para atraer capital extranjero, sino que también busca invitar a más brasileños a esta fiesta. Su objetivo es nada menos que tres de cada cinco personas inviertan en acciones. Hoy ya son más de 500 mil los brasileños dueños de papeles y la idea es sumar más, los que podrían venir del mundo rural, que hoy producen el 5% del PIB, con ventas por sobre el billón de dólares. A la fecha son varias las iniciativas
de inclusión que han despertado el interés de los pequeños inversionistas. Una de las más exitosas son los clubes de inversión, que ya suman más de 2.500 organizaciones que agrupan a más de 153 mil inversionistas y cuyo patrimonio líquido totaliza más de 10 mil millones de dólares.

“Este proyecto nació porque nos dimos cuenta de que el brasileño no entendía cómo operan los mercados, no tenía esa cultura; menos, con la experiencia de la hiperinflación, cuando prácticamente todo el dinero que le llegaba tenía que consumirlo, porque si no se le devaluaba en el bolsillo”, recuerda Patricia Quadros.

Partieron dictando cursos de finanzas, luego hicieron un puerta a puerta en colegios, universidades, campos y playas, informando de la operación y beneficios de participar del mercado de valores. Luego agregaron campeonatos interescolares de inversiones, premiando en algunos casos a los ganadores con más de 2.000 dólares, los que para su gestión debían ser derivados a un banco de inversión.

“Lo que hemos hecho es que se integren al sistema no sólo los grandes inversionistas, sino que los más pequeños”, enfatiza Quadros.


Entrevista: la guardiana del mercado

La Comisión de Valores de Brasil se ha convertido en una de las agencias reguladoras más respetadas del país. La máxima autoridad de esa institución contó a Capital que están fortaleciendo la supervisión y endureciendo las penas, las que van desde multas millonarias hasta la inhabilitación para operar en el mercado financiero.

María Helena Santana tiene experiencia de sobra en el mercado de capitales: trabajó por más de una década en la Bolsa de Sao Paulo y desde el año pasado asumió como presidenta de la Comisión de Valores Mobiliarios (CVM). En medio de su apretada agenda recibió a Capital en sus oficinas de Brasilia, para conversar acerca de la evolución y avances del mercado de capitales de su país y de la necesidad de fortalecer las instituciones fiscalizadoras y los mecanismos de sanción; particularmente, en lo relativo al uso de información privilegiada.

P: ¿De qué manera la Comisión de Valores Mobiliarios ha impulsado el desarrollo del mercado de capitales en Brasil?

R: Desde el 2002 hemos tratado de hacer una profunda reforma a las leyes de Sociedades Anónimas y de Mercado de Capitales, y la verdad es que en principio no fue lo que esperábamos, dado el fuerte lobby realizado por las compañías. Pero se logró avanzar en puntos importantes, como la igualdad entre socios minoritarios y controladores.

P: ¿Qué cosas no pudieron hacer producto de ese lobby?

R: Se pretendía incluir más resguardos a los minoritarios, pero no fue posible. Aunque se lograron derechos como recibir una oferta pública de acciones cuando hay una venta de control, por lo menos para los que son tenedores de acciones con voto. Por otro lado, la CVM se tornó más independiente y hoy sus directivos tienen un perfil más técnico. De hecho, ya no son sólo nombrados por el presidente de la República, sino que deben ser aprobados por el Congreso.

P: Eso es clave, por el rol que la CVM cumple.

R: Claro, antes la CVM sólo fiscalizaba los fondos de acciones y derivados de acciones y el Banco Central, el resto. Ahora, todo está a cargo de nuestra institución: la bolsa de futuros y todo el mercado de derivados.

P: En este nuevo escenario, ¿cuáles son las prioridades de la CVM?

R: Actualmente la primera prioridad, y la más relevante, es fortalecer el equipo y las investigaciones. Esto ha derivado en la detección de malas prácticas, las que han sido identificadas e investigadas, con acusaciones presentadas por la Comisión. Con esto hemos logrado reducir en forma importante estos casos. Hubo dos o tres años en que tuvimos más de 100 investigaciones de malas prácticas por año y ponernos al día ha sido un trabajo intenso.

P: ¿A qué prácticas se refiere?

R: Sobre todo, a las que tienen que ver con manipulación del mercado, uso de información privilegiada y delitos de orden societario, como fallas en la divulgación de información, en las auditorias y en otras, ligadas a fondos de inversión. Todos, casos muy difíciles de probar.

P: La falta de prueba parece ser la piedra de tope de los entes fiscalizadores. ¿Cuál es la deficiencia que complica dar con la prueba?

R: A la larga esto pasa en todos los mercados, no sólo por la naturaleza del delito, sino también por falta de herramientas. Es por esto que contratamos a una consultora internacional, que, por coincidencia, también trabaja para la Superintendencia de Chile, y ellos nos han asesorado en proponer medidas para fortalecer esta actividad.

P: ¿Qué medidas?

R: En principio hemos creado una división encargada de procesos y de investigaciones. Además, estamos especializándonos, entrenando e invirtiendo en las personas para que puedan investigar casos como esos. Saber exactamente las primeras medidas que tienen que tomar y con qué rapidez, hacer todo para aumentar nuestras oportunidades de probar y sancionar estas prácticas. También hemos modificado procedimientos, de modo de dar urgencia a los casos más importantes, para juzgarlos más rápido.

P: ¿Han trabajado el tema de las multas y sanciones?

R: Por supuesto. En el caso de las multas, éstas pueden llegar a ser hasta tres veces el daño o perjuicio. La más grande ha sido de 264 millones de reales, unos 164 millones de dólares.

P: Pero tengo entendido que las penas también involucran inhabilitación para actuar en el mercado.

R: Efectivamente. No se trata sólo de multar al que infringió la norma: nuestras penas también involucran desde advertencias hasta inhabilitación permanente para actuar en el mercado. Un ejemplo de ello sucedió a comienzos de este año, cuando suspendimos a dos ex administradores que habían negociado con información privilegiada; pero no con los papeles de la compañía donde trabajaban, sino con los de la compañía que iban a adquirir y que después el negocio no marchó. En este caso, se les prohibió actuar en el mercado de valores por 5 años y se les impide ejercer cualquier cargo de administración de compañías abiertas.

P: ¿Cómo han sido recibidas estas medidas por el mercado?

R: Sin duda, en forma positiva. Esto se ve también reflejado en el volumen de recursos que las compañías están levantando, de los productos que ofrecemos y en el tratamiento para inversionistas extranjeros. Fíjese que hoy más del 70% de las ofertas públicas de acciones que lanzan las compañías brasileñas han sido compradas por inversionistas extranjeros. Y de las 100 compañías brasileñas que se han abierto en los últimos años, sólo dos se han listado en la bolsa de Nueva York, lo que es un reconocimiento a la liquidez del mercado doméstico y al ambiente regulatorio.

Conflicto de interés

P: En el mercado de valores también están presentes empresas mixtas. ¿A la autoridad no le genera un conflicto regular este tipo de firmas, siendo juez y parte?

R: Es más, incluso hay compañías que son del Tesoro, como el Banco do Brasil, cuyo controlador está en el mismo ministerio del cual dependemos. Sí, la verdad que es un tema complicado, pero en ese caso hacemos lo que tenemos que hacer y que es aplicar la regulación igual que al resto.

P: Pero en este caso las presiones deben ser mayores...

R: No, tengo que admitir que no hemos enfrentado presiones.

P: Y ¿qué pasa con las sanciones? ¿Se aplica mano dura o mano blanda para las empresas con participación del Estado?

