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Entrevista en Brasilia al presidente de Brasil

Antes de llegar mañana a la Argentina para reunirse con Macri, el jefe de Estado brasileño aludió de ese modo a la gestión de la desplazada Dilma Rousseff. En esta amplia entrevista en Brasilia, admitió que será duro pero necesario el ajuste.

Marcelo Cantelmi

BRASILIA. ENVIADO ESPECIAL.

​Michel Temer está con un puñado de funcionarios sentado en un sillón que por momentos parece enorme en la cabecera de una amplia mesa junto a su despacho en el Palacio del Planalto. Su rostro va y viene, de la sonrisa a la mueca dura, durante esta entrevista con Clarín y La Nación en la que se hablará de corrupción, de las denuncias también en su contra y de su baja popularidad. El reportaje anticipa la llegada del presidente brasileño mañana a Buenos Aires en la primera visita bilateral de la gestión que inició hace un mes tras el derribo en el impeachment de Dilma Rousseff. Temer, dirigente del PMDB, ex socio del PT, tacha de “cobarde” al gobierno anterior por no haber hecho las reformas que impone la crisis en un proceso que, admite, será “dificilísimo”. Pero no pierde el optimismo de que la situación mejore en el corto plazo.

¿Hasta qué punto la legitimidad, no la legalidad, del impeachment fue afectada por la extendida corrupción en la clase política de Brasil?

 -En primer lugar, creo que es difícil distinguir la legitimidad de la legalidad porque en un proceso jurídico constitucional que altera el mandato, se debe aplicar lo que establece la Constitución. Eso en lo que atañe a la legalidad. La discusión de la legitimidad está relacionada a una alegación, sin consistencia de que el vicepresidente no fue elegido, no recibió votos populares. Eso es falso porque cuando se vota en la fórmula presidencial se vota tanto al presidente como al vicepresidente.

Hablamos de corrupción ...

 ... Sobre la legitimidad de cara a las acusaciones de corrupción por las que están siendo investigados varios políticos, es un tema que está en el Poder Judicial. Yo he dicho que estoy muy atento a la división de los poderes.

Su ministro de Justicia fue criticado por anunciar operativos relacionados con el Lava Jato. Ya renunciaron otros cuatro ministros que dijeron que el gobierno debía controlar esa investigación, ¿Puede garantizar que se dejará actuar a la justicia sin intervenir?

No habrá jamás ninguna interferencia de mi gobierno en las investigaciones anticorrupción. Los ministros que cayeron pidieron ellos su alejamiento aun cuando ninguno fue denunciado. Y la declaración del ministro de Justicia no significa que tenga control previo sobre lo que va a hacer la Policía Federal.

Usted también fue incluido en una investigación preliminar por la denuncia de un arrepentido. ¿Aún así garantiza esa independencia?

Sin dudas. Subrayo la palabra preliminar. Todavía no se trata de una investigación formal. Lo que hubo fue una mención irresponsable de ese ciudadano que me involucró.

-Uno de sus ministros que renuncio, Romero Jucá, aparece en una grabación diciendo que la Operación Lava Jato debía ser contenida

-Sí, pero ¿cuál fue el gesto concreto que se verificó como intento para paralizar el Lava Jato? Al contrario, después de esa afirmación, los operativos del Lava Jato se intensificaron, y yo ya era presidente interino. De modo que he incentivado el Lava Jato.

Bueno, se intensificó pero con eje en el PT. ¿Hay una persecución política al PT como muchos alegan?

Como los demás partidos. Hay unos cinco o seis partidos que son objeto de investigación, incluso políticos del PMDB. Tal vez por haber ocupado el poder por casi 14 años el PT gana más relevancia en las investigaciones en relación a sus miembros, inclusive un ex presidente. Pero los incriminados, unos 50, pertenecen a todos los partidos del país.

Usted fue vice de Dilma en los dos gobiernos hasta el juicio. ¿Cómo procesa llevar el país ahora por un camino diferente al que acompañó? y ¿por qué cuando Rousseff giró a la ortodoxia en el inicio de su segundo mandato el Parlamento no apoyó el ajuste?

Una de las dificultades de la señora ex presidenta fue una falta de diálogo con el Congreso. Yo entiendo su pregunta, su pregunta es yo era vicepresidente, por lo tanto estaba con ella y ahora ocupo la presidencia. Con respecto a mí, hubo un alejamiento (de Rousseff) cuando el PMDB, del cual yo era presidente, lanzó el documento Un puente para el futuro. Ahí sugeríamos por dónde Brasil debería ir, y hasta el ministro de Economía (el monetarista Joaquim Levy) me llamó para decirme que era posible adoptar muchas de esas tesis. No era un documento de oposición, al contrario, era de auxilio al gobierno. Pero fue tomado como un documento de oposición. Ahí comenzó una separación muy natural entre el gobierno y mi partido. Por aquel entonces, millones de personas salieron a las calles pidiendo la caída del gobierno. Todo eso movilizó al Congreso que en el pasado apoyaba al gobierno, y pasó a buscar el impeachment.

