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aieaLa promoción del desarme nuclear debe ocupar una posición

prioritaria en la agenda de la comunidad internacional. Más de cuarenta años después de la entrada en vigencia del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), en 1970, fue posible obtener un amplio éxito en la prevención de la proliferación de armas nucleares entre países que no las poseían –pero hubo pocos avances respecto a la eliminación, por parte de los Estados nuclearmente armados, de los arsenales nucleares mantenidos por ellos.

Se estima que existen hoy más de 17 mil ojivas nucleares (de las cuales más de cuatro mil estarían en estado operacional). Los gastos de las potencias nucleares para mantener ese arsenal y, en algunos casos, modernizarlo, superarían los U$S 100.000 millones anuales. El Brasil entiende que existe un nítido déficit de cumplimiento por parte de los Estados nuclearmente armados en lo que se refiere a la implementación de sus compromisos de desarme nuclear. Además de amenazar a la humanidad, dichos arsenales agravan las tensiones y perjudican los esfuerzos por la paz.

Brasil ha participado activamente en las Conferencias de Examen del TNP y de otros foros multilaterales acerca de ese tema, como la I Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas y la Conferencia del Desarme. En esas discusiones, Brasil se desempeña en el ámbito de la Coalición de la Nueva Agenda, integrada por seis países no nuclearmente armados con fuerte participación en la defensa del desarme nuclear (Brasil, Sudáfrica, Egipto, Irlanda, México y Nueva Zelandia).

La gran atención que debe ser concedida a la no proliferación no puede ser un obstáculo al desarrollo de la investigación, la producción y la utilización de la energía nuclear para fines pacíficos.

Brasil mantiene un firme compromiso con la no proliferación. Además del TNP, también es parte del Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco) y del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. La Constitución Federal determina, además, que "toda actividad nuclear en territorio nacional solamente será admitida con fines pacíficos y mediante aprobación del Congreso Nacional” (Artículo 21). El Programa Nuclear Brasileño se somete, desde diciembre de 1991, a las reglas del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC).

La ABACC posee especial relevancia para la política nuclear brasileña. El 18 de julio de 1991, Brasil y Argentina firmaron el Acuerdo para el Uso Exclusivamente Pacífico de la Energía Nuclear, por medio del cual renunciaron conjuntamente al desarrollo, a la posesión y al uso de las armas nucleares y afirmaron su compromiso inequívoco para el uso exclusivamente pacífico de la energía nuclear. La ABACC fue creada para verificar el cumplimiento de esos compromisos y la experiencia acumulada por la Agencia a lo largo de esos años contribuyó enormemente a la construcción de la confianza y a la aproximación entre Brasil y Argentina, llevando a la creciente cooperación entre ambos países en el área de usos pacíficos de la energía nuclear. El ejemplo más notorio de esa cooperación es el desarrollo conjunto de reactores de investigación que tendrán importantes aplicaciones en el área de la medicina nuclear.

En el ámbito de la no proliferación, es importante destacar que América Latina y el Caribe fueron una región pionera en colocar límites a la carrera armamentista nuclear. El Tratado de Tlatelolco, de 1967, favoreció el estabelecimiento de la primera Zona Libre de Armas Nucleares en región densamente poblada. Los 33 Estados de América Latina y del Caribe son partes en el Tratado de Tlatelolco y miembros del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (OPANAL).

Por ocasión del último Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares (26 de septiembre de 2018), los estados miembros de la OPANAL emitieron una Declaración Conjunta, en la que llaman la atención sobre la adopción y la apertura a la firma del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), que prohíbe la posesión, el desarrollo, la producción, la adquisición, la prueba, el almacenamiento, la transferencia, el uso o la amenaza del uso de armas nucleares u otros artefactos explosivos nucleares. Reafirman, además, que un mundo sin armas nucleares es fundamental para el cumplimiento de los objetivos prioritarios de la humanidad: la paz, la seguridad, el desarrollo y la protección del medio ambiente.

El TPAN fue adoptado en julio de 2017 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. El Tratado es tributario de tres Conferencias sobre los Impactos Humanitarios de las Armas Nucleares, realizadas entre 2013 y 2014, y del movimiento que ha resultado de ellas. Estos elementos fueron centrales para llamar la atención de la comunidad internacional sobre la completa incompatibilidad de las armas nucleares con el derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos. El TPAN plantea la laguna legal existente en el derecho internacional, que no contaba con norma legal explícitamente prohibitiva de las armas nucleares. Brasil fue el primer país en firmar el Tratado, que se encuentra en proceso de ratificación.

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