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Es una gran satisfacción recibir la visita de Sus Altezas Imperiales, Príncipe y Princesa Akishino, por ocasión de la celebración de los 120 años de las relaciones diplomáticas entre Japón y Brasil.

Su Alteza, el Príncipe Akishino, ya nos había honrado con su visita en 1988, cuando festejamos juntos los 80 años de la inmigración japonesa en el Brasil.

Este año, entre las varias actividades conmemorativas de los 120 años de nuestra amistad está la publicación en el Brasil de sus estudios zoológicos y ornitológicos.

Durante más de un siglo, Brasil y Japón han construido una relación de gran relevancia, cuyo principal fundamento ha sido la dimensión humana.

En 1908, el primer grupo de inmigrantes japoneses embarcó en Kobe y, casi dos meses después, llegó al Puerto de Santos. La inmigración japonesa trajo consigo valiosa contribución para la formación de la sociedad brasileña y para su progreso. Contribución aquí representada por los brasileños de origen japonés que hoy nos acompañan.

La unión de nuestras naciones llevó, décadas más tarde, a la inmigración de brasileños hacia el Japón, gran parte de los cuales de origen japonés. La comunidad brasileña en el Japón ha aportado una importante contribución para el estrechamiento de las relaciones entre Brasil y Japón.

Tenemos gran orgullo de abrigar en el Brasil la mayor comunidad japonesa en el exterior y valorizamos el hecho de que vive en el Japón la tercera mayor comunidad brasileña fuera del País.

 

Altezas Imperiales,
Señoras y Señores,
Observando los 120 años de las relaciones diplomáticas entre el Brasil y el Japón, podemos hacer un balance de grandes realizaciones.
Sobre la base de ese componente humano, construimos un relacionamiento de alta densidad económica.

Nuestra agenda económica bilateral se ha fortalecido con el tiempo, lo que se expresa en el aumento de los flujos de inversiones japonesas y en el aumento en el número de proyectos en ciencia, tecnología e innovación.

Ejemplo muy ilustrativo de la capacidad que hemos demostrado de aprovechar el potencial de nuestra sociedad es el establecimiento del sistema nipo-brasileño de TV digital. Fruto de una sinergia de esfuerzos en el campo de la alta tecnología, ese sistema es hoy día adoptado por casi toda la América del Sur y por países de la América Central, del África y del Asia, con beneficios económicos claros para nuestras empresas.

En el plano político, también estamos unidos por fuertes lazos, asentados en valores comunes como la democracia, la defensa de los derechos humanos, la sostenibilidad ambiental y la defensa del multilateralismo. El entendimiento bilateral en temas internacionales se expresa de forma muy clara y elocuente en nuestra acción conjunta en el ámbito del G4, al lado de Alemania e India, que tiene por objetivo promover la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y adaptarlo a la realidad y a los desafíos de este siglo XXI.

La feliz circunstancia de que el Brasil y el Japón serán los anfitriones de los próximos Juegos Olímpicos – en 2016, en Rio de Janeiro, y en 2020, en Tokio – viene a sumarse a los demás factores que concurren para profundizar la convergencia de intereses y visiones entre nuestros países.

Al mirar hacia el futuro, vemos que las condiciones están dadas para que Brasil y Japón se tornen socios cada vez más próximos y actuantes. Esa percepción nos motivó a elevar nuestras relaciones diplomáticas a una Sociedad Estratégica Global.

La visita de Sus Altezas Imperiales al Brasil es un marco simbólico de este momento de renovación de las relaciones entre nuestros países, lo que mucho nos honra, alegra y estimula.

En diciembre próximo, la Presidenta Dilma Rousseff realizará una visita al Japón y es su firme propósito que la oportunidad abra nuevas avenidas en esta era que se renueva, de cooperación y colaboración.

Es con espíritu de celebración de la historia de una gran amistad que propongo un brindis a la salud de Sus Altezas Imperiales, Príncipe y Princesa Akishino, y al presente y el futuro del relacionamiento entre Brasil y Japón.

Me permito asimismo, a la luz de las relaciones especiales que unen a nuestros dos países, pedirles a todos que se unan a mí para brindar a la salud de sus Majestades Imperiales el Emperador Akihito y la Emperatriz Michiko.

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