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“El Palacio Itamaraty está, para mí, indisolublemente asociado a la notable personalidad de Mauricio Nabuco, que en aquella época, amparado en el seguro y refinado gusto de Rodolpho Siqueira –profundo conocedor de nuestro mobiliario antiguo– llevó a cabo la recuperación del Palacio, agregándole hacia el fondo, para la mapoteca, un nuevo edificacio.

Nabuco, con su heredada y experimentada vivencia, presintió la necesidad de tener en el Ministerio el asesoramiento constante de un arquitecto y me invitó para el cargo. Poco después, sin embargo, tuvo lugar la Revolución del 30 y con ella pasé a ocupar, en la Escuela Nacional de Bellas Artes, el gran salón del director. Mientras tanto, en el Itamaraty, con el pasar del tiempo, la semilla entonces plantada dio frutos y nuestro tan querido Olavo Redig de Campos pasó a desempeñar, de manera ejemplar y en carácter permanente, la función que inicialmente me había sido destinada. Al mismo tiempo surgió entre los diplomáticos de la casa un inusual y providencial personaje quien reunía en su persona aquel refinado y seguro gusto por la ambientación arquitectónica de Siqueira, y la innata y siempre preparada capacidad administrativa que caracterizaba a Nabuco: Wladimir Murtinho. Él supo, al instalarse el magnífico Palacio de los Arcos, transferirle a Brasilia, transfigurada, la misma correcta y eficiente belleza del Itamaraty” 

Lúcio Costa, autor del Plan Piloto de Brasilia, fue el primer arquitecto del Itamaraty, durante el año de 1930.


DOS PALACIOS EN TRES TIEMPOS

El diseño es una de las más poderosas expresiones de la creatividad de un pueblo: por las manos de un diseñador industrial o de un artesano anónimo, los sentidos estético y utilitario se combinan en la solución original para un problema práctico de lo cotidiano.

Invirtiendo desde hace más de 100 años en el diseño y en la arquitectura como instrumentos de la diplomacia, el Ministerio de Relaciones Exteriores creó, en sus palacios sede, en Río de Janeiro y Brasilia, ambientes perfectamente adaptados para el desempeño de las tres funciones de la diplomacia: informar, negociar y representar al Brasil.

Para los diseñadores brasileños los pedidos del Itamaraty fueron una oportunidad para desarrollar nuevas ideas: cerca de 90 modelos, entre muebles, luminarias, alfombras, tapices y piezas gráficas fueron creados para el Ministerio en los últimos 100 años.

Esta muestra presenta tres momentos en los que el Itamaraty invirtió en el diseño para sus dos palacios-sede: el período del Barón de Rio Branco (Rio de Janeiro, 1902-1912), la administración Octavio Mangabeira (Rio de Janeiro, 1926-1930) y el traslado al Palacio Itamaraty en Brasília (1967-1970).

Heitor Granafei - Secretario Ejecutivo de la Comisión RE50

RIO DE JANEIRO, 1902-1912

José María da Silva Paranhos Junior, el Barón de Rio Branco (1845-1912), fue Ministro de Relaciones Exteriores de 1902 a 1912. Al asumir el Itamaraty, el Barón dio inicio a una serie de reformas en los interiores del Palacio, a fin de transformarlo en un espacio representativo de un Brasil moderno y cosmopolita.

Río Branco fue el responsable de la consolidación de las fronteras brasileñas, negociando pacíficamente a lo largo de casi veinte años, con base en una amplia investigación documental, los límites del Brasil con ocho países.

Para la III Conferencia Internacional Americana, en 1906, el Barón construyó un edificio para albergar la colección de mapas del Itamaraty. La apariencia antigua del edificio reforzaba, simbólicamente, la fundamentación histórica de los pleitos territoriales brasileños en las negociaciones con los países vecinos.

El Barón también encargó la construcción de un edificio de oficinas, que se concluyó pocos años después de su muerte.


MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES O ITAMARATY?

