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Mis primeras palabras son de agradecimiento a la Señora Presidenta de la República por el honor con que me distingue al designarme Ministro de Relaciones Exteriores.

Con entusiasmo anticipo la distinción de servir a la primera mujer que preside Brasil. La elección de una Presidenta es un acontecimiento de importancia intrinseca: es más una expresión concreta de los ideales de justicia, equidad y democracia que nos unen a todos como ciudadanos brasileños. Nuestra Presidenta, Dilma Rousseff, representa honestidad intelectual, espíritu público, valentía para enfrentar desafíos de cualquier tamaño, sensibilidad y humanismo. Para el Itamaraty, representa la seguridad de que Brasil continuará afirmándose como un interlocutor cada vez más escuchado y respetado en el ámbito internacional.       

Querido Embajador Celso Amorim, mi jefe durante tantos años y siempre amigo. Vuestra Excelencia fue y seguirá siendo, para mí y para muchos de nosotros, fuente permanente de estímulo e inspiración. Fue en la gestión de Vuestra Excelencia que Brasil se consolidó, al mismo tiempo, como un país sudamericano de convicción y como un actor de influencia mundial. Su legado será referencia inevitable en nuestra Historia Diplomática. Formulo votos para que, al lado de nuestra querida Ana Maria, sea muy feliz en esta nueva etapa de la vida. Aunque de formas distintas, estoy seguro de que Brasil continuará contando con la fuerza de su intelecto y con su valentía moral.

Para corresponder a la confianza que depositó en mí la Presidenta Dilma Rousseff, dependeré de esfuerzos colectivos, que implicarán necesariamente la valiosa colaboración y dedicación de todos los colegas: funcionarios diplomáticos y administrativos, en la Secretaría de Estado y en los Puestos del exterior.

Aprovecho esta ceremonia de transmisión de cargo para oficializar la invitación al Embajador Ruy Nogueira para asumir la Secretaría General de Relaciones Exteriores. Su vasta experiencia, su profesionalismo, su integridad personal serán particularmente apreciados en este momento en que enfrentamos una agenda externa crecientemente amplia y compleja, y capacitamos al Itamaraty para defender los intereses de un nuevo Brasil. 

Actuaré en estrecha cooperación con el Secretario General, con los Señores Subsecretarios y demás Jefaturas de la Casa para llevar adelante una gestión inclusiva e integradora. Una gestión que continúe valorizando nuestra principal ventaja comparativa, que son los recursos humanos, y que busque valerse de las nuevas tecnologías de la información para modernizar nuestros métodos de trabajo.  

Creo que la elección de un diplomático de carrera para el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores puede ser interpretada como una demostración de respeto por los rangos especializados de este Ministerio y de reconocimiento por nuestro compromiso con el Estado brasileño – un Estado que se coloca cada vez más al servicio de la sociedad como un todo, y de los menos favorecidos en primer lugar.   

Señoras y Señores, estimados colegas,

Orientaremos la acción externa de Brasil preservando las conquistas de los últimos años y construyendo sobre la base sólida de las realizaciones del Gobierno del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva.  

Brasil cambió mucho en relativamente poco tiempo. En un ambiente de libertad de expresión y participación creciente de sectores antes excluidos del proceso político, se logró conciliar el crecimiento económico con distribución de ingresos, en el contexto de la profundización de nuestra democracia. Se lograron avances respecto de los derechos humanos, de la valorización de la ciudadanía, de la modernización de la actividad económica, de la promoción para un desarrollo más justo y ambientalmente sustentable.  

Dejamos atrás el tiempo en que una acumulación de vulnerabilidades nos limitaba el campo de de acción internacional. No subestimamos lo mucho que todavía necesitamos realizar para asegurarle a cada brasileño y brasileña educación y salud de calidad, seguridad y oportunidades dignas de trabajo. Sin embargo adquirimos una autoridad natural para ocuparnos de los grandes debates y procesos decisivos de la agenda internacional – políticos, económicos, comerciales, ambientales, sociales, culturales.        

Es posible afirmar que, entre los polos que configuran una nueva geopolítica de este inicio de siglo, Brasil, con su tradición de paz y tolerancia, se posiciona como un actor que reúne características privilegiadas para la promoción de modelos más inclusivos de desarrollo y para el fortalecimiento de la cooperación entre las naciones por intermedio de mecanismos de gobernabilidad más representativos y legítimos. 

Permaneceremos atentos para evitar que los círculos de decisión que se forman en torno de las principales cuestiones contemporáneas reproduzcan las asimetrías del pasado, ignorando las aspiraciones legítimas de los que no los integran.  El G-20 y otros grupos restrictos solamente conseguirán consolidar su autoridad si permanecen sensibles a los anhelos e intereses de los más de 150 países que no participan de sus reuniones.  

