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Publicado en el periódico Folha de S. Paulo, en 10/9/2015

 

Incluso en este momento de superación de dificultades, Brasil tiene los brazos abiertos para acoger a los refugiados que quieran vivir y trabajar en Brasil.

La crisis de los refugiados de Medio Oriente y del norte de África, que cobró rasgos dramáticos en los últimos días, viene extendiéndose hace más de cuatro años, en especial luego de estallada la guerra civil en Siria y de la intervención militar en Libia.

La terrible foto de un niño de tres años, Aylan Kurdi, muerto en una playa turca, o el macabro descubrimiento de 71 hombres, mujeres y niños asfixiados en un camión en una carretera de Austria, son ejemplos de una tragedia de terribles proporciones e imponen desafíos a toda la humanidad.

El conflicto sirio ya provocó la muerte de más de 240 mil personas, 4 millones de refugiados – la mayoría en países vecinos – y 8 millones de desplazados internos. Es indignante ver la destrucción humana y material en Siria y los países contiguos, incluyendo obras del patrimonio de la humanidad.

Iraq y Siria se transformaron en una base para grupos criminales, como el autodenominado Estado Islámico, que siembra el terror entre pueblos golpeados por guerras que destruyeron a sus Estados nacionales. Esos grupos realizan asesinatos en masa, reclutan a menores para efectuar acciones armadas e imponen brutalmente sus convicciones sectarias a las poblaciones locales.

La dimensión geopolítica de los conflictos no puede esconder una tragedia humanitaria de enormes proporciones, ante la cual la comunidad internacional, en particular las Naciones Unidas, ya no puede quedar inerte. El tema deberá ocupar un importante espacio en la Asamblea General de la ONU, que empieza el martes (15), en Nueva York. Antes que eso, sin embargo, son necesarias acciones urgentes de solidaridad.

Es reconfortante ver a amplios sectores de las comunidades de muchos países europeos – en sentido opuesto a los grupos xenófobos – acoger a los refugiados y presionar a sus gobiernos a promover acciones solidarias.

Desde el inicio de la guerra civil en Siria y de la multiplicación de los conflictos en Medio Oriente y en el norte de África, el gobierno brasileño viene ofreciendo visas humanitarias a los refugiados sirios. Ya se concedieron 7.752 visas. Determiné que ese esfuerzo se amplíe, ya que, como país que alberga en su población a más de 10 millones de descendientes sirio-libaneses, no podríamos actuar de otra manera.

Congratulo al comandante de corbeta Barroso, de la Marina de Brasil, quien salvó a más de 200 refugiados que partieron de Libia, al rescatarlos de un barco que se encontraba a la deriva en las aguas del mar Mediterráneo.

Respetuoso de los derechos humanos, Brasil es tierra de acogida. Además de los pueblos originarios, la población brasileña se compone de muchos inmigrantes. Millones de hermanos africanos vinieron aquí forzados cuando imperó el vergonzoso tráfico de esclavos. La presencia de indígenas, europeos, africanos y asiáticos formó a la nación brasileña.

Cuando grandes crisis azotaron a Europa y al Oriente, las puertas de Brasil estuvieron abiertas a todos. Somos conscientes de la importancia de esas contribuciones para nuestra formación histórica y cultural. Nos sentimos orgullosos de ser un pueblo formado por la diversidad. Es por eso que la tolerancia y el respeto a las diferencias son marcas de nuestra identidad.

Con ese espíritu, recibimos actualmente a más de 28 mil ciudadanos haitianos, lo cual seguiremos haciendo de forma solidaria y legal. Al mismo tiempo, luchamos contra los grupos criminales – los llamados “coyotes” – que trafican personas en América Latina, Oriente y Europa, aprovechándose del desespero de miles de familias que huyen de la guerra y de la pobreza en busca de un futuro de esperanza.

Brasil, incluso en este momento de superación de dificultades, tiene los brazos abiertos para acoger a refugiados. Reitero la disposición del gobierno brasileño de recibir a aquellos que, expulsados de sus patrias, quieran venir a Brasil, vivir, trabajar y contribuir a la prosperidad y la paz. Queremos ofrecerles esa esperanza.

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