En 1899, el Ministerio de Relaciones Exteriores pasó a ocupar el palacio construido en el centro de Rio de Janeiro por la familia de los Condes de Itamaraty.

El nombre Itamaraty quedó de esa manera asociado al Ministerio y, al construirse Brasilia, se decidió que la sede del órgano en la nueva capital conservaría el nombre del palacio de Rio de Janeiro.


RIO DE JANEIRO, 1926-1930

Durante su gestión Octavio Mangabeira realizó una amplia reforma en el Itamaraty.

Las rutinas administrativas, consulares y de promoción de las exportaciones brasileñas fueron modernizadas y estandarizadas. Una línea de mobiliario de cancillería fue creada para el uso en Brasil y en el extranjero, difundiendo la industria y las maderas nacionales. La producción del material de oficina fue centralizada. Un edificio multipropósito fue erguido para recibir conferencias internacionales y centralizar el acervo documental del Ministerio, tratado con modernas técnicas de conservación. Se creó el sector de patrimonio del Itamaraty, con Lucio Costa como titular.

Los proyectos de diseño encargados en aquella época apuntaban, a la vez, hacia el pasado y hacia el futuro, con antigüedades del barroco brasileño, interiores en estilo neocolonial y diseño gráfico en el moderno art déco, producido por Fernando Correia Dias.


FERNANDO CORREIA DIAS (1892-1935)

Nacido en Portugal, se trasladó a Rio de Janeiro en 1914, donde se casó con la poeta Cecília Meireles. En sus diseños para el Ministerio de Relaciones Exteriores reinterpretó patrones geométricos indígenas en el moderno estilo art déco de esa época.


MAURICIO NABUCO (1891-1979)

Oficial de gabinete del Ministro Octavio Mangabeira, fue el supervisor de la reorganización del Ministerio de Relaciones Exteriores.


RODOLPHO SIQUEIRA (1887-1954)

Fue enviado a Europa para supervisar la restauración del acervo del Itamaraty y adquirir material estandarizado para actividades protocolares. En Brasil reunió antigüedades luso-brasileñas de los siglos XVIII y XIX para el patrimonio del Palacio.


BRASILIA, 1967-1970

El diplomático Wladimir Murtinho y el arquitecto del Itamaraty, Olavo Redig de Campos, trabajaron con Oscar Niemeyer en el programa arquitectónico de la nueva sede del Ministerio en Brasilia: un espacio representativo de lo mejor de la creatividad brasileña, con ambientes modernos para el trabajo diario y para la realización de grandes eventos internacionales.

Entusiasta de las artes y del diseño Murtinho desarrolló, junto al diseñador Aloísio Magalhães, la idea de ambientes de representación y de trabajo totalmente constituidos a través de encargos a profesionales brasileños.

El interior del nuevo edificio involucró a diez diseñadores y arquitectos que realizaron estudios especiales para encontrar nuevas soluciones a las especificidades arquitectónicas y de funcionamiento de la nueva sede, como las luminarias de Livio Levi, el sistema de oficinas de Karl Heinz Bergmiller y el mobiliario palaciego, creado por Bernardo Figueiredo con base en los estudios de Jorge Hue sobre la historia de los interiores de representación.


LUCIO COSTA (1902-1998)

Lucio Costa (1902-1998). Arquitecto y urbanista. Fue el primer arquitecto del Itamaraty (1930). Coautor del proyecto del Ministerio de Educación y Salud en Rio de Janeiro, hito del modernismo en la arquitectura brasileña. Al diseñar el Plan Piloto de Brasilia, previó un lugar destacado para el Ministerio de Relaciones Exteriores, reflejando el papel estructural de la política exterior en la formación y el desarrollo del país.


OSCAR NIEMEYER (1907-2012)

Uno de los principales arquitectos del siglo XX. Es el autor de los más importantes edificios públicos en Brasilia, entre ellos el Palacio Itamaraty, además de varios proyectos alrededor del mundo, como la sede de la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York.


