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Hace poco más de doce años, tuve la gran satisfacción de participar de una etapa particularmente rica de la política externa para África, concebida a partir de una visión universalista y solidaria.

Como Jefe de Gabinete del entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Embajador Celso Amorim, pude acompañarlo en su primera visita a África, preparatoria de la primer gira africana del Presidente Lula, cuya delegación también tuve el honor de integrar.

La importancia de África es un elemento determinante e ineludible para Brasil. Nuestro país es inconcebible sin la herencia africana, motivo de orgullo y fundamento para la construcción de un futuro que queremos más justo.

El reconocimiento inmediato en los años 70 de la independencia de los países africanos de lengua portuguesa –Angola, Cabo Verde, Guinea Bissau, Mozambique y Santo Tomé y Príncipe– la lucha contra el apartheid, el establecimiento, hasta 2002, de la red de dieciocho representaciones diplomáticas en África son algunos de los hechos que dan testimonio del vínculo histórico de Brasil con el continente del que somos tan tributarios.

El año 2003 marca el comienzo de una etapa particularmente auspiciosa en la relaciones con África, con resultados conocidos: la multiplicación de proyectos de cooperación técnica, involucrando a 45 países africanos; la expansión de las inversiones de empresas brasileñas y del comercio entre Brasil y África, que en diez años aumentó más de cuatro veces, saltando de US$ 6,1 mil millones a US$ 28,5 mil millones en 2013; la expansión de la red diplomática brasileña, que aumentó más del doble, pasando a contar con 37 Embajadas residentes; y la realización de 34 visitas presidenciales a países africanos en los últimos 12 años, durante los mandatos del Presidente Lula y de la Presidente Dilma Rousseff, con destaque para su participación, en 2013, en las conmemoraciones del Jubileo de Oro de la Unión Africana.

La presencia brasileña en el continente africano es una política de Estado y refleja los anhelos de varios sectores de la sociedad brasileña. Hecho más que natural en un país donde el 51,4% de la población se declara afro descendente.

Ajustes circunstanciales pueden incidir momentáneamente sobre los medios de los que disponemos, pero no alteran nuestra noción de prioridades. África fue, es y seguirá siendo una prioridad absoluta de la política exterior brasileña.

Por lo tanto, fue con satisfacción que acepté el pedido de encuentro que me había sido formulado por el Embajador Thomas Bvuma, Decano del Grupo.

Este almuerzo es el primero que tengo con un grupo regional de Embajadores. La elección es deliberada y expresa la importancia central que atribuimos a las relaciones con África.

Brasil seguirá construyendo con sus socios africanos relaciones fraternas y amplias, que reflejen de forma equilibrada los principales pilares de la relación bilateral con cada uno de los países aquí representados: el diálogo político, la cooperación y las relaciones económicas y comerciales.

Este encuentro tiene lugar una semana antes del inicio de la gira en la que visitaré a cinco países de África. Ya están en curso los preparativos para otras misiones, aún este año, al continente. Quiero igualmente incrementar las visitas de las autoridades africanas al Brasil. El mes pasado tuve el placer de recibir aquí al Ministro de Asuntos Exteriores de Togo, Robert Dussey, ocasión en la que se anunció la reapertura de la Embajada togolesa en Brasilia, una noticia que mucho nos complace.

Tengo la satisfacción de referirme también a la segunda edición del Curso de Portugués para Diplomáticos Africanos en Brasilia. Ese ciclo, con tres nuevos cursos, tendrá inicio la primera semana de abril, con clases en el Instituto Río Branco.

Señoras y Señores,

Como no podría ser de otra manera, he acompañado con atención los temas relacionados a África, tanto los bilaterales, como los regionales y los multilaterales, a ejemplo del Seminario de ASA, que tendrá lugar los días 26 y 27, aquí en el Itamaraty. No quiero dejar de destacar que Brasil siempre valoró la capacidad africana de comprender y buscar soluciones a sus propias cuestiones, en conformidad con el concepto de “apropiación africana”. Estamos convencidos de que la Unión Africana y los organismos regionales africanos tienen un papel crucial que desempeñar en la construcción de un orden global más justo y multipolar.

Defendemos que la solución duradera a los principales problemas del continente pasa, necesariamente, por el diálogo y la promoción del desarrollo inclusivo y en bases sustentables. Brasil no se ha privado de contribuir con la paz y la estabilidad en África, ya sea por su participación activa en misiones de paz de las Naciones Unidas, o bien compartiendo tecnologías y conocimiento que desarrollamos en la superación de desafíos que nos son comunes.

No podría concluir estas palabras sin expresar la solidaridad del Gobierno brasileño hacia el pueblo y el Gobierno de Túnez ante los dos trágicos acontecimientos de hace dos días, en el bellísimo Museo del Bardo. Estoy completamente convencido de que Túnez, que lleva adelante con éxito un proceso ejemplar de transición democrática, sabrá superar ese momento de dolor, y de él saldrá aún más fuerte y unido. No puedo tampoco dejar de referirme y condenar de manera vehemente el atentado que, en la mañana de hoy, victimó a más de cien personas en Yemen.

Señoras y Señores,

Los lazos entre Brasil y África son profundos y se han fortalecido en los últimos años. Tenemos el desafío común de ampliar y diversificar cada vez más nuestras relaciones, con audacia y creatividad, en beneficio de nuestros pueblos hermanos. Cuenten siempre en esa jornada con mi pleno compromiso y determinación.

Muchas gracias.

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