R: También hemos aplicado penas muy fuertes a muchas compañías estatales y a sus dirigencias.

P: Al igual que en Chile, en Brasil existen voces que hablan de una excesiva regulación al mercado de capitales.  ¿Hasta qué punto tienen justificación estas críticas?

R: Cuando teníamos todas las empresas huyendo de Brasil a Nueva York se decía que era por exceso de costos y de regulación. Entonces, al mismo tiempo que había este reclamo, la bolsa apostó en el sentido opuesto y dijo: los que quieren hacer más, ser más transparentes y ofrecer más al inversionista, van a ser recompensados… Nosotros apostamos a eso y ha sido correcto. El inversionista ha recompensado a estas compañías y éstas han vendido sus acciones a múltiplos mucho más altos.

Hoy no se dice que hay costos de más o que es terrible ser una compañía listada. Si tú quieres estar ahí, tienes que invertir en controles, en estructuras, en personas. Esto no es algo que el regulador perverso ha inventado, esto es un juego en el que quiere entra y el que no, sale.
 

6. Tras el millón de amigos

“El éxito de Brasil tiene una resonancia global”, dice la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice. Un diagnóstico que coincide con los objetivos trazados por Itamaraty. “Queremos que nos vean como un país importante ahora”, reclama Lula al mundo, lo que abarca desde la organización de los Juegos Olímpicos de 2016 hasta integrar en forma permanente el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por Claudia Heiss.

Una combinación virtuosa de aciertos políticos y condiciones estructurales hace que Brasil ocupe hoy un lugar inédito como líder regional y como paladín de los intereses del mundo en desarrollo. El presidente, la cancillería y el equipo económico de ese país han logrado combinar magistralmente los ideales que llevaron a Lula al poder con políticas pragmáticas en un delicado equilibrio que mantiene a Brasil amigo de moros y cristianos.

Las afirmaciones de Condoleezza Rice en el último número de la revista Foreign Affairs resaltan el indiscutible peso internacional que ha adquirido el gigante sudamericano, en momentos en que su economía vive un impresionante período de expansión.

En un documento que expone las prioridades de la política exterior de Estados Unidos, la secretaria de Estado señala que su país debe tender puentes con actores emergentes y, en especial, con India y Brasil. “El éxito de Brasil en el uso de la democracia y los mercados para enfrentar siglos de perniciosa desigualdad social tiene una resonancia global”, admite y agrega: “tenemos un interés vital en el éxito y prosperidad de estas y otras grandes democracias multi-étnicas de alcance global”.

¿Cómo se explica que los Estados Unidos de George W. Bush presenten a Lula da Silva, un líder sindical que llegó al poder con una agenda esencialmente redistributiva, como un aliado estratégico en América latina? Las palabras de Condoleezza buscan destacar entre las potencias emergentes a aquellas que poseen sistemas democráticos. Anticipando los cambios geopolíticos que traerá el desarrollo explosivo de países como China, India, Brasil, Rusia, Sudáfrica e Indonesia, Washinton pretende ejercer influencia aliándose con países que, como Brasil, tienen además de potencial económico una tradición política democrática.

La hora de Brasil

Aunque por su tamaño, población y solidez institucional, siempre se ha entendido a Brasil como a un actor de primera relevancia en América latina, sus favorables perspectivas económicas hacen pensar que ahora sí llegó la hora de que este país deje de ser una promesa y se convierta al fin en una potencia de peso mundial.

Haciendo lobby en Beijing para que los juegos olímpicos de 2016 se desarrollen en Río de Janeiro, Lula dijo hace poco que Brasil “ya no quiere ser visto como un país con futuro, como un país con gran potencial; queremos que nos vean como un país importante ahora”. Y señaló que cuando se realicen esos juegos, Brasil pasará de ser la novena economía mundial a ocupar el quinto lugar, gracias en parte a sus nuevos hallazgos de petróleo.

En un rasgo característico del liderazgo de Lula, el presidente no se limitó a argumentar que sus logros económicos o la capacidad de gestión de la ciudad de Río la convierten en la mejor opción para ser sede de las olimpíadas. Agregó que existe un imperativo ético de que los juegos se desarrollen no sólo en países ricos –Chicago es una de las ciudades candidatas–, sino también en los que están en vías de desarrollo: “las personas humanistas no creen que las olimpíadas deban realizarse sólo en países ricos, sino también en otros continentes que no son tan acomodados. Nada es más sagrado que la democracia practicada a través del deporte”, proclamó.

La política exterior, encabezada por el canciller Celso Amorim, ha buscado replicar esta combinación de peso específico, basado en la economía y el poder político, con los ideales sociales del gobierno. En esa cartera descansan principalmente los esfuerzos por convertir las ventajas de Brasil en liderazgo global.

Itamaraty, el servicio exterior brasileño, es uno de los más profesionales y eficientes de la región. Y tiene sus objetivos claros. Según escribe el académico de la Universidad de Brasilia Alcides Cosa Vaz en la revista Nueva Sociedad, los objetivos de política exterior de Lula no difieren mayormente de los que sostenía su antecesor Fernando Henrique Cardoso. Lo que sí ha cambiado es el estilo: ahora, más activo y decidido en torno a esas metas permanentes.

Una de ellas es construir alianzas regionales y globales orientadas a la causa del desarrollo económico y social. Cuando el banco de inversiones Goldman Sachs creó la categoría de países BRIC para referirse a Brasil, Rusia, India y China como economías emergentes, su objetivo era puramente descriptivo. Sin querer, el ojo de los inversionistas internacionales puso a Brasil en un nuevo escenario político junto a otras potencias emergentes. No sería raro que este nuevo “bloque” termine convirtiéndose en un referente de coordinación política, basado en los intereses comunes de estos países.

De hecho, ya en la fracasada Ronda de Doha de fines de julio Brasil jugó un papel central intentando conciliar las demandas de India y China con la posición de Estados Unidos. Lula no se cansa de repetir que insisitirá en retomar las conversaciones, lamentando que se estuviera tan cerca de alcanzar un acuerdo que no llegó. Analistas coinciden en señalar que el nuevo papel de Brasil le otorga mayor capacidad de presionar a Estados Unidos y Europa en las negociaciones comerciales. Una de sus principales demandas es que los países más ricos reduzcan los subsidios que otorgan a sus agriculturas.

El amigo de todos

Tras las elecciones que le dieron el triunfo en 2002, Lula pasó a engrosar las listas de lo que el ex canciller mexicano Jorge Castañeda bautizó como “giro a la izquierda” de América latina. Los analistas tendieron a situarlo entre los gobiernos tildados de populistas, por su discurso centrado en reducir la desigualdad social.

Una de las plataformas de campaña del nuevo presidente fue la creación de mecanismos de subsidio directo y crédito a los sectores más pobres. Las promesas no se quedaron allí y se convirtieron en “Becas Familia” que dieron acceso al consumo por primera vez a amplios grupos hasta entonces completamente marginados. La inversión social creó las condiciones para lo que hoy es un bullente foco de pequeñas empresas que dan empleo y contribuyen a dinamizar la economía en áreas rurales ahora hoy estancadas.

Junto con cumplir sus promesas con los más pobres, el gobierno se ha encargado de tranquilizar a los inversionistas con un manejo económico que no ha modificado sustancialmente la línea del gobierno anterior. En el marco de las reformas estructurales realizadas por Cardoso, los programas sociales de Lula –con un gasto público cuatro veces mayor al de México— han logrado reducir en seis puntos la diferencia de ingresos en el país. Al mismo tiempo la actividad productiva se ha diversificado. La inversión en tecnología y el desarrollo del mercado de biocombustibles, especialmente etanol, han creado nuevos polos de empleo y desarrollo.