WLADIMIR MURTINHO (1919-2003)

Diplomático. Entusiasta del proyecto de la nueva capital, estuvo involucrado desde el principio en la planificación de la transferencia del Ministerio de Relaciones Exteriores a Brasilia, habiendo sido nombrado Presidente de la Comisión de Transferencia del MRE a partir de 1963. Con gran trayectoria en el mundo de las artes y del diseño, fue responsable de los contactos con Oscar Niemeyer y de la curaduría de los interiores del Palacio. Fue Embajador en la India y en Dinamarca y Secretario de Educación y Cultura del Distrito Federal.


OLAVO REDIG DE CAMPOS (1906-1984)

Estudió arquitectura en Italia. En 1946 integró el Servicio de Conservación del Patrimonio del Itamaraty, del cual fue jefe entre 1960 y 1976. Diseñó las embajadas brasileñas en Washington, Lima y Buenos Aires, las residencias oficiales en Beirut y Dakar y el Monumento Votivo Militar de Pistoia, en memoria de la Fuerza Expedicionaria Brasileña. Es también el autor de la Residencia Walther Moreira Salles, actual sede del Instituto Moreira Salles, en Río de Janeiro. Encabezando un equipo de seis arquitectos, participó del proyecto del Palacio Itamaraty en sus distintas fases.


ALOÍSIO MAGALHÃES (1927-1982)

Uno de los más importantes diseñadores gráficos brasileños. Fue uno de los fundadores de la Escuela Superior de Diseño Industrial (ESDI), en Río de Janeiro, en 1962. Fundó el Centro Nacional de Referencia Cultural en 1974, poniendo en práctica una concepción amplia de cultura, integrando diseño, tecnología y modos de vida. Fue Presidente del IPHAN y Secretario de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura. Aloísio fue interlocutor constante de Wladimir Murtinho en el marco del proyecto del Itamaraty. Creó un logotipo para el Ministerio de Relaciones Exteriores inspirado en los arcos del Palacio.


JORGE HUE (1923)

Arquitecto y sociólogo. Responsable por importantes proyectos de interiores en residencias particulares y edificios públicos, como el Jockey Club Brasileño (edificio de Lucio Costa) y el Palacio del Planalto. Profundo conocedor de la historia del mobiliario, concibió, con Bernardo Figueiredo, el mobiliario palaciego para el gran salón de recepciones del Palacio Itamaraty.


ROBERTO BURLE MARX (1909-1994)

El más importante paisajista brasileño, responsable del diseño de diversos parques y espacios públicos, como los jardines del Ministerio de Educación y Salud, el parque de Pampulha en Belo Horizonte, y el parque de Flamengo, en Río de Janeiro.

Diseñó para el Palacio Itamaraty el jardín acuático externo, como forma de protección para el edificio, completamente de vidrio, y varios jardines internos distribuidos por los tres edificios (principal y anexos) donde funciona el Ministerio.

Burle Marx también diseñó el gran tapiz del Salón de Banquetes, concibió arreglos florales para recepciones oficiales y ejecutó joyas obsequiadas a visitantes extranjeros.


NOTAS SOBRE LA EVOLUCIÓN DEL MOBILIARIO LUSO-BRASILEÑO

Las “Notas sobre la Evolución del Mobiliario Luso-Brasileño” fueron escritas por Lucio Costa en 1939, pocos años después de dejar el Itamaraty. Son fundamentales para la comprensión de la historia del diseño en Brasil.

En la muestra “Diseñando para un Palacio” las notas son ilustradas por el profuso acervo de piezas de los siglos XVIII a XX reunido por diplomáticos como Rodolpho Siqueira, experto en mobiliario antiguo, y Wladimir Murtinho, responsable por los encargos a los más importantes diseñadores modernos.

"El mobiliario de Brasil puede ser clasificado en tres grandes períodos: el primero abarca los siglos XVI y XVII, y se extiende incluso hasta principios del XVIII; el segundo, período barroco por excelencia, se extiende prácticamente por todo el siglo XVIII; y el tercero y último, es decir, el de la reacción académica, liberal y puritana iniciada a fines de ese siglo, corresponde, para nosotros, principalmente a la primera mitad del siglo XIX.”