Necesitamos prepararnos para una demanda por más Brasil en todos los temas del frente externo. Disponemos para tal fin de una considerable red de Puestos en el exterior, cuyo ritmo de expansión talvez tenderá a desacelerarse un poco. Aunque precisaremos continuar formando cuadros que nos garanticen un nivel de profundidad reflexiva autónoma y de eficacia operativa compatible con nuestro perfil de actor global.       

Debemos tener presente que, como la séptima economía del mundo, y habiendo implementado un conjunto de políticas económicas y sociales que han producido resultados tangibles, Brasil genera una expectativa natural, en los caminos más diversificados de la cooperación, con países menos desarrollados – en América Latina y el Caribe, en África, en Medio Oriente y en Asia. Nuestra capacitación en términos de prestación de cooperación técnica, de asistencia en la adopción de políticas públicas exitosas o de ayuda humanitaria – no obstante los avances considerables de los últimos años – precisará modernizarse para atender a esa demanda.  

 

Estamos hoy frente a un mundo en que los consensos de otras eras son cada vez más cuestionados y los antiguos formadores de opinión encuentran una creciente dificultad para hacer prevalecer sus ideas.  Las aventuras militares y las prácticas económicas irresponsables que desestabilizaron el orden internacional en los últimos años exigen que cada participante del sistema asuma plenamente su función en el tratamiento de cuestiones que afectan a todos indiscriminadamente. Brasil no se desviará de defender intereses nacionales específicos e inmediatos, como tampoco dejará de afirmar su identidad en función de objetivos sistémicos amplios, vinculados a valores que nos definen como sociedad. Continuaremos privilegiando el diálogo y la diplomacia como método para la solución de tensiones y controversias; defendiendo el respeto al derecho internacional, a la no intervención y al multilateralismo; militando por un mundo libre de armas nucleares; combatiendo el prejuicio, la discriminación y la arbitrariedad; y rechazando el recurso a la coerción sin base en los compromisos que nos hermanan como comunidad internacional.        

Una breve mirada sobre el mundo que nos rodea nos revelará el acierto de las opciones de los últimos años en la promoción de agendas de orden subregional, regional y global que se complementan al mismo tiempo que se amplían – lo cual no impide que busquemos adaptaciones y reconsideremos ciertos énfasis, en función de desarrollos en el plano interno y externo.      

Desde nuestro entorno sudamericano, tendremos a nuestra disposición un MERCOSUR robusto y una UNASUL crecientemente cohesiva. Nos compete a nosotros completar la transformación de América del Sur en un espacio de integración humana, física, económica, donde el diálogo y la concertación política se encargan de preservar la paz y la democracia.  Donde los eslabones que vinimos estableciendo entre nuestras clases políticas, nuestros sectores privados y nuestras sociedades contribuirán para una región cada vez más unida en el propósito de ofrecer mejores condiciones de vida a nuestra gente.  

En esa empresa es central la relación Brasil-Argentina, que vive hoy un momento de plenitud y avanza en un vasto espectro de iniciativas que incluyen áreas como la cooperación en materia espacial y los usos pacíficos de la energía nuclear. Y cada vecino de América del Sur recibirá una atención crecientemente diferenciada. Será tarea de los Gobiernos trabajar más y mejor para cubrir las brechas de conocimiento e interacción que todavía caracterizan a la relación entre los países de la región. Nuestro destino común exige que conozcamos mejor la historia, la demografía, el potencial económico y la cultura unos de los otros – desde la Tierra del Fuego hasta la Isla Margarita. No se hace integración sin diálogo permanente, sin compromiso intelectual y hasta incluso, diría yo, sin emoción e idealismo. En esa dirección necesitamos trabajar.                        

Más allá de América del Sur, el proceso que tuvo origen en la Cumbre América Latina y Caribe de la Costa do Sauípe se consolida en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños – la CELAC. Continuaremos comprometidos con la pauta de cooperación con los países caribeños, teniendo como marco principal la Cumbre Brasil-CARICOM. Nuestro compromiso con Haití, que enfrenta renovados desafíos, se inserta en este contexto.   

La prioridad atribuida a los países vecinos no se dará en detrimento de estrechas relaciones con otros cuadrantes del sur o del mundo desarrollado. Nos interesa intensificar las relaciones con una pluralidad de socios en las esferas del comercio, de las inversiones, del diálogo político, entre muchas otras. En un mundo en el cual todavía no se disiparon totalmente las dicotomías Norte-Sur, la acción diplomática de Brasil puede contribuir a la promoción de relaciones más equilibradas en torno de intereses compartidos. Nuestros propios imperativos de desarrollo económico, social y tecnológico orientarán la búsqueda de asociaciones en una variedad de temas, que incluirán la educación, la innovación, la energía, la agricultura, la productividad industrial, la defensa; sin que descuidemos el medio ambiente, la promoción de los derechos humanos, la cultura, las cuestiones migratorias. 