Con un proyecto socialdemócrata y libremercadista, Brasil ha logrado quedar justo a medio camino entre Estados Unidos y Venezuela. En este punto, el manejo político de Lula ha sido crucial. Hoy, Brasil se presenta como el amigo de todos, lo que le permite jugar un papel articulador en el concierto internacional. Muchos contrastan su moderación y bajo perfil con el carácter rimbombante de Hugo Chávez.

El diario norteamericano The New York Times señaló hace poco que Brasil está silenciosamente eclipsando a su aliado venezolano, tanto en materia política como económica. “El señor Da Silva ha diversificado la ya sólida base industrial de Brasil y creado una amplia coalición con casi una docena de vecinos. Enormes descubrimientos recientes de petróleo en aguas brasileñas le han permitido opacar los esfuerzos de Venezuela por usar su riqueza petrolera para ganar influencia”.

Tal vez esta marcada diferencia de estilos entre Lula y Chávez tenga que ver con el origen de ambos líderes: el primero se formó negociando en sindicatos, mientras el segundo lo hizo dando y recibiendo órdenes militares. Lo cierto es que Lula prefiere un acercamiento amistoso y poco confrontacional, incluso cuando aborda sus diferencias con otros países, y esa estrategia parece estar rindiendo frutos.

Liderazgo internacional

Por concentrar alrededor de la mitad de la población y del PIB de Sudamérica, Brasil está llamado a ejercer un liderazgo regional. Pero la actual coyuntura política y económica ofrece al país un papel que va más allá de esas condiciones estructurales y que los líderes brasileños han sabido aprovechar. El analista ecuatoriano Adrián Bonilla sostiene que la estrategia brasileña es no usar su poder para avasallar, sino para convocar. “El estilo de Lula de discreción es el que se ajusta a las necesidades de una potencia media, que no quiere aparecer como hegemónica, que no puede ejercer un liderazgo por coerción, sino por consenso”, define Bonilla.

Un pilar de la política exterior brasileña es la promoción de intereses nacionales en el plano internacional, apoyando el comercio exterior como herramienta para el desarrollo económico y promoviendo una reforma del orden político entre los países del mundo, para hacerlo más justo y equitativo. En ese marco se entiende la campaña que ha llevado a cabo Brasil por expandir el Consejo de Seguridad de la ONU y obtener para sí –a pesar de la reticencia argentina– un asiento permanente en ese órgano. Con apoyo de gran parte de la comunidad internacional, que rechaza una ONU hecha a la medida de los vencedores de la segunda guerra mundial, Brasil se ha convertido en paladín de esa reforma.

El canciller Amorim no se cansa de repetir que, de no reformarse, la ONU perderá toda legitimidad a los ojos del mundo. “Si en el Consejo de Seguridad no hay representación permanente de países en desarrollo, que son la mayoría en el mundo, ¿cómo se pueden tomar decisiones que inciden precisamente en la vida de esos países? La legitimidad de la ONU quedará afectada si no ocurre esa reforma”, señaló en una reciente entrevista radial y a pocos días de recibir en su país al presidente de la Asamblea General del organismo.

Por otro lado, Brasil ha logrado un papel regional preponderante en el marco del Mercosur, un mercado común donde juega el rol de potencia más rica e industrializada. También ha afianzado su liderazgo con la reciente creación de Unasur, bloque que reúne a los países de Mercosur y de la Comunidad Andina de Naciones, CAN. Como parte de Unasur, el presidente Lula propuso la creación de un Consejo de Seguridad de los países sudamericanos, proyecto que había sido inicialmente rechazado por Colombia pero que ya aceptó el presidente de ese país, Alvaro Uribe. Se trata de la primera instancia regional de este tipo para la cooperación en temas de seguridad y defensa.

El Banco de Cooperación de Brasil, BNDES, entidad destinada a financiar proyectos para el desarrollo, invirtió el equivalente a 4,2 mil millones de dólares el año pasado, lo que lo convierte en un importante órgano de influencia. Incluso otorgó préstamos para la expansión del metro de Caracas.

Brasil encabeza en Haití la misión de paz más importante de Naciones Unidas en América latina, MINUSTAH. Allí tiene desplegados a 1.200 soldados. A pesar de todos estos logros políticos, el mandatario brasileño ha señalado que no aspira a ningún liderazgo, sino sólo a hacer bien su trabajo. “En América latina no estamos buscando un líder. No necesitamos un líder. No me preocupa ser el líder de nada. Lo que quiero es gobernar bien mi país”, señaló en una entrevista el año pasado. Y esa es precisamente la fortaleza de su gobierno. Ya lo decía Roberto Carlos: para cantar más fuerte, hay que tener un millón de amigos.


7. Metamorfosis social

Autos, casas y viajes son la demanda más inmediata de los más de 10 millones de personas que han mejorado su condición social. Los principales think tanks brasileños hablan de una nueva clase media, la que por primera vez en su historia supera la mitad de la población. Todos, con sed de consumo y sin miedo a endeudarse para obtener lo que antes les era inalcanzable.

Que diariamente se abra más de una sucursal bancaria en el país no es casualidad. Y no lo es, porque los últimos dos años han sido de gloria para la economía brasileña, con una verdadera fiesta del consumo que, por cierto, va de la mano de una expansión febril de los créditos. Sólo durante 2007 los bancos vieron crecer exponencialmente los créditos de consumo y los hipotecarios (en cinco años estos últimos se multiplicaron por 10), las ventas de automóviles marcaron cifras record, con más de dos millones de autos vendidos, y el mercado inmobiliario se consolidó como el sector que más crece, con una expansión superior al 100%.

Está claro: en Brasil las palabras depresión y crisis hoy no se pronuncian. Al menos, por ahora. No hay que acudir a centros de estudios para darse cuenta de que ha nacido una nueva clase media, que demanda todo aquello que antes le estaba vedado: auto, vivienda, vacaciones en el extranjero. El fenómeno es palpable incluso en Chile, ¿o acaso no ha escuchado, con más frecuencia que nunca, ese acento portugués inconfundible cuando visita un mall o sube a un centro de ski?

Los más prestigiosos think tanks brasileños están virtualmente sobrepasados analizando el fenómeno de la nueva clase media y la movilidad social que ha alcanzado al país. Uno de ellos es la conocida Fundación Getulio Vargas, que recientemente publicó un acabado estudio al respecto.

Las claves y los responsables

Los indicadores de movilidad son sorprendentes. Por primera vez en su historia, la clase media o la clase C –como se la de- nomina formalmente– superó la mitad de la población, con un 51,89%. Un notable avance, si se considera que hace cuatro años ese porcentaje era 42%. La pobreza cayó del 35% al 24% en cinco años y la indigencia, aseguran, se ha reducido en casi tres millones de personas en el mismo período.

Es precisamente esta dinámica la que se traduce en una mejora sustancial de los ingresos, que de inmediato ha ampliado la base de consumidores efectivos. De acuerdo con cifras de la Fundación Dom Cabral, este proceso de promoción social ha generado en cinco años un movimiento extra de 73.000 millones de dólares en la economía.

Aunque las cifras impresionan, lo cierto es que están concentradas en un puñado de urbes industrializadas –Sao Paulo, Río de Janeiro, Porto Alegre y Belo Horizonte–, que superan a la media nacional. Pero también hay síntomas positivos: las regiones nordestinas –tradicionalmente más pobres– también han tenido avances importantes, aunque la clase media aún está lejos de ser la mitad de su población.

