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En un mundo marcado por conflictos en diferentes regiones

las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas son la expresión más visible del compromiso colectivo de la comunidad internacional con la promoción de la paz y la seguridad. 

Aunque no se mencionan expresamente en la Carta de las Naciones Unidas, se desarrollaron gradualmente como un instrumento para garantizar la presencia de las Naciones Unidas en áreas de conflicto, con el fin de incentivar las partes en conflicto a superar sus disputas pacíficamente, por lo que no pueden confundirse con formas ilegales de intervención armada. Su base legal se deriva de los Capítulos VI (resolución pacífica de conflictos), VII (acción en caso de violación de la paz y actos de agresión) y VIII (participación de organizaciones regionales y subregionales en el mantenimiento de la paz y la seguridad) de la Carta de las Naciones Unidas.

La naturaleza de estas operaciones ha evolucionado significativamente en las últimas décadas, especialmente después de la década de 1990, desde fuerzas de interposición y observación hasta operaciones más complejas, con mandatos en diferentes áreas. La importancia adquirida por las operaciones de mantenimiento de la paz se puede demostrar con cifras: en 1988, el presupuesto de la ONU para estas operaciones fue de $230 millones y, en el presupuesto 2019-2020, alcanzó los $6,5 mil millones. Actualmente, hay 13 operaciones de mantenimiento de la paz, que movilizan a más de 100,000 personas, incluidos civiles, militares y policiales.

También ha aumentado el número de operaciones de paz multidimensionales, es decir, aquellas cuyo mandato incluye no solo observar un alto el fuego o cumplir con un acuerdo de paz, sino también funciones como facilitación de  procesos políticos, protección a los civiles, asesoramiento de procesos de desarme, desmovilización y reintegración de combatientes, asistencia en la organización de elecciones, protección y promoción de los derechos humanos y contribución a la restauración del estado de derecho.

La gran demanda de participación de la ONU para aliviar las tensiones regionales, los mandatos cada vez más robustos para el uso de la fuerza y ​​la complejidad de los nuevos desafíos a la seguridad internacional requieren un esfuerzo para reflexionar sobre el empleo y el mandato de las operaciones de paz, por lo que cada situación considerada una amenaza para la paz se resuelve con medios adecuados y eficientes.

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