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Nota de AIG: el presente artículo fue también publicado en los siguientes periódicos: La República (Perú), El Observador (Uruguay), El Universo (Ecuador), La Tercera (Chile), ABC Color (Paraguay), El Tiempo (Colombia), Pulso (Bolivia), Reforma (México), La Prensa (Panamá), de Ware Tjid (Surinam), Cliffton Saridjan (Surinam), Diário Co Latino (El Salvador), El Caribe (República Dominicana), Listin Diario (República Dominicana), "Diário de Centro-América" (Guatemala).


Estuve recientemente en visita a Addis Abeba, Etiopía, sede de la Unión Africana, para una larga y proficua charla con su presidente, el ex jefe de Estado de Mali, Alpha Konaré. Tratamos de muchos asuntos de común interés, desde nuestra participación en la Nepad (la nueva asociación para el desarrollo de Africa) hasta la situación en Haití. Se encontraban reunidos en aquél mismo día los cancilleres de la Unión Africana con el objetivo de llegar a una posición conjunta sobre el tema de la reforma de las Naciones Unidas, en particular del Consejo de Seguridad.

Se trataba, esencialmente, de dar una respuesta a las sugerencias contenidas en el informe del Panel de Alto Nivel, convocado por el Secretario General Kofi Annan, que ha buscado centrar las discusiones sobre la Reforma del Consejo de Seguridad en dos opciones básicas con miras a hacerlo más democrático y efectivo. El último día 21, el secretario general de las Naciones Unidas divulgó su propio informe, en el cual solicita que se tome una decisión sobre la reforma del Consejo de Seguridad antes de la Cumbre que él ha convocado para el próximo mes de setiembre.

En Addis Abeba, los ministros africanos respaldaron la llamada "Opción A" del informe, que contempla ­además de tres asientos no permanentes­ seis nuevos miembros permanentes en el Consejo, entre los cuales estarían países en desarrollo de Africa, Asia y América Latina y Caribe. Concluyeron los Ministros africanos que una expansión del Consejo que no incluyera nuevos miembros permanentes perpetuaría el desequilibrio fundamental de la estructura creada en 1945. Con ello abandonaron definitivamente la hipótesis que había surgido en el propio continente africano de crear la categoría de "miembros permanentes rotativos", utilizada por algún tiempo para mantener la discriminación contra los países del Sur.

La "Opción A" está en conformidad con lo que desea la gran mayoría de los países de todas las regiones del mundo, conforme ha registrado el Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, el Canciller Jean Ping, de Gabón, luego de los debates realizados este año sobre las propuestas de expansión del Consejo de Seguridad.

El informe prevé, asimismo, una revisión de la decisión sobre la reforma, después de un cierto período, lo que abre la posibilidad de ajustes en la composición del órgano ­ y quizás una rediscusión de la espinosa cuestión del veto -, dentro de, digamos, 10 o 15 años. Se inserta, de ese modo, en la propia reforma, un mecanismo automático de autocorrección ­ en el caso de ser necesaria ­ el cual estaba ausente de la Carta de 1945.

Brasil ha dado una consistente contribución a ese debate, siempre desde una perspectiva de país en desarrollo y como miembro de una región con especial vocación para el diálogo y el entendimiento; una región comprometida con la solución pacífica de los conflictos y el respeto a las normas del derecho internacional. No buscamos privilegios ni hegemonía, sino entendemos que tenemos capacidad y legitimidad para contribuir a la afirmación de los valores comunes a tantos en nuestra región.

Sin duda, como su propio nombre lo indica, las Naciones Unidas son integradas por naciones y no directamente por regiones. Al expresarse, por su voz y voto, en el Consejo de Seguridad, los países asumen responsabilidades y posiciones que son indeclinablemente nacionales y por ellas serán exigidos y cuestionados, tanto internamente como externamente. En la propia Unión Europea, con su alto grado de integración, se registran a veces diferencias importantes, como ocurrió recientemente, de manera notable, respecto de Iraq. Pero eso no debe impedir que la actuación de los miembros del Consejo, especialmente los nuevos, refleje, de manera creciente, consensos regionales.

África está desarrollando, en el ámbito de la Unión Africana, sofisticados mecanismos de coordinación regional. Ya disponemos de mecanismos de concertación como el Grupo de Río. La creación, en diciembre pasado, de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CASA), ha mostrado que existe en nuestro continente una renovada voluntad de promocionar la integración económica, social y política, así como un deseo de cooperación en temas relativos a la paz y la seguridad. La Comunidad Sudamericana, una vez consolidada, nos ayudará a defender democráticamente posiciones compartidas. Ella podrá ser, además, en su momento, el embrión de una unión más amplia de toda la familia latinoamericana y caribeña.

Brasil ha recibido manifestaciones de apoyo de países de todas las regiones a su incorporación como miembro permanente en un Consejo reformado. Una gran parte de nuestros vecinos latinoamericanos y caribeños se manifiesta en ese sentido. Deseamos corresponder a esas expresiones con actitudes concretas, capaces de traducir nuestro sentimiento de responsabilidad ante los que ven en nuestro país consistencia de actuación diplomática para asumir nuevos encargos en las Naciones Unidas.

Si las decisiones que se deberán tomar próximamente conducen efectivamente a Brasil a la categoría de miembro permanente, actuaremos en estrecha y frecuente coordinación con nuestros vecinos, de modo de reforzar el sentido de representatividad de nuestras posiciones. Eso sólo dará más peso y fuerza a nuestra actuación y a nuestra región, la cual naturalmente seguirá representada también por miembros no permanentes. Como señal de nuestro interés en promocionar esa coordinación, ya contamos durante todo el año pasado con un representante de Argentina en nuestra delegación ante el Consejo de Seguridad.

Como miembros permanentes, estaremos listos a discutir fórmulas para profundizar aún más el diálogo y la interacción con América del Sur y, de manera más general, con los países latinoamericanos y caribeños.

Estaremos, de esa forma, sin descaracterizar nuestra inalienable responsabilidad como país, llevando más allá la voz y el ejemplo de convivencia pacífica en nuestra región en favor de un mundo más justo, solidario y democrático".

Celso Amorim, Ministro de las Relaciones Exteriores de Brasil

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