Pese a ello, el optimismo es imbatible. Después de décadas perdidas en el combate a la pobreza, la combinación entre el crecimiento del PIB y el aumento de ingresos de la población más pobre está cambiando ostensiblemente el mapa social brasileño. Es más, de acuerdo con estimaciones realizadas por el director del Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio Vargas, Marcelo Neri, si Brasil logra crecer durante cuatro años consecutivos a un ritmo del 5% anual, la pobreza podría caer a la mitad, lo que no es poco en un país donde los pobres alcanzan los 50 millones de habitantes.

Cuando se trata de identificar las claves de este cambio, surgen de inmediato varias hipótesis. La primera tiene que ver con que en diez años se pasó de una generación de empleo decreciente a una generación de puestos de trabajos formales superior a 1,8 millones en los últimos doce meses. Lo anterior, aparejado a un incremento de la renta media, que creció 10% en los últimos cincos años, ha permitido elevar los ingresos mensuales por familia a cerca de 1.243 dólares.

Pero el que por lejos se ha llevado todos los méritos en esta cruzada es el presidente Lula, quien con su programa estrella Bolsa Familia no sólo ha contribuido a solventar los gastos más básicos de la población, sino que además ha introducido el concepto de la bancarización de los segmentos más desposeídos, al entregar un bono de 80 reales al mes en una tarjeta de débito, a lo que se añade el acceso a microcréditos, tanto para pobres como para jubilados.

La huella de la inmigración

Lo más sorprendente de todo es que esta movilidad se ha dado casi en forma natural. En Brasil poco importan las apariencias y las procedencias. De hecho, el mejor ejemplo de aquello es el mismísimo Lula, quien pasó de ser un obrero siderúrgico a presidente de la República. “No sé si eso pueda darse en muchas partes; al menos en Chile, lo dudo”, sentencia el ejecutivo chileno Máximo Pacheco.

Y es que si hay algo que ha palpado Pacheco en sus casi cinco años de estadía en Brasil es la gran movilidad social y la diversidad de su gente. “Aquí es posible entrar de junior a una empresa y terminar
como presidente de la misma”.

Muchos dicen que lo anterior se debe en parte a los procesos migratorios que, a lo largo del siglo pasado, inundaron diferentes regiones del país. Es cosa de hacer un pequeño recorrido por las calles de Sao Paulo para ver que allí convergen personas de los más distintos orígenes: africanos, libaneses, italianos, chinos, coreanos y japoneses.

Es que en Brasil hasta la inmigración es un tema a estudiar. A saber, están aquí las mayores comunidades de nipones, italianos y libaneses fuera de sus respectivos países. Ese también es Brasil: el grande, el pobre (cada vez menos pobre), el diverso y también el cosmopolita.

La fiebre del consumo

Aunque el indicador de confianza del consumidor cayó 4,9% en los últimos meses, en las calles no se percibe pesimismo. Muy por el contrario, los brasileños compran y compran, ya sea en las tiendas más lujosas como en las casas comerciales más populares. Los mall están siempre llenos y las tiendas de lujo ya no sólo abren en la exclusiva avenida Oscar Freire, en el corazón de Sao Paulo, sino en los centros de negocios y vías principales de Río, Salvador y Brasilia. Un ejemplo de ello es la proliferación de las famosas joyerías H. Stern, las que prácticamente están en todos lados. No hay aeropuerto, centro comercial o calle céntrica donde no esté su característica vitrina dorada. Esto sólo viene a confirmar que el crecimiento del consumo interno (12% anual) está lejos de aguarse. Su crecimiento está avalado por el masivo acceso al crédito, fuente de recursos que era inaccesible para la gran masa hasta hace algunos años.

 “La experiencia de la hiperinflación fue dramática, tanto para los bancos como para las personas, porque los niveles de deuda se multiplicaban diariamente. En el caso de los créditos hipotecarios, muchas veces la deuda crecía más que el valor del inmueble”, recuerda el vicepresidente del Banco do Brasil, José María Rabelo.

Pero los tiempos cambiaron y las cifras que muestra el departamento económico del Banco Central de ese país lo confirman. El volumen de créditos en Brasil subió a unos 675.000 millones de dólares, cifra equivalente al 36,5% del PIB, alcanzando el mayor nivel en 13 años. A este ritmo de crecimiento, si se cumplen las expectativas del Central, 2008 cerrará con un crédito equivalente al 40% del Producto Interno Bruto.

Al brasileño no parecen importarle las altísimas tasas de interés que en promedio llegan al 40% anual. El paga, y con gusto. De hecho, el índice de morosidad –que considera atrasos superiores a 90 días– cayó 4,3%, su menor nivel desde 2005.

Los bancos están felices. Bradesco, la mayor entidad financiera privada de Brasil, espera que su división de créditos represente en el corto plazo el 30% de sus utilidades, impulsada básicamente por el área automotriz y, en menor medida, por los créditos inmobiliarios.

En el caso de la mayor institución financiera pública, el Banco do Brasil, recién este año profundizará su ingreso al área de financiamiento de vehículos e inmuebles, en el que hasta ahora prácticamente no participaba.

Rabelo señala que en esta carrera el Banco do Brasil tomará posiciones de avanzada. Y es que con una cartera de más de 26 millones de clientes, difícilmente sus competidores podrán hacerle el peso. “Aquí hay mercado para todos. El volumen de créditos en el país aún es muy bajo, sólo del 36%. Hay mercados como Chile, donde esa cifra es superior al 80%”, advierte.

Un mercado en construcción

En Brasil todos hablan del buen momento para comprar. Todo se vende en cómodas cuotas, desde autos –por los que hay bancos que ofrecen hasta 100 meses de plazo– hasta las viviendas, las que por primera vez tienen plazos de pago superiores a 15 años y por las que hay opciones de compra por cuotas de 300 reales mensuales (unos 186 dólares, es decir, por algo más de la mitad del sueldo básico).

Los especiales inmobiliarios que traen los diarios los fines de semana grafican el buen momento por el que atraviesa el sector. Hay para todos los gustos. Se usa mucho eso del departamento en las afueras de la ciudad. Se trata de proyectos lujosos, por los que se llega a cobrar hasta 7 millones de dólares por departamento.

El presidente de Sinduscom, Joao Claudio Robusti, señala que al boom inmobiliario también se suman las grandes obras civiles, impulsadas por el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) que lleva adelante el gobierno para la construcción de carreteras y puertos. Eso, sin contar las obras de infraestructura que desde ya se contemplan para la Copa del Mundo (2014) y para las Olimpiadas el2016, que Brasil aspira a realizar.

A la par también crece la inversión en infraestructura turística; particularmente, en el nordeste de Brasil y en el estado de Río Grande do Norte, donde inversionistas ibéricos se han prácticamente “tomado” esas regiones. De hecho, hay algunos de estos proyectos que tienen como “rostros” de sus campañas a fi guras como el actor Antonio Banderas o el futbolista Ronaldo.

Es tanto el atractivo de estas zonas, que se estima que de los 70 millones de turistas que visitan Brasil cada año, cerca de un 5% quiere tener en estos lugares una segunda vivienda. De ahí que, según cifras del gremio, sólo la región del nordeste comercializará en los próximos cinco años cerca de 80 mil casas y departamentos para extranjeros.

Robusti señala que esta vez, a diferencia de otros ciclos de bonanza, la expansión inmobiliaria se extiende a todas las regiones y que las opciones son mayores, toda vez que hoy existe un déficit de más de 3 millones de viviendas.


