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Opinión: Un ejemplo de audacia

Antonio Patriota

En 1910, el entonces presidente electo de la Argentina, Roque Sáenz Peña, acuñó la frase "Todo nos une, nada nos separa", para referirse a las relaciones entre nuestros países. Durante mucho tiempo la expresión fue vista con cierto escepticismo de los dos lados de la frontera. Un siglo después, la frase recobra actualidad ya no como aspiración programática, sino como una realidad concreta.

El acercamiento bilateral, fruto de la transición democrática en la década de 1980, se ha vuelto un objetivo permanente de las políticas exteriores de los dos países. El momento actual, en que se abren nuevas oportunidades para profundizar aún más la cooperación en distintas áreas, es de los más propicios para reafirmar esa línea maestra de nuestra relación.

En un mundo lleno de prejuicios e inequidades, nuestros pueblos dan un ejemplo de audacia, al poner a dos mujeres al frente de dos grandes naciones sudamericanas, por medio de elecciones competitivas. Ese hecho histórico honra a millones de mujeres argentinas, brasileñas y latinoamericanas que, en las empresas, en el servicio público, en las familias, en las calles, contribuyen con su inmensa dedicación a la construcción de sociedades más justas y solidarias.

La amistad entre Brasil y la Argentina celebra la madurez democrática y la marca de la igualdad de género. Fortalece nuestra estatura y autoridad para que juntos podamos seguir traduciendo en acciones el compromiso común con el desarrollo económico y social, tanto en nuestros propios países como en la región y en el mundo.

En los últimos años, las inversiones recíprocas aumentaron significativamente en sectores como los de minería, siderurgia, autopartes, energía, transportes, textil, calzados, agronegocios y alimentos, además del bancario y el financiero. El comercio bilateral, a su vez, registró un salto significativo: el flujo de comercio pasó de 7 mil millones de dólares en 2002 a cerca de 33 mil millones de dólares en 2010. El comercio entre Brasil y la Argentina no sorprende sólo por su volumen, sino además por su calidad: la mayor parte de los bienes comercializados son manufacturas de alto valor agregado, lo que pone en evidencia una integración cada vez más profunda de cadenas productivas de los dos países.
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En el proceso de integración es instrumental el Mecanismo de Integración y Coordinación Brasil-Argentina (Micba), creado a principios de 2008 para que los propios jefes de Estado pudiesen seguir de cerca de cerca los proyectos prioritarios y emblemáticos de nuestra relación estratégica.

¿Quién habría imaginado, en un pasado no muy distante, que los jefes de Estado de Brasil y la Argentina podrían darles instrucciones a sus agencias nucleares para que desarrollaran conjuntamente un reactor de investigación multipropósito? ¿Quién podría suponer que desarrollaríamos un vehículo militar conjunto para equipar los dos ejércitos o que seríamos capaces de cooperar en áreas tan variadas y de alta tecnología como la construcción de un satélite para la observación de océanos y de la costa, la fabricación de piezas para aviones, la TV digital? Hace tan sólo tres décadas, tampoco habría sido posible poner en marcha estudios para la construcción de hidroeléctricas en la frontera o para mejorar la interconexión vial y ferroviaria entre ambos países. La frontera hoy podría ser más bien descripta como el espacio por excelencia de la integración, la paz, la unión y la amistad.

Brasil y la Argentina son también socios con actuación conjunta en foros internacionales, como las Naciones Unidas y el G-20 financiero y con participación coordinada en operaciones de paz, como la Minustah, en Haití.

La relación bilateral se fortalece diariamente y no dejaremos de ponerla al servicio de la integración y la solidaridad regionales. Estamos empeñados en el perfeccionamiento del Mercosur y en la consolidación de la Unasur.

Si la democracia proporciona el marco general y el estímulo para dar inicio a los esfuerzos de integración bilateral, el compromiso común con la justicia social y con la atenuación de las asimetrías regionales vino a fortalecer la convicción de que los proyectos de desarrollo de cada uno dependen en gran medida del desarrollo de ambos y de la América del Sur en su conjunto.

Hoy, Brasil y la Argentina son presididos por dos mujeres que mantienen el compromiso personal de mejorar la calidad de vida de sus respectivas sociedades, en particular de los menos afortunados. Consolidadas las fases de la construcción de la confianza política y del desarrollo de instrumentos de integración económica, es la hora de fortalecer, en la relación bilateral, la agenda del progreso social. El ciudadano común debe sentirse, cada vez más, como principal beneficiario de los esfuerzos de integración.

Tenemos grandes desafíos, aunque nos inspira la certeza de que, con la unión entre brasileños y argentinos, las oportunidades para la construcción del bienestar de nuestros pueblos son todavía mayores. Bajo el liderazgo de las presidentas Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner, seguiremos caminando juntos y fortaleciendo una sociedad que alcanzó su plena madurez.

El autor es ministro de Relaciones Exteriores de Brasil

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