No enumeraré todas las asociaciones estratégicas ya establecidas ni todos los mecanismos de aproximación interregional desarrollados en los últimos años, bajo la jefatura del Embajador Celso Amorim, que continuaremos cultivando y mejorando. Singularizo el IBAS, por su valor emblemático como “mecanismo puente” entre tres grandes democracias multiétnicas del sur. Agrego que hablé con la Presidenta Dilma respecto de un programa de viajes presidenciales para los próximos meses, que incluirá visitas a los países vecinos y a algunos de nuestros principales socios económicos y comerciales, como Estados Unidos y China.

La Cumbre ASPA, que se realizará en la capital peruana el próximo mes de febrero, constituirá una valiosa oportunidad de contacto de la Presidenta con líderes de América del Sur y del mundo árabe. Me comprometo además a mantener una agenda activa con nuestros socios en África – intensificando nuestra cooperación y nuestro diálogo con el continente hermano.

La presencia en la asunción de la Presidenta Dilma de altos representantes de una variedad de países, varios de los cuales están hoy aquí presentes – sean de nuestra región, de Europa, de África, del Medio Oriente o del Extremo Oriente –, solo puede verse como una manifestación recíproca del interés de Gobiernos de todas partes del mundo y de todos los niveles de desarrollo en fortalecer sus vínculos con Brasil. Con relaciones diplomáticas que se extienden a virtualmente todos los países miembros de las Naciones Unidas, Brasil puede afirmar que practica hoy una diplomacia verdaderamente universal.             

En paralelo a la prioridad regional, a la diversificación inclusiva de asociaciones y al perfeccionamiento de la gobernabilidad global, no podría dejar de mencionar la importancia que continuaremos atribuyendo a las comunidades brasileñas en el exterior. Seguiremos valorizando las actividades consulares y daremos continuidad a las iniciativas pioneras como la del Consejo de Representantes de Brasileños en el Exterior.       

A la par de los progresos ya alcanzados, cabe reconocer que mucho queda por realizar para que Brasil se afirme como el país socialmente justo y democrático con el que soñamos; para que su lugar en el mundo refleje plenamente nuestra vocación para el diálogo y la cooperación. A fin de cuentas, este será siempre un proyecto sin terminar, en el que una generación transfiere para la siguiente sus conquistas y las aspiraciones todavía no realizadas.

Surgirán desafíos en las áreas económica, financiera, comercial, ambiental que exigirán cuidadosa coordinación interna que involucra a diferentes sectores del Gobierno y contactos con el sector privado, gremios, sociedad civil. La preocupación por la competitividad de nuestra industria y por la composición de nuestra pauta exportadora requerirá de estrategias capaces de ofrecer oportunidades para conciliar intereses ofensivos y defensivos.

Mantendremos contacto con la presidencia francesa del G-20 Financiero y otros interlocutores, entre los cuales están los BRICS, para asegurar un ambiente propicio para la sustentabilidad de la recuperación económica y opuesta a las presiones proteccionistas. Con el mismo objetivo trabajaremos por resultados ambiciosos y equilibrados en las negociaciones de la Rodada de Doha. 

Señoras y Señores,

Me comprometo a hacer lo necesario para desarrollar una comunicación abarcativa de las diferentes carteras del Ejecutivo con las cuales no podemos dejar de trabajar en sintonía, como Justicia, Defensa, Industria y Comercio, Hacienda, Derechos Humanos, Medio Ambiente, entre otras. Lo mismo con relación al Legislativo y al Judicial y, en sentido amplio, a la sociedad civil, a la comunidad empresarial, al ciudadano común. Me gustaría ver al Itamaraty en contacto con todos los Estados de la Federación. En verdad, la política externa sirve a todas las esferas gubernamentales y a todas las regiones del país. Por esa misma razón, no debemos ser tímidos al postular la asignación de recursos adecuados para llevar adelante nuestro trabajo.

Es importante decir también que debemos hacer llegar a la opinión pública, en cada circunstancia específica, explicaciones sobre cómo encaramos el mundo y cual es el espíritu con el que interactuamos con él. De este modo contribuiremos al debate abierto y honesto que deseamos continuar promoviendo sobre nuestra política externa.

Señoras y Señores Embajadores, queridos colegas, amigos, todos,

Tenemos mucho trabajo por delante, en muchos frentes. Pero heredamos un país en excelentes condiciones económicas y políticas; disponemos de una cancillería que inspira respeto en todo el mundo; nos beneficiamos de un período de liderazgo particularmente inspirado y creativo. Sin minimizar los desafíos del futuro, quiero asegurarles que dedicaré mi energía física y mental, el compromiso de una vida entera dedicada a la diplomacia y algún conocimiento y buen humor que habré adquirido en la convivencia con mi mujer, Tania, y con mis hijos, Miguel y Thomas, para contribuir con un Brasil, una América del Sur y un mundo cada vez más prósperos, justos y democráticos.      

Muchas gracias.

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