8. Amazonas: disyuntiva verde

Todos los ojos del mundo están puestos en Brasil. El país es dueño de la principal reserva de vida del planeta, el Amazonas. Pero más que disfrutar de los beneficios de tener este patrimonio ambiental en su territorio, enfrenta permanentes cuestionamientos por su manejo. No es fácil lidiar con los que quieren explotar la selva y los que quieren mantenerla. Por eso, el gobierno se ha empeñado en poner en marcha un plan que dé sustentabilidad al desarrollo económico de la zona y ataque la deforestación.

Para decirlo en términos prácticos, Brasil es el mayor proveedor de aire del planeta. Su territorio alberga el porcentaje más importante de la selva del Amazonas (casi un 70%), que a su vez es la décima parte de todos los bosques del mundo. Por eso, los científicos dicen que el aire que respira la humanidad se purifica principalmente en ese lugar.

Es tan fuerte el poder de esta cuenca –con una superficie que ronda los 7 millones de kilómetros cuadrados–, que por sí sola regula el clima de casi toda América del Sur. De ahí que los ojos del mundo estén puestos, inevitablemente, sobre este pulmón verde y las decisiones que se tomen a su respecto. En el último tiempo, la discusión ha girado –por ejemplo– en torno a si el país debe o no reemplazar bosques o cultivos agrícolas del Amazonas por caña de azúcar para la producción de etanol para combustible.

El papel de Brasil no es fácil. Tiene que lidiar con organizaciones ambientales que exigen la mantención intacta de los bosques amazónicos y una realidad económica interna que mezcla distintos intereses. Algunos piden a gritos mayor cantidad de tierras para cultivos de soya, granos o caña de azúcar y otros quieren seguir explotando los bosques para proveer de madera y materias primas a distintos tipos de industrias. Entremedio, están las culturas originarias que piden resguardar sus territorios o recursos para aprender a explotar sus tierras y otros que ni siquiera las tienen, como los del movimiento de “los sin tierra”, que busca acelerar un proceso de reforma agraria pendiente desde hace varios años en la zona selvática.

Las acusaciones sobre lo que ha hecho o dejado de hacer Brasil en el Amazonas dan para todo. Pero la más grave es la extinción de los bosques milenarios. Greenpeace, por ejemplo, afirma en su sitio web que en los últimos 30 años la tala ilegal ha acabado nada menos que con el 15% del bosque nativo. Varios miles, si no millones, de kilómetros cuadrados que, en todo caso, en el gobierno brasileño no esconden.

Las cifras oficiales del ministerio de Medioambiente de ese país hablaban de unos 29 mil kilómetros cuadrados anuales en deforestación hace 10 años –algo así como dos veces la Región Metropolitana chilena–, que se ha logrado disminuir a unos 11 mil kilómetros anuales. La deforestación ha alterado las condiciones climáticas del país y en los últimos años disminuyeron drásticamente la lluvia y el caudal de los ríos en la zona. Las imágenes publicadas en algunos medios de prensa muestran ríos totalmente secos y animales muertos.

Lo que vive Brasil, en suma, es muy similar a la situación del dueño de la gallina de los huevos de oro: puede contemplar su riqueza natural, pero al menor intento de querer ejercer su soberanía enfrenta las miradas y cuestionamientos externos. Y los enfrenta también si se queda de brazos cruzados. Es una disyuntiva permanente entre querer aprovechar sus recursos libremente, como lo ha hecho el resto de los países, y su condición de salvador del planeta. Antítesis que muchas otras naciones no querrían enfrentar, sin duda.

Ante a esto, las últimas dos décadas han sido muy activas. El país decidió conjugar las voces de todos los sectores en un proyecto común sobre la selva amazónica. Hace algunos años puso en marcha varios programas asociados a la protección de los bosques y su uso económico en condiciones sustentables. Entre las iniciativas más conocidas están el Plan Amazonía Sustentable (PAS) y el de protección de los bosques tropicales. Este último fue la base para el trabajo que desarrollan en la actualidad: evitar que continúe la deforestación indiscriminada e implementar nuevos modelos de desarrollo para las comunidades que habitan en esas regiones.

Manos a la obra

Nazaré Soare es coordinadora del programa de protección de bosques tropicales, dependiente del ministerio del Medioambiente. Se reunió con Capital en Brasilia, sede del poder Ejecutivo del país, para conversar sobre los principales alcances de los programas que el gobierno. Sin duda, se trata de un tema que la apasiona. Habla de la selva y de los programas con mucha soltura y a su alrededor destacan mapas e imágenes de la Amazonía.

Explica que el PAS es una iniciativa que se gestó en 2006 bajo la coordinación del gobierno federal y con el apoyo de los estados de la región amazónica. Enesencia, busca crear alternativas para que las actividades económicas de la selva se vuelvan ambiental y socialmente amigables con el entorno, salvaguardando la subsistencia de ese territorio para el futuro. Es eso, precisamente, lo más complejo, porque hasta ahora es económicamente más rentable para las comunidades talar los bosques a diestra y siniestra que dedicarse a desarrollar otras actividades.

Este plan es consecuencia de varios otros programas que se implementaron en el pasado, como el de protección de la selva que surgió en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medioambiente, realizada en Río de Janeiro en 1992. De hecho, ese trabajo fue la base para comenzar a abordar el tema. “Con ese plan no se buscaba resolver definitivamente los problemas ambientales. Su objetivo era generar nuevos modelos de gestión, crear nuevas experiencias que permitieran al gobierno hacer una mejor gestión en los territorios, en la protección, el uso de la tierra y los recursos naturales. Pero era simplemente una experiencia piloto”, explica.

Lo que se hizo a una escala menor fue entregar recursos a pequeños agricultores y comunidades indígenas para que administraran de mejor forma sus territorios. Pero el programa creció y creció, y al final fue muy difícil controlarlo. En total, unos 428 millones de dólares aportados por el gobierno central y por países como Holanda, Alemania y Japón se utilizaron para las distintas tareas.

Así, como la agricultura familiar es una de las áreas más fuertes en Brasil pero no estaba siendo bien administrada, todo se centró en operar con las familias de menores recursos. “El programa generó nuevos métodos, nuevos procesos y formas de cultivo. Ahora sabemos cuál es la productividad de tal o cual sistema; en qué circunstancias sembrar determinados cultivos; cuál es el límite, cuándo la comercialización puede acontecer, etcétera”.

Soare asegura que el esfuerzo fue económicamente positivo, porque contribuyó a que las familias mejorasen su organización, con habilidades de comercialización y gerenciamiento, que estaban muy poco desarrolladas en la pequeña agricultura. “Ahora, esas comunidades están en condiciones de acceder a créditos estatales, a sacar sus propias cuentas y a hacer cálculos de costo-beneficio; que eran cosas que no sabían”. En total, se apoyó a más de 200 mil familias, muchas de las cuales son dueñas de las más de 100 mil hectáreas agrícolas subutilizadas dentro de la Amazonía.

¿Cómo contribuyó esto a mantener la selva? Con el aprendizaje de patrones de desarrollo, las familias más pobres cambiaron su forma de producir. Antes cortaban y cortaban árboles para luego sembrar cultivos que muchas veces no les rendían o, simplemente, vender la madera. Ahora están capacitadas para administrar técnicas y hacer un manejo sustentable del bosque. De paso, también mejoraron su dieta, porque aprendieron a cultivar frutas y productos más balanceados en términos alimentarios.

“La reducción de la tasa de deforestación no fue una cosa simple. Fue producto de una enorme inversión del gobierno brasileño, que no sólo tiene que ver con el dinero que puso para los programas sociales y de protección, porque también pudo, como Estados Unidos, no adherir al Protocolo de Kyoto porque ponía en juego su economía. lo que no es racional”, afirma.

