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Discurso del Ministro José Serra con ocasión del traspaso del cargo de Ministro de Estado de las Relaciones Exteriores – Brasília, 18 de mayo de 2016

18 de Mayo del 2016 - 14:40

Inicialmente me gustaría saludar al Ministro Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal;

el Presidente del Superior Tribunal de Justicia, Ministro Francisco Falcão;

Ministro Herman Benjamin, Ministro Rogerio Schietti y Ministro Paulo Moura;

Me gustaría saludar, y por medio de él, a todos los diputados aquí presentes, al Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, Pedro Vilela;

Y al Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, mi colega en el Senado, Aloysio Nunes, por medio de quien saludo a todos los nuestros queridos amigos senadores;

Me gustaría saludar el excelentísimo ex-Presidente de la República, José Sarney, quien, considero, jugó un papel fundamental en el proceso de redemocratización del nuestro país y merece ser reconocido en todo momento para ese papel.

Quiero saludar el Señor Nuncio Apostólico, Don Giovanni d'Aniello, en nombre de quien saludo a todos los otros embajadores extranjeros acreditados junto al Gobierno brasileño;

Y dar aquí mi abrazo al Embajador Mauro Vieira, ex-Ministro de Relaciones Exteriores, a quien agradezco por la prontitud, yo diría así, y por toda la cooperación en este processo de transición de mando del Ministerio. Quiero decirle que lo considero un hombre con una carrera pública ejemplar, un digno discípulo de un amigo mío, un amigo común de nosostros, el Ministro Renato Archer.

Quiero agradecer también, muy enfáticamente, al Presidente Michel Temer, por la confianza en invitarme a asumir este Ministerio, y por la paciencia de revisar y aprobar esta delineación de la nueva política exterior brasileña, que presentaré hoy.

El presidente leyó, a mi lado, línea por línea, haciendo sus comentarios, los cuales, por supuesto, he tenido en cuenta. Quiero decir que treinta y tres años de convivencia con Michel Temer, sea en el mismo lado o en lados diferentes de la vida política, siempre fueron acompañados por una constante relación de amistad, respeto mutuo y diálogo permanente.

Y quiero, por fín, agradecer a mis colegas de Ministerio, son muchos, yo los saludo en nombre del Ministro Romero Jucá, que, quizo el destino, tendrá un papel fundamental junto a mi, para la recuperación de las finanzas del Itamaraty.

Creo que los otros Ministros entenderán porque he elegido el Ministro Jucá para representarlos en este saludo.

Permítanme hablar también de mi alegría en formar parte de una institución de gran tradición y de marcada contribución histórica al nuestro país. Permítanme hablar también de la satisfacción de convivir con un cuerpo de funcionarios de reconocida competencia y espíritu público. Espero aquí transmitir algunas ideas esenciales sobre la nueva política exterior de Brasil. Tengo y tendré, como siempre en mi vida pública, los ojos en el futuro y no en los errores del pasado.

Primera directriz:

La diplomacia volverá a reflejar de forma trasparente e intransigente a los legítimos valores de la sociedad brasileña y a los intereses de su economía, a servicio de Brasil como un todo y no de las conveniencias y preferencias ideológicas de un partido político y sus aliados en el extranjero. Nuestra política exterior se regirá por los valores del Estado y de la nación, no del Gobierno y, jamás, de un partido. Esa nueva política no romperá con las buenas tradiciones de Itamaraty y de la diplomacia brasileña, sino que las pondrá en un uso mucho mejor. Medidas que, en otras ocasiones, pueden haber servido al interés nacional, pueden no ser más compatibles con las nuevas realidades del país y con los profundos cambios que tienen lugar en el ámbito internacional.

Segunda directriz:

Estaremos atentos a la defensa de la democracia, de las libertades y de los derechos humanos en cualquier país, en cualquier régimen político, en consonancia con las obligaciones establecidas en los tratados internacionales y también en respeto al principio de no intervención.

Tercera directriz:

Brasil asumirá la especial responsabilidad que le cabe en la questión ambiental, como poseedor en la Amazonia de la más grande floresta tropical del mundo, de una de las principales reservas de agua dulce y de biodiversidad del planeta, así como de matriz energética limpia y renovable, para llevar a cabo un papel proactivo y pionero en las negociaciones sobre el cambio climático y el desarrollo sostenible. Recuerdo que, se hacemos bien la tarea, podremos obtener recursos poderosos de las organizaciones internacionales interesadas en ayudar a preservar las florestas y las reservas de agua y la biodiversidad del planeta, ya que Brasil hace la diferencia en esta materia.

Cuarta directriz:

En las Naciones Unidas y en todos los foros globales y regionales a que pertenece, el Gobierno brasileño va a desarrollar acción constructiva en favor de soluciones pacíficas y negociadas para los conflictos internacionales y de una adaptación de sus estructuras a las nuevas realidades y retos internacionales; mientras que se esforzará para superar los factores desencadenantes de las frecuentes crisis financieras y de la reciente tendencia a la desaceleración del comercio mundial. El comercio mundial se está contrayendo de galope, diría.