“Al examinarse las piezas que corresponden al primero de esos períodos no se debe olvidar que, en aquél entonces, a pesar de la opulencia, la noción de comodidad, como la comprendemos hoy, era todavía un tanto rudimentaria, y los modos, en ciertos aspectos, bastante rudos. No se conocía, por ejemplo, esa manera reclinada y cómoda de sentarse, hoy tan natural. Se sentaban todos en las sillas, con las piernas medio abiertas, como aún hoy lo hace la gente del campo y, en general, los obreros. Es que el mobiliario no invitaba a otras actitudes. Se caracteriza enteramente, en efecto, por su estructura de apariencia rígida, fuertemente trabada y de composición nítidamente rectangular. Las patas torneadas o torcidas, los tapizados formando dibujos geométricos, los entallados en motivos repetitivos, la ornamentación a lo largo de las lengüetas o de florones marcando el amarre de las guarniciones –todo se une para acentuar el aspecto construido, ‘tectónico’.

En Brasil, corresponde a los momentos más ásperos y dramáticos de la colonización: las luchas contra el nativo y la codicia extranjera, la fundación de las primeras poblaciones, pueblos y ciudades, la instalación de los colegios y misiones de los jesuitas y de los conventos de los franciscanos y de otras órdenes religiosas, las banderas y el comercio de esclavos; corresponde además, en el campo económico, al cultivo de la caña de azúcar y del algodón, a la extracción de las maderas, a la ganadería.”

“En el segundo período, una transformación fundamental, verdaderamente revolucionaria, cambia por completo el aspecto del mobiliario. Mientras las piezas de antes estaban formadas por cuadros de apariencia rígida, la composición pasa a tener ahora un núcleo central de donde parte –casi se podría decir: de donde crece– el resto del mueble. De donde crece, sí, porque desde ese punto se va abriendo y desdoblando en olas sucesivas, pasando con agilidad de filete en filete y de una voluta a otra, hasta alcanzar los contornos extremos de la pieza, volviendo entonces, desde ahí, al punto de partida, donde el movimiento toma un nuevo impulso y se reanuda.

Esta impresión de movimiento y de vida, como si el mueble fuera un organismo y no una cosa fabricada, es el rasgo común que distingue de modo general a la producción del siglo XVIII. Esto no sólo permitió un mejor ajuste al cuerpo, una mayor comodidad, sino que también hizo posible que se adopten de formas más adecuadas a la naturaleza de los esfuerzos transmitidos a los soportes, que, curvándose y adelgazándose, fueron tomando la forma de piernas humanas o de animales, logrando así reducir al mínimo el obstáculo de las amarras, o incluso, en muchos casos, desentrañarse de ellas completamente.”

“En la primera etapa de ese período la composición, aún bajo influencia de técnicas anteriores, conserva cierta rigidez, cierta ‘lentitud de movimientos’, notándose claramente el esfuerzo emprendido para romper con el equilibrio tectónico tradicional.”

“Hacia mediados de siglo, no obstante, desaparece todo vestigio del siglo XVII, y el mobiliario, finalmente liberado de las viejas fórmulas, pero conservando aún la primitiva nobleza de aspecto, gana en equilibrio y refinamiento en el acabado.”

“En la época colonial hubo un brote económico de la región central como consecuencia de la extracción del oro y de piedras preciosas; la organización a una mayor escala de la industria pastoril en el Sur, mientras que en el Norte se seguía con la misma intensidad el cultivo de la caña de azúcar y del algodón. Corresponde, también, al desarrollo de los centros urbanos y a las manifestaciones inequívocas, tanto de carácter individual como colectivo, de la formación de una conciencia independiente, nacional.”

“La vuelta a la sobriedad, al partido rectilíneo y a la composición regular marcan el tercer y último período. Es la época de los bonitos y majestuosos sillones de paja y de los muebles de sala de visitas de aspecto a veces sobrio, y otras veces pretencioso y rebuscado, pero siempre formalista.