El Protocolo de Kyoto aludido es un plan mundial que busca reducir los niveles de contaminación ambiental en el mundo, en virtud del cual los países adquirieron compromisos para reducir sus emanaciones de carbono a la atmósfera, y sobre el que Estados Unidos se ha mostrado reacio a participar, por que afecta su modelo económico.

Brasil invirtió hasta 2007 una suma mayor a 300 millones de reales al año (unos 180 millones de dólares) en temas relacionados con la selva, sin incluir programas anexos. Inversión que, por decir lo menos, fue sin retorno económico para el propio país pero sí para el mundo, que sigue beneficiándose de la purificación del aire. Por eso, ya se empieza a hablar sobre el valor económico que debería tener el principal pulmón del planeta.

Deforestación sin freno

El mejor resultado de los distintos programas desarrollados en torno al Amazonas es el fortalecimiento y conciencia del rol que tiene la población brasileña que vive en la selva. “Antes no se percibía de la importancia de la Amazonía como patrimonio ambiental. Para ellos la selva era sólo un impedimento al desarrollo”, dice Nazaré Soare.

Por esto es que no se ha detenido la deforestación. Aunque haya una mayor comprensión de la importancia del bosque nativo, la cuestión económica es mucho más importante para las comunidades. “Los programas actuaron fuertemente en las variables medioambientales, que son una de las causas de la deforestación, pero no sobre las variables económicas y las de desarrollo de las comunidades, que finalmente son las que realizan la tala de bosques”, precisa.

¿Habrá alguna forma de frenar la deforestación, entonces? Le consultamos. Y fue categórica. “El principal problema está en establecer un valor para la selva. Darle uno similar al que tienen otras siembras o actividades económicas. Como el que tienen la soya, el trigo o la madera. Pero la verdad es que hemos fallado en esto y no conseguimos establecer ni agregar valor para la biodiversidad amazónica. Es una cuenta simple: las personas invierten en lo que tiene retorno. Pero el caso es que hasta el momento no hemos invertido en la selva. Por lo tanto, no hemos conseguido agregar tecnología y valor a los productos del bosque… entonces la gente opta por lo que le da retorno más inmediato y prefiere arrasar con la selva para sembrar especies más rentables”.

Por eso, cree que el gran tema es asignar un valor económico al bosque, en virtud de los servicios ambientales prestados a toda la humanidad. Pero, ¿quién paga eso? Dice que cuantificar una hectárea de bosque no es el problema: puede ser similar a la soya u otros productos; el tema es quién está dispuesto a pagar por ello.

“La reducción de la deforestación no es una cosa simple. Menos en un país como Brasil, con 24 millones de personas que habitan en la Amazonía, que quieren vivir bien, que necesitan tener bienestar y que quieren tenerlo todo, como cualquiera”.

Por eso, el país también ha puesto en marcha una serie de sanciones, con multas económicas, encierro y reducción del crédito para quienes no cumplan con el criterio de mantener los bosques. Pero no son suficientes y los programas en torno a la Amazonía continuarán. Ya se trabaja en uno que sucederá al Plan Amazonía Sustentable a partir de 2010, pero tal vez no será suficiente, según Soare. “Si la humanidad no consigue establecer valor para nuestro ecosistema, éste va a desaparecer”, diagnostica con un dejo de inquietud.


9. La acuarela turística

Las playas y el sol ya no son la única oferta de Brasil. Los viajes de negocios y el ecoturismo forman parte de la estrategia eje, el llamado Plan Acuarela, que tiene metas definidas hasta 2010. Un ejemplo de coordinación y claridad entre el gobierno y los privados, con países priorizados y una campaña publicitaria en que nadie queda fuera.

Por Elena Martínez.

Casi seis millones de personas visitaron Brasil en 2007, dejando divisas por más de 5.000 millones de dólares. Y en el primer semestre de este año, los turistas extranjeros gastaron en Brasil más de 2.900 millones de dólares, lo que implica un 20% más que en igual periodo del año pasado. Para que se haga una idea: a Chile en los primeros seis meses llegó 1,4 millón de turistas, que nos dejaron unos 1.000 millones.

Detrás del atractivo Brasil no sólo están las innegables bellezas naturales de este gigante de más de 8,5 millones de kilómetros cuadrados –el quinto país más grande del mundo y el mayor en América latina–, con una población que supera los 170 millones de personas. Los logros son el resultado de un trabajo minucioso y perseverante, en el que el turismo está concebido como una auténtica industria nacional. De hecho, el organismo encargado de llevar adelante la estrategia es la Empresa Brasileña de Turismo, Embratur, el brazo armado de las decisiones del gobierno en el área. ¿La meta? Consolidarse como el principal objetivo de viajes de América, sitio en el que por años ha competido con México, que mantiene el primer lugar.

Para ello, se trabaja afanosamente por la diversificación como destino, superando la imagen internacional de un territorio de playas, sol, carnaval y fútbol, masivamente difundida incluso a través de las producciones televisivas. No se trata de renegar de esa realidad (que de por sí también atrae), sino que la aspiración es también competir por características como ser un país alegre, moderno, hospitalario, joven, competitivo a nivel mundial y donde también se pueden hacer negocios. Este afianzamiento del liderazgo turístico pasa por aumentar el número de visitantes extranjeros, diversificar los destinos, ampliar el espectro de los viajes de placer a otros motivos y enfatizar que los atractivos son muchos, como el ecoturismo, los deportes, la cultura, los negocios y los eventos.

El primer paso para este trabajo institucionalizado se dio con la definición del Plan Acuarela, el marketing turístico internacional de Brasil. La primera etapa, entre 2004 y 2006, seleccionó 18 países donde concentrarse y promocionar una potente “marca país”.

Ahora están en la segunda fase –que se prolongará hasta 2010– y se aumentó el listado de países objetivo a 24, divididos en 4 categorías, según la prioridad que representan. La mayor la tienen Alemania, Argentina, Estados Unidos e Inglaterra. Chile figura en el segundo rango, junto a Canadá, España, Francia y Holanda, entre otros. En el cuarto nivel figura China, definido como un país emergente y de oportunidades.

Una paleta de posibilidades

Nada está hecho al azar. Un estilo que deja en claro que la fama de relajados de los brasileños no se aplica al minuto de trabajar por un propósito. La llamada “marca Brasil” (símbolo del Plan Acuarela), un diseño multicolor y sinuoso, lleva seis colores: verde, por los bosques; amarillo, por el sol y la luminosidad; rojo y naranja, por las fiestas populares; azul, por el cielo y el agua; y blanco, por las manifestaciones religiosas (ver recuadro). Cada una de estas tonalidades representa un área que potenciar para “vender” al país en los destinos seleccionados como interesantes.

Las metas son claras: unificar la imagen del país a través de la marca; aumentar los destinos y productos mediante de operadores y promotores internacionales; acciones conjuntas entre el Estado y actores privados; seguir permanentemente la marca-país en el exterior; apoyar la comercialización; crear oficinas brasileñas de turismo; coordinar la promoción comercial y mejorar los servicios de transporte aéreo y terrestre en coherencia con los ejes trazados.

El segmento de negocios y eventos es en la actualidad una de las principales estrategias de promoción del país. Tradicionalmente, Sao Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte han concentrado, como ciudades cosmopolitas, estas actividades, pero ahora la estrategia es más audaz. Un ejemplo: en septiembre, la capital del Amazonas, Manaos, será la sede de la Feria Internacional de Amazonía, Fiam, la mayor vitrina de negocios de la región. Habrá lanzamientos de productos, ruedas de negocios, una muestra científica y debates sobre transporte, logística, innovación tecnológica, comercio exterior y turismo. También se analizarán proyectos de desarrollo sostenible en el Amazonas. No faltarán las 32 empresas japonesas que operan en Manaos, que suman inversiones de 1.600 millones de dólares.