En su visita reciente a Nueva York, causó malestar al decir que el impeachment sucedió porque Rousseff no aceptó ese documento.

Me refería a las cuestiones de naturaleza laboral; uno de los puntos del documento proponía la reformulación de la legislación laboral. Cuando el gobierno vio eso, resolvió no aceptar nuestras propuestas y ese fue uno de los factores que movilizó a la sociedad contra la presidenta. Un punto era que los acuerdos colectivos entre empleados y empleadores puedan prevalecer sobre aquello que está legislado. Durante el gobierno de la presidenta se había aprobado un decreto con el objetivo de mantener el empleo que señalaba que si los acuerdos colectivos permitían reducir 30% los salarios eso podía prevalecer, aún si no estaba legislado.

¿Qué reacción hubo?

Fue muy bien recibida; muchas empresas hicieron acuerdos colectivos para mantener el empleo. No se genera desempleo y se garantiza recaudación. No hubo reacciones contrarias, al contrario, hubo aplausos a esa medida.

El presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lewandowski acaba de decir que el impeachment fue un “tropiezo de la democracia”. ¿Concuerda con esa visión?

-Creo que se basó en unas conferencias en las que yo dije que Brasil tiene un historial constitucional curioso, desde la primera república, en 1891, cada 25-35 años, es necesario hacer una revisión constitucional. Brasil necesita romper con ese ciclo histórico.

En este primer mes de su presidencia estuvo mucho fuera de Brasil. Ya en el país no se mostró con la gente y su popularidad es muy baja. ¿No atenta eso contra el respaldo a su programa de medidas?

Tengo reuniones en San Pablo con más de 200 empresarios; estuve con otros 800 del agronegocio cuando era presidente interino. E hice varias reuniones en el palacio con varios sectores .

… Pero esas son audiencias cautivas, no con el pueblo ...

-Si quiere dividir a Brasil entre nosotros y ellos, como ya se hizo, es difícil. Yo estoy tratando de pacificar al país. No podemos hacer esa división entre brasileños; ese es el primer punto. El segundo es que estoy empeñado en la aprobación de la propuesta de enmienda constitucional sobre el techo a los gastos públicos, y esa va a ser la piedra fundamental del gobierno,

 ¿Reducir el gasto público?

 -Si y que sólo se pueda rever el presupuesto de acuerdo a la inflación del año anterior. En el pasado los gastos crecieron de forma irracional. Lo que estamos haciendo es recuperar la credibilidad fiscal. Estoy empeñadísimo en eso.

 ¿Pero no cree que mostrándose más con el público en general mejoraría su popularidad?

 -No estoy con una preocupación electoral. Si llego al final del gobierno con 5% o 2% de popularidad y consiguiera colocar al país sobre las vías, me doy por satisfecho. No tengo preocupación por la popularidad.

 -Un aliado suyo, Fernando Henrique Cardoso, me acaba de decir que usted no tiene un perfil de liderazgo nacional y que debería construirlo para hacer los cambios que en principio serán impopulares. ¿Coincide con esa mirada?

Gracias a Dios no soy un líder nacional. Pero no siéndolo fui igualmente presidente de la Cámara de Diputados tres veces, fui cuatro veces ...

Creo que él se refería no a eso sino a hoy y hacia adelante.

Nunca disputé un cargo mayoritario, sólo en la condición de vicepresidente. Concuerdo con Fernando Henrique que no tengo una proyección popular como tienen muchos. Lula por ejemplo, que hizo cuatro campañas por la Presidencia de la República; Fernando Henrique hizo dos.

¿No cree necesitar el apoyo de la gente para encarar los enormes desafíos que tiene por delante?

Necesito el apoyo del Congreso. Teniendo el apoyo del Congreso voy a tener naturalmente el apoyo popular. En la medida en que se comiencen a aprobar las medidas en el Congreso voy a ir popularizando mi imagen.

Pero las tres medidas clave que propone –el techo al gasto público, la reforma del sistema jubilatorio, la nueva legislación laboral- son cuestiones socialmente duras …

Pero alguien tiene que hacerlo. Por una cobardía que existía en el pasado es que el país está donde está; yo no tengo esa cobardía, tengo coraje para impulsar esas medidas.

¿Usted atribuye a cobardía del gobierno anterior la ausencia de estas medidas?

-Si, porque eran fundamentales para el país. Sin la reforma jubilatoria, el déficit previsional para este año ya es de 140.000 millones de reales; para el próximo año, 180.000 millones de reales; de acá a cinco años, cuando los jubilados vayan a cobrar, no habrá dinero. Si alguien no tiene el coraje de hacer la reforma, el país no se salva.

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