Ese fue el período agitado de la venida de D. Juan VI y de la misión de artistas franceses, de la independencia política y de los primeros síntomas de transformación económica, con los tímidos ensayos de industria y la eclosión del cultivo del café en ciertas regiones del país –incluyendo también, por consiguiente, a través de la regencia, una buena parte del reinado de Pedro II.”

Desde esa época en adelante las distintas modas eclécticas, artísticamente estériles y a esa altura de trasfondo casi exclusivamente comercial, fueron rompiendo la buena tradición, deformando el sentido de medida y conveniencia. Mientras que la producción industrial fue gradualmente dejando de lado los prejuicios y encontrando por cuenta propia el nuevo camino, pasando a producir en serie, con gran economía de materia, piezas de una técnica impecable, cuya elegancia y pureza de líneas ya revelaban un ‘espíritu diferente’, sin preocupación de imitar cualquiera de los estilos anteriores, pero con estilo en el sentido exacto de la expresión.

Desgraciadamente, entre nosotros, artistas y estetas no notaron inmediatamente la profunda significación de esas primeras manifestaciones sin compromisos de la edad nueva: sin abandonar las conveniencias de los procesos mecánicos, volvieron su mirada obstinadamente hacia el pasado y se pusieron a reproducir, a gran escala y con increíble fidelidad, toda la gama de estilos históricos. Y como todos consideramos anomalías no sólo la fabricación en serie de muebles ‘de estilo antiguo’, sino también las grotescas producciones del falso modernismo, esperamos que esa confusión contemporánea se aclare y que la casa brasileña, hoy tan desordenada, se vaya de a poco ‘limpiando’, hasta recuperar, amoblada con piezas actuales y de fabricación continua, aquella sobriedad que fue en el pasado uno de sus rasgos más característicos, si no su mayor encanto.

El impasse apuntado en 1939 por Lucio Costa sería superado con el desarrollo en Brasil de una escuela de diseño moderno que incorporaba materiales y estilos de vida característicamente brasileños. Un importante momento fue la decisión de Joaquim Tenreiro de abrir, en 1943, su propia fábrica de muebles modernos. El reconocimiento internacional de esta tendencia llegaría en 1961, con el premio recibido por la “Poltrona Mole” (“Sillón Mole”), de Sergio Rodrigues, en la Bienal Internacional del Mueble, en Cantú, Italia. Al año siguiente, un grupo de diseñadores fundaría, en Río de Janeiro, la Escuela Superior de Diseño Industrial (ESDI).


JOAQUIM TENREIRO (1906-1992)

Diseñador y artista plástico portugués. Nacido en una familia de muebleros, se instaló en Rio de Janeiro en 1928. A partir de 1931 se acercó al Núcleo Bernardelli, grupo creado en oposición a la enseñanza académica de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

A partir del encargo de muebles en estilo moderno para un proyecto de Oscar Niemeyer en 1942, decidió abandonar el trabajo en fábricas de muebles “de época” y abrir su propia firma, creando proyectos en un estilo moderno y extremadamente personal. En 1967 realizó el mobiliario para el Salón de Banquetes del Palacio Itamaraty. Abandonó la mueblería en 1968 y se dedicó, hasta el final de su vida, a las artes plásticas.

OSCAR NIEMEYER (1907-2012) Y ANNA MARIA NIEMEYER (1930-2012)

Si bien no fueron concebidos para el Palacio Itamaraty, los muebles diseñados por Oscar Niemeyer en 1971 son un intento de integración entre su arquitectura palaciana y el mobiliario. Fueron desarrollados por Anna Maria Niemeyer, colaboradora del arquitecto en el diseño de los interiores de varios proyectos, como el Palacio Alvorada.