“Imán” para los chilenos

Brasil es uno de los destinos preferidos de los chilenos, tanto para descansar como para encuentros de negocios. Las cifras de Embratur ubican a nuestro país en el quinto lugar de los turistas extranjeros, con 260.430 visitantes. El primer lugar lo tiene Argentina, con 920.210 turistas, seguido de Estados Unidos, con 699.169; Portugal, con 280.438; e Italia, con 268.685.

La mayoría de los chilenos que fue a Brasil pretende regresar (un 98%), teniendo un tiempo promedio de permanencia de 8 días. El gasto promedio diario asciende a 78 dólares, lo que no nos convierte en los visitantes más apetecibles, por cierto. ¿Las preferencias? Sao Paulo, Río de Janeiro, Buzios, Florianópolis, Porto Alegre, Foz de Iguazú y Salvador.

Pero aquí rige la retribución, porque en la medida en que la economía brasileña se ha consolidado como una de las más potentes de la región, su población viaja más. Uno de los destinos es Chile, que ha pasado de recibir 79.198 turistas brasileños en 2002, a 208.073 el año pasado, según datos del Servicio Nacional de Turismo, Sernatur.

Para quienes viajen a su país, la embajada de Brasil en Santiago estrenará a fines de mes una página web: www.descubrabrasil. cl, que apunta a entregar toda la información necesaria, no sólo sugiriendo actividades, paseos o datos, sino también indicando los agentes de viajes en Chile que son especialistas y pueden ofrecer un mejor servicio.

Según la coordinadora de Turismo de la representación diplomática, Ana Claudia Guimaraes, la idea es ofrecer un servicio de excelencia, sin costo alguno, al pasajero que irá a Brasil, desde el mochilero a la familia que parte de vacaciones. También se responderán consultas vía Internet.

Todo esto forma parte, por cierto, de las acciones a gran escala del Plan Acuarela, que tiene su fuerte en los recursos humanos, culturales y naturales de Brasil. El último Indice de Competitividad en Viajes de Turismo, TTIC, precisa, sin embargo, desafíos pendientes, como la infraestructura informática y de comunicaciones, el transporte terrestre y la seguridad pública, aspecto que no deja de inquietar a muchos visitantes en Río de Janeiro o de Sao Paulo.

 La “marca Brasil”

Este diseño, que guía toda la campaña promocional del país, se expone en Internet, foros, eventos y en televisión. Ha sido adoptado por las empresas exportadoras, que lo incorporan en sus productos. Embratur autoriza su uso. Entre 2005 y el año pasado, un total de 1.435 firmas la emplearon en turismo (51,8%), exportaciones (26,3%) y otros (21,9%). Está presente en pelotas de fútbol, bebidas, series especiales de café, ropa de playa y sandalias, tarros de guaraná, agua minerales y en los aviones de la línea área Varig, entre otros innumerables artículos y servicios. Encuestas realizadas tras su lanzamiento arrojaron que un porcentaje importante de turistas afirmaba conocer el símbolo.


10. Marca registrada

Los argumentos de Brasil para encantar al mundo son amplios y variados. La cultura, por cierto, es parte fundamental de una oferta que crece al ritmo de nuevos artistas que consiguen asombrar más allá de sus fronteras. Conozca parte de esta floreciente camada.

Por Pilar Fernández.

Tan extenso como los 8,5 millones de km2 que componen su territorio, en materia cultural Brasil es igualmente un gigante de marca mayor. Ya sea en música, pintura, cine o literatura, el abanico es tan amplio que lo mejor es hacer un breve recorrido por lo que “la está llevando” en algunas de esas disciplinas. Y es que Brasil no sólo destaca por su fútbol, sus playas y el samba...

Imposible no partir con la música, considerando la cantidad de “monstruos” –de la talla de Caetano Veloso o Chico Buarque de Hollanda, sólo por destacar dos nombres– que han hecho famosos los ritmos brasileños a nivel mundial y que han sido influencia para las siguientes generaciones, no sólo de ese país sino que del resto del planeta. Para algunos la mejor voz de este momento es de mujer y corresponde a la de María do Céu Whitaker o simplemente CéU, originaria de Vila Madalena, el barrio bohemio y artístico de Sao Paulo. Nacida en 1980, comenzó su carrera en 2002 y hasta ahora exhibe sólo un álbum, CéU de 2005, del que destacan los singles Roda, Lenda y Mamolência.

Pese a lo reducido de su producción, sus seguidores destacan la interesante mezcla que ha hecho de la música popular brasileña con el jazz y otros estilos, y eso le ha abierto puertas en Estados Unidos y en Europa. En 2005, la revista francesa Les Inrockuptibles la consideró una de las revelaciones del año, mientras que en 2006 y 2007 estuvo entre los nominados a los premios Grammy.

Pese a que a Maria Rita la precede la fama de sus padres, la fallecida y archi famosa “cantora” Elis Regina y el compositor César Camargo Mariano, ha logrado abrirse un camino propio dentro de la música brasileña actual. Inserta desde pequeña en el ambiente musical, sólo a los 24 años comenzó a cantar profesionalmente. Consagrada como un nuevo ícono de la música popular brasileña, antes de eso debió soportar a críticos musicales que la acusaban de imitar el estilo de su madre. El éxito de su primer disco, Maria Rita (2003) echó por tierra esos comentarios al vender más de un millón de copias en todo el mundo. Dos años después vino un nuevo álbum, Segundo, el que fue seguido en 2007 por Samba Meu, que fue lanzado de manera simultánea en Estados Unidos, América latina, México, Portugal y el Reino Unido.

Aunque no nació en Brasil, sino que en Nueva York (1966), Bebel Gilberto parecía predestinada a jugar un papel relevante en la música brasileña. Hija del ícono del bosa nova, Joao Gilberto y de la cantante Miucha –además de tener como tío a Chico Buarque de Hollanda–, a los 7 años ingresó a un estudio para grabar un disco con su madre, mientras que a los 9 se presentaba también con ella y Stan Getz en el Carnegie Hall. Cinco álbumes marcan su carrera musical: Bebel Gilberto (mini LP de 1988), De tarde, vendo o mar (1991), Tanto tempo (2000/2002), Bebel Gilberto (2004) y Momento (2007), a lo largo de la cual ha desarrollado un estilo moderno de bossa nova, fuertemente influenciado por la música electrónica.

Músico, actor y compositor, Seu Jorge (1970) es otro de los que destacan. Nacido en una favela de Río de Janeiro, para sus seguidores ha renovado el estilo sambapop brasileño. Su trayectoria como solista (formó parte de la banda Farofa Carioca) ha quedado plasmada en cuatro álbumes: Samba Esporte Fino (2001), Cru (2004), The Life Aquatic Studio Sessions (2005) y Brasil America (2007).

Ed Motta (37) es cantante, compositor y productor musical, muy enraizado con el funk y el soul, aunque eso no signifi ca que esté alejado del jazz o de la bossa nova. Fue a fines de los años 80 que apareció su primer álbum Ed Motta e Conexão Japeri y desde ese momento no ha parado, por lo que en su discografía figuran, entre otros, Un contrato com Deus (1990), Manual prático para bailes, festas y afins (1997), Remixes & Aperitivos (1998), Dwitza (2001) y Ayslelum (2005).

