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¿Están por debajo de su potencial las relaciones entre México y Brasil?

Si uno mira la dimensión económica de Brasil y México, la relación tiene un potencial mayor. Las dos economías juntas representan 65% de la economía de América Latina, pero tienen un comercio bastante modesto, de menos de 10,000 millones de dólares.

¿Qué tipo de integración busca Brasil con México?

Tiene que ser una integración comercial y productiva, para que los sectores de cada país, sobre todo industriales, encuentren una ventaja en el mercado mundial mayor que la ventaja de cerrar su propio mercado. En el sector automotriz no sólo es comprar vehículos terminados, sino también hacer un intercambio productivo en materia de autopartes y que se pueda alimentar la producción en ambos países. Y esto se repite en todos los sectores industriales.

Yo encuentro también algunas cuestiones estructurales que hay que atacar. Si uno hubiese hablado de un acuerdo de libre comercio entre Brasil y México hace 10 años, la resistencia se sentiría mucho más por parte del sector industrial brasileño. Hoy día, todavía veo resistencias en el sector productivo mexicano.

¿Qué obstáculos ve en la relación?

En la industria veo una lógica que produce un viento en contra. Y es que México tiene muchos acuerdos comerciales, sobre todo con Europa y Asia. Pero la lógica de estos acuerdos es comprar insumos para vender productos internamente, en Estados Unidos o en otros mercados. Para producir automóviles o electrónicos se importan muchos componentes. Si uno mira la pauta de los acuerdos comerciales, son para importar productos intermedios o bienes de capital, para fabricar bienes finales con mano de obra. No es esencialmente para la producción dirigida al consumo interno; la mayor parte de la producción es para exportación.

La industria brasileña importa también bienes intermedios y de capital, y su participación es muy similar a la de México. La diferencia está en que la producción mexicana se concentra hacia el mercado exterior y la de Brasil está prácticamente 80% volcada al mercado interno. Las necesidades de importación son las mismas para esa parte industrial, así que un acuerdo industrial de integración comercial tiene que pasar por la capacidad de hacer integración productiva entre las dos economías.

Hay que buscar la razón por la cual cada país hace acuerdos de integración comercial. Hay una fuerte integración comercial entre los países del Mercosur, sobre todo entre Brasil y Argentina. Pero yo decía que se requiere una producción común para un mercado común. Esta lógica no la hemos podido desarrollar entre el sector industrial brasileño y el mexicano.

¿Qué primeros acuerdos se tienen en la renegociación del ACE 53?

Nosotros, hace pocas semanas, acabamos de intercambiar la primera lista de ofertas y peticiones, ahora, en la comisión binacional que vamos a tener en este mes (febrero) entre los dos cancilleres, podemos acordar la negociación de algo que sea un Tratado de Libre Comercio o lo más cercano a ello.

Hasta ahora, creo que el sector empresarial anda más avanzado en su integración que las iniciativas gubernamentales. Lo que tienen que hacer los gobiernos es facilitar precisamente las mayores oportunidades de integración productiva.

¿Ha habido mucha desconfianza mutua en este tipo de negociaciones?

Siempre hay un costo en la integración, siempre en un proceso de integración hay sectores que se benefician más que otros, otros que se benefician menos y otros más que, por la fuerza de la integración, tienden a disminuir su actividad productiva. Son ésas resistencias estructurales que llevan hacia la permanencia de tendencias proteccionistas. Y mucha gente tiene discurso, tanto en Brasil como en México, como en muchas partes del mundo, en favor de la integración económica y de la liberalización. Pero si tú preguntas por cuáles sectores vamos empezar, siempre se quiere empezar por el sector del vecino, no por el propio.

Las listas se han intercambiado, ¿qué es lo que se ha podido apreciar de ese primer acercamiento?

Vamos ahora a la segunda sesión de trabajo negociadora en Brasil del 16 al 18 de febrero. En la primera sesión, celebrada en México, lo que se definió fue que cuando yo ponga en las listas un producto y diga que quiero 6% de preferencia arancelaria para ese producto, yo automáticamente estoy ofreciendo 6% de preferencias para ese mismo producto en mi mercado, tiene que ser un esfuerzo simétrico.

Lo único que todavía no tenemos definido son los periodos de desgravación para cada producto propuesto en la lista, que está integrada por unas 4,000 fracciones arancelarias.

 

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