LÍVIO LEVI (1933-1973)

Arquitecto y diseñador. Nacido en Italia, emigró a Brasil con la familia en 1938. Fue uno de los primeros arquitectos especializados en iluminación arquitectónica. El Palacio Itamaraty fue su primer gran proyecto, seguido de la Catedral de Brasilia, del Parque Anhembi (São Paulo), del Palacio de las Artes (Belo Horizonte), del Palacio del Planalto (“piso noble”) y del Jockey Club Brasileiro (con proyecto de Lucio Costa e interiores de Jorge Hue), entre otros. Además de varias luminarias, Lívio Levi proyectó cubiertos para el Itamaraty.


KARL HEINZ BERGMILLER (1928)

Nacido en Alemania, cursó la Hochschule für Gestaltung en Ulm. Recibió una beca del Itamaraty y decidió instalarse en Brasil. Es uno de los fundadores de la Escuela Superior de Diseño Industrial (1962) y del Instituto de Diseño Industrial del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro (1968).

Bergmiller diseñó para el Ministerio de Relaciones Exteriores un sistema de muebles de oficina y organizó, junto con el Itamaraty, tres Bienales de diseño, en 1968, 1970 y 1972, en el MAM-RJ.

Fue diseñador jefe de Escriba Indústria e Comércio de Móveis S.A., en la cual aplicó las soluciones desarrolladas para Itamaraty en diversos sistemas de mobiliario de oficina.


BERNARDO FIGUEIREDO (1934-1992)

Arquitecto y diseñador. Su producción se restringe al período entre 1962 y 1967, cuando diseñó y produjo cerca de 70 piezas en "Diseño Brasileño", utilizando materiales brasileños como el cuero, el jacarandá y el mimbre. Desarrolló mobiliario para diversos ambientes del Palacio Itamaraty. Junto con Jorge Hue elaboró una original línea de mobiliario palaciego.


SERGIO RODRIGUES (1927-2014)

Arquitecto y diseñador. Luego de trabajar en algunas empresas de muebles, fundó en 1954 Oca, tienda de muebles y galería de arte en Río de Janeiro, donde comenzó a desarrollar un estilo propio de mobiliario.

Adquirió reconocimiento mundial en la IV Muestra Selectiva Internacional de Muebles (1961), en Cantú, Italia, en la cual su "Sillón Mole" recibió el primer premio del jurado, que lo consideró "único modelo con características actuales, a pesar de la estructura con tratamiento convencional, no influenciado por modismos y absolutamente representativo de la región de origen".

Su primer pedido para el Itamaraty fue un escritorio para los despachos ministeriales de Brasilia. A ese encargo, luego se siguieron otros, como los muebles para la Embajada del Brasil en Roma (1960) y el diseño de cerca de 25 modelos personalizados para la nueva sede en Brasilia (1966-1970).


MILTON RAMOS (1929-2008)

Arquitecto. Autor de importantes obras públicas como el Oratorio del Soldado (Brasilia) y el aeropuerto de Confins (Belo Horizonte). Empleado de la constructora Pederneiras, fue el responsable del alto nivel de ejecución del proyecto de Itamaraty.

Milton Ramos desarrolló varios elementos del proyecto del palacio a partir de esbozos preliminares que le fueron entregados por Oscar Niemeyer en 1963, entre ellos la gran escalera helicoidal del hall del palacio.


MADELEINE COLAÇO (1907-2001)

Tapicera. Nacida en Marruecos. Siguiendo la tradición familiar, se dedicó a la tapicería. Se trasladó a Brasil en 1940. Creó el "punto brasileño", bordando al azar en todas direcciones y mezclando materiales como seda, lana, algodón e hilos metálicos.

Además de una colección de alfombras sobre la fauna y la flora brasileñas, producida para los despachos del Ministerio de Relaciones Exteriores, tejió para el Palacio un gran tapiz inspirado en el planisferio dibujado en 1511 por Jerome Marini. Éste es el primer mapa que registra a Brasil y fue adquirido por el Ministerio en 1912, bajo la gestión de Lauro Müller. El mapa pone a Jerusalén en el centro del mundo, con el hemisferio sur en la parte superior.

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