La originalidad del graffiti

En el mundo de las artes plásticas, tan vasto como el de la música, destacaremos sólo una expresión: la del Street Art, que se ha desarrollado en la ciudad de Sao Paulo durante los últimos cinco años aproximadamente, pero que ha tenido amplio reconocimiento a nivel internacional.

Como lo indica su nombre, se trata de artistas que hacen arte en la calle, siendo los graffitis su ejemplo más destacado. Teniendo en común haber nacido en la década de los 70, aquí aparecen los nombres de Titi Freak, que destaca en pintura, diseño, instalaciones y arte urbano; mientras que Zezão, lo hace en pintura abstracta, instalaciones, fotografía y video arte, entre otras disciplinas, alcanzando fama por su obra en los túneles subterráneos de Sao Paulo. A Spetto se le sindica como a uno de los responsables de la originalidad que muestran los graffittis brasileños.

Os Gêmeos, como se conoce a los hermanos gemelos Gustavo y Otávio Paldolfo, han realizado trabajos en graffittis en Sao Paulo, lo que les ha valido no sólo el reconocimiento en Brasil, sino también internacional. Destaca también Nina Paldolfo, esposa de Otávio, una de las pioneras del graffitti brasileño.

La galería Choque Cultural (Rua João Moura 997, Sao Paulo) es un buen lugar para encontrar las obras de algunos de estos artistas.

El séptimo arte

Aunque nadie dudaba de las capacidades de los cineastas brasileros, fue Cidade de Deus (2002) la que –a juicio de especialistas– marca un antes y un después en esta industria. Fue la prueba de que los brasileños podían hacer cine dominando la técnica y no quedarse sólo en el discurso. Es por esa razón que Fernando Meirelles les lleva la delantera a sus colegas. Nacido en 1955 y originario de la ciudad de Sao Paulo, su trayectoria de cineasta la avalan cinco largometrajes. Menino Maluquinho 2 A aventura (1998), omésticas (2001) y Cidade de Deus fueron la antesala para llegar a Hollywood, donde ha filmado El jardinero fiel (2005) y Ensayo sobre la ceguera (2008). Menos nombrado, pero no por eso menos talentoso, José Padilha fue un megasuceso de público con su film Tropa de Elite (2007), que ganó el Festival de Berlín. Cinco años antes había hecho su estreno con el documental Onibus 174, que trataba sobre un intento de asalto a un bus en Río de Janeiro que terminó con la muerte de una pasajera y del asaltante.

Karim Ainouz, guionista y director, hizo su estreno con Madame Satã (2002), que cuenta la historia de un violento travesti del Río de Janeiro de la primera mitad del siglo pasado. Después dirigió O Céu de Suely (2006), un film sobre una joven pobre del interior brasileño que decide ofrecer su cuerpo para ganar dinero.

Marcelo Gomes es otro de los nombres que destacan. Con un cine de autor, su largometraje de estreno, Cinema, aspirinas y urubus (2005) ganó premios en Brasil, Lima, Mar del Plata, Guadalajara y Cannes.

Finalmente, Bráulio Mantovani, quien hizo el guión de Cidade de Deus, por el cual fue postulado al Oscar, y de Ônibus.

Y aunque no correspondan estrictamente a la industria cinematográfica, las artes visuales de Brasil también se han desarrollado con éxito –comercial y editorial– a través de los formatos televisivos, particularmente las teleseries que han dado la vuelta al mundo.

La nueva literatura

A Daniel Galera (1979) se lo califica como uno de los más destacados escritores de la nueva literatura brasileña. Nacido en Sao Paulo y radicado en Porto Alegre, tiene a su haber un libro de cuentos, Dentes guardados, y dos noveles, Mãos de cavalo (2006) y Ate o dia em que o cão morreu (2003). Esta última fue llevada al cine en 2007 por el director Beto Brant.

Pero para otros, la nueva sensación es Joao Gilberto Noll (1945), autor de Lord (2006) y Bandoleros (2007), los que forman parte de la decena de obras de su autoría. Nacido en Porto Alegre, este autor ha sido reconocido en cinco ocasiones con el Premio Jabuti, el más importante de los galardones literarios que existen en Brasil.

Por el lado de las mujeres destaca Patrícia Melo, que se mueve en el terreno de la literatura policíaca, donde intenta escudriñar en las mentes de los criminales. Siete libros componen su acervo, entre los que sobresalen Inferno (2001) y Editando Jonas, o Copromanta, su última obra, de este año

Recién galardonado con el premio Camoes –el principal de la literatura en lengua portuguesa–, Joao Ubaldo Ribeiro (1941) ha resaltado en sus obras las culturas portuguesa, africana y de los habitantes originario del Brasil. Novelas, cuentos, crónica y ensayos figuran a su haber. Entre sus novelas destacan Setembro não tem sentido (1968), Vila Real (1979), O sorriso do lagarto (1989) y Diário do Farol (2002).

Destaca también el dramaturgo Mario Bortolotto (1962), varias de cuyas piezas de teatro han sido transformadas en libros. Como novela ha publicado Mamãe não voltou do supermercado (2006). Es un autor totalmente urbano, que habla de personas, lugares, ciudades, de la noche y de bares.

A Miguel Sanches Neto (1965) se lo reconoció en 2005 como el mejor autor de su generación cuando ese año lanzó el libro Um amor anarquista. Anteriormente fue galardonado por otras dos obras, Inscrições a giz (1991) y Hóspede secreto (2003).

En definitiva, todo un mundo cultural por descubrir y explotar. Otra de las armas con que cuenta Brasil para salir al mundo.


11. Imágenes en verde amarelo

Brasil baila su mejor samba entre las economías emergentes del mundo. Lejos de bajarse de la burbuja del progreso, su apuesta es más ambiciosa. Lula quiere dejar su huella bien marcada en la historia del gigante país americano y está haciendo todo para ello…Hoy este país ofrece mucho más que baile y playas. Aquí repasamos algunos de los pasajes y paisajes más representativos del Brasil actual.

EL MAS GRANDE. Con todo, la grandeza de Brasil también está en su gente y su cultura, tan grande y tan diversa.

CHILE-BRASIL. El presidente Lula junto a la mandataria de Chile, Michelle Bachelet, por primera vez dieron pasos concretos para avanzar en la organización de la Unión de Naciones Sudamericanas, durante la última reunión realizada en Brasilia.

MAS QUE UNA PASION. Lula es un apasionado por los deportes. En la foto aparece presidiendo la ceremonia de conmemoración de los 50 años de la obtención de la primera Copa del Mundo.

COSMOPOLITA. En Brasil también se celebra uno de los eventos más importantes de la moda a nivel mundial (Sao Paulo Fashion Week). Hace rato que Brasil entró en el calendario de los desfiles que incluyen en el circuito a Paris, Nueva York, Londres y Milán.

CLUBES DE INVERSION. También han sido una herramienta de masificación de la Bolsa.

LA CALLE OSCAR FREIRE ES LA CATEDRAL DEL CONSUMO. Recientemente fue catalogada como una de las diez calles más lujosas del mundo, según la categoría Mystery Shopping Internacional.

LA POBREZA. Sigue presente y, pese a los esfuerzos, aún quedan más de 50 millones de personas en esa condición.

PUERTAS ABIERTAS. Este año se celebraron los 100 años de la inmigración japonesa, en el festejo no podían faltar el presidente Lula y el príncipe Naruhito de Japón.
    
MAS DEMOCRATICO. Bovespa vai até você, es el lema del programa de popularización de la Bolsa de Valores más importante de la región, el que ha llevado la bonanza de los mercados a trabajadores y profesionales de clase media.

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