Quinta directriz:

Brasil ya no restringirá su libertad y latitud de iniciativa por una adhesión exclusiva y paralizante a los esfuerzos multilaterales en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio, como ocurrió desde la última década, en detrimento de los intereses del país. No hay duda de que las negociaciones multilaterales de la OMC son las únicas que podrían corregir eficazmente las distorsiones sistémicas relevantes, tales como las que afectan el comercio de productos agrícolas. Pero estas negociaciones, desafortunadamente, no han prosperado con la velocidad y la relevancia necesarias, y Brasil, aferrándose exclusivamente a ellas, se mantuvo al margen de la multiplicación de acuerdos bilaterales de libre comercio. El multilateralismo que no sucedió ha causado daño al bilateralismo que sucedió en todo el mundo. Casi todo el mundo ha invertido en esa multiplicación, excepto nosotros. Debemos y vamos a vencer ese retraso y recuperar las oportunidades perdidas.

Sexta directriz:

Por lo tanto, vamos a empezar, junto al Ministerio de Industria, Comercio y Servicios, con la cobertura de CAMEX y con intensa consulta a diferentes sectores productivos, un proceso acelerado de negociaciones comerciales, para abrir los mercados para nuestras exportaciones y crear puestos de trabajo para nuestros trabajadores, utilizando pragmáticamente la ventaja de acceso a nuestro gran mercado interno como instrumento de obtención de concesiones negociadas con base en la reciprocidad equilibrada. Nada sería más equivocado, erróneo, en esta etapa del desarrollo brasileño, que hacer concesiones sin reciprocidad. No tiene sentido.

Séptima directriz:

Uno de los principales aspectos de nuestra acción diplomática en el corto plazo será la asociación con Argentina, con la cual pasamos a compartir referencias similares para la reorganización de la política y de la economía. Junto a otros socios, necesitamos renovar el Mercosur, para corregir lo que necesita ser arreglado, con el fin de fortalecerlo, en primer lugar sobre el propio libre comercio entre los países miembros, que aún deja que desear, para promover una prosperidad compartida y seguir construyendo puentes en lugar de profundizar las diferencias, en relación a la Alianza para el Pacífico, que involucra tres países sudamericanos, Chile, Perú y Colombia, además de México. Como ha dicho Enrique Iglesias, muy bien observado, no podemos ver impasiblemente a la renovación de una especie de Tratado de Tordesillas, que profundizaría la separación entre el este y el oeste del continente sudamericano. En lo que respecta a México, la prioridad será aprovechar al máximo el enorme potencial de complementariedad entre nuestras economías y de nuestras visiones internacionales.

Octava directriz:

Vamos a ampliar el intercambio con socios tradicionales como Europa, Estados Unidos y Japón. El intercambio de ofertas entre el Mercosur y la Unión Europea será el punto de partida para avanzar en la conclusión de un acuerdo comercial que promueva una mayor expansión del comercio y de inversiones recíprocas, sin perjuicio de los intereses legítimos de los diversos sectores productivos brasileños. Como dijo el Ministro Mauro, tuvo lugar el cambio de ofertas, ahora vamos a examinar cuales son las ofertas de la Unión Europea. Con los Estados Unidos, confiamos en soluciones prácticas de corto plazo para la eliminación de barreras no arancelarias, que son, en el mundo de hoy, lo esencial. En el mundo actual no se protege, del punto de vista comercial, con aranceles. Uno se protege con barreras no arancelarias. Quiero decir que Brasil, en ese sentido, es el más abierto del mundo. No tenemos ninguna barrera no arancelaria, a diferencia de todos los demás que se presentan como campeones del libre comercio. Con los Estados Unidos, nos basamos en soluciones prácticas a corto plazo, repito, para la eliminación de las barreras no arancelarias y de regulación que dificultan el intercambio. También daremos énfasis a las inmensas posibilidades de cooperación en energía, medio ambiente, ciencia, tecnología y educación.

Novena directriz:

Será una relación prioritaria con nuevos socios en Asia, en particular China, este gran fenómeno económico del siglo XXI, y la India. Vamos a estar igualmente comprometidos a actualizar el intercambio con África, el gran vecino del otro lado del Atlántico. No podemos limitar esta relación a los lazos fraternos del passado y a las correspondências culturales, pero, sobre todo, establecer alianzas concretas en el presente y para el futuro. Contrariamente a lo que se busca difundir entre nosotros, el África moderna no pide compasión, pero espera un eficaz intercambio económico, tecnológico y de inversiones. En ese sentido, la solidaridad estrecha y pragmática con los países del Sur del planeta seguirá siendo una directriz esencial de la diplomacia brasileña. Esta es la estrategia correcta Sur-Sur, no la que fue practicada con fines publicitarios, limitados beneficios económicos y grandes inversiones diplomáticas. Es importante tener la comprensión clara de que los diferentes ejes de relación de Brasil y el mundo no son contradictorios o excluyentes, especialmente teniendo en cuenta el tamaño de nuestra nación. Un país del tamaño de Brasil no elige o rechaza asociaciones, las buscas a todas con intensidad, inspirado por su interés nacional. También vamos a aprovechar las oportunidades oferecidas por los foros interregionales con otros países en desarrollo, como los BRICS, para acelerar los intercambios comerciales, las inversiones y el intercambio de experiencias. Y con un sentido pragmático, vamos a dar atención a los mecanismos de cooperación con África y los países árabes.

Décima directriz:

En las políticas de comercio exterior, el Gobierno tendrá siempre presente la advertencia que viene del buen análisis económico, basado en amplia y sólida consulta a los sectores productivos. Es una ilusión suponer que los acuerdos de libre comercio signifiquen necesariamente la expansión automática y sostenida de las exportaciones. Sólo hay un factor que asegura ese aumento de forma duradera: el aumento constante de la productividad y de la competitividad. Si alguien piensa que basta hacer un acuerdo y abrir, que eso es una condición suficiente, se equivoca. Tenemos que invertir en el aumento constante de la competitividad y de la productividad. De ahí el énfasis que debe darse a la reducción del “costo Brasil” – el costo de hacer negócios en Brasil - a través de la eliminación de las distorsiones fiscales que encarecen las ventas en el extranjero y la expansión y modernización de la infraestructura a través de asociaciones con el sector privado, nacional e internacional. El “costo Brasil” de hoy es alrededor de 25%, es decir, un producto brasileño idéntico a un produto medio típico de los países que son nuestros socios comerciales cuesta 25% debido a la los costos de tributación, financieros, de infraestructura, de impuestos. Imagínese el desafío que tenemos por delante. Al asumir el ministerio, me di cuenta, hablando con nuestro embajador en China, Roberto Jaguaribe, de los esfuerzos de nuestras embajadas para atraer inversiones en estos sectores básicos de la economía. Roberto estaba trabajando para atraer capital chinos a Brasil y para que invertieran en asociación con el Estado brasileño en obras de infraestructura. Se multiplicará este esfuerzo, estoy seguro, con éxito.

Aquí termino las directrices, pero si tuviera que añadir una más, que valdría la pena extenderme, quisiera citar una que hay que cumplir, en colaboración con los Ministerios de Justicia, Defensa y Finanzas, en lo que respecta la “Receita Federal”: la protección de las fronteras, hoy en día el lugar de desarrollo del crimen organizado en Brasil, tenemos esto claro, que se alimenta del contrabando de armas, del contrabando de mercancías, que es monumental, y del tráfico de drogas. En particular, vamos a tratar de movilizar la cooperación de los países vecinos para la acción conjunta contra estas prácticas criminales que traen tanto daño a nuestra gente y a la nuestra economía.

Por último, no menos importante, quiero reafirmar mi compromiso con las comunidades brasileñas en el exterior y el buen funcionamiento de nuestro servicio consular. Vamos a seguir prestando atención prioritaria para garantizar los derechos de los ciudadanos brasileños, dondequiera que se encuentren.

Paso ahora al cuerpo de funcionarios del Ministerio. Vamos a recuperar la capacidad de acción de Itamaraty, créanme. En un período de grandes cambios y, por qué no decirlo, de incertidumbres en el escenario internacional y de promisores cambios internos, nuestra diplomacia, no tengo ninguna duda, tendrán que gradualmente actualizarse e innovar, e incluso osar, promovendo uma gran modernización en los objetivos, métodos y técnicas de trabajo. La diplomacia del siglo XXI no puede descansar sólo en la exuberancia retórica y en el tono auto-laudatorio de los comunicados conjuntos. Es necesario tener objetivos claros y ser al mismo tiempo discurso político y resultados concretos.

Los diplomáticos brasileños despiertan el orgullo del país y el respeto de los socios de Brasil en el exterior. Quiero fortalecer la carrera diplomática, así como otras carreras del servicio exterior. Respetar los criterios de mérito. No discriminar a favor de los amigos del rey o partidarios de un grupo político. Quiero gradualmente retirar a Itamaraty de la penuria en la que fue dejado por la irresponsabilidad fiscal que dominó la economía brasileña en esta década. Quiero reforzar la Casa, no debilitarla. Vamos a restaurar el orgullo de las nuevas generaciones en servir a Itamaraty y, en especial, a Brasil. La Casa se verá reforzada, no debilitada. Y en el Gobierno del Presidente Temer, Itamaraty volverá al núcleo del Gobierno.

Mi programa de acción correspondrá a mi tradición en la vida pública: trabajar duro, presentar y recibir ideas, tomar iniciativas, delegar responsabilidades, cobrar resultados y promover negociaciones efectivas, además de tener una fuerte presencia, lejos de cumplir con un programa de visitas sin resultados.

Estos son los compromisos que presento hoy. Esta es la invitación que hago a todos los servidores de esta Casa, para que hagamos un esfuerzo conjunto para valorar el Itamaraty y por el éxito de un Gobierno que enfrentará, como todos sabemos, inmensos desafíos, pero que va a crear, si Dios quiere, la condiciones para la reconstrucción del sistema político, el fortalecimiento de la representación de nuestra democracia y el retorno del crecimiento de la producción y del empleo.

Gracias, manos a la obra y ¡